La historia de un dedo de hace 80.00 años

La historia de esta joven siberiana no la contó ella. En verdad, murió hace más de 80.000 años por razón desconocida. La historia la contó un dedo, que junto con dos dientes, fueron los únicos restos que quedaron para la posteridad.

Mediante una sofisticada técnica, científicos secuenciaron el genoma de esa niña logrando una secuencia tan completa que parece un retrato de ese antiguo genoma como es el de una persona de hoy, revelando por ejemplo el color de su cabello, de sus ojos y de su piel.

La chica murió en lo que hoy se conoce como la caverna de Denisova.

El genoma revela pocos cambios con respecto al de los humanos actuales. El pueblo de esa joven era pariente cercano de los Neandertales.

Pese a que solo un dedo cuenta cómo eran esas personas en aquellos remotos tiempos, este genoma permite decir que son los exponentes antiguos mejor estudiados hasta ahora.

Los denisovanos, como nosotros hoy, poseían 23 pares de cromosomas, no 24 como los chimpancés. Al comparar los dos genomas y contra las mutaciones, se estableció que los denisovanos y los humanos modernos se dividieron hace 700.000 a 170.000 años.

Se estableció además, al estudiar la edad de genes, que se trataba de un grupo no grande, a diferencia de los humanos modernos, que se habían doblado en número antes de salir de África.

David Reich, uno de los científicos y coautor del artículo, dijo que los datos sugieren que la joven murió hace 80.000 años aproximadamente, mucho antes que los 50.000 que se había creído por la capa geológica donde se hallaron los restos.

Se pudo comprobar además que cerca del 3% del genoma de los actuales habitantes de Papua Nueva Guinea proviene de los denisovanos, lo que sugiere que algunos machos se aparearon con hembras humanas modernas o que se debe a la selección natural de algunos de los cromosomas X.

Svante Pääbo, paleontólogo del Max Planck Institute y cabeza del estudio, reveló que las diferencias entre denisovanos y modernos incluyen 111.812 nucleótidos que cambiaron en los últimos 100.000 años. De ellos, 8 son genes de la conexión del sistema nervioso. Y 34 genes están asociados con enfermedad en humanos.

El estudio aparece publicado en Science.

Foto del molar de la joven denisovana. Uno de los 2 dientes hallados junto con un pequeño hueso de un dedo.  Cortesía Max Planck Institute

Secuencian genoma de un humano arcaico

Tanta curiosidad y tanto por aprender que no resulta difícil preguntarse cómo eran los primeros humanos. Y una de las respuestas proviene de un pedazo de dedo.

Ese fragmento, hallado en la caverna Denisova en el sur de Siberia, permitió secuenciar el genoma de esos parientes humanos que vivieron hace varias decenas de miles de años. Solo con 10 miligramos del hueso del dedo el equipo del experto Savante Pääbo lograron la secuencia en el Max Planck Institute en Leipzig, Alemania.

Aunque en 2010 publicaron la versión inicial del genoma, no tenía la resolución suficiente para estudiar la evolución de partes específicas del genoma.

Sí permitía, en cambio, establecer la relación entre Neandertales y denisovanos y con los humanos modernos.

Los denisovanos, una especie nueva de Homos clasificada así tras el hallazgo de los restos en aquella caverna, vivieron de hace 1 millón de años hasta hace cerca de 40.000 en áreas en las que también vivieron Neandertales y Homo sapiens.

Se cree que su origen se dio en una migración distinta a las de aquellos dos.

Ahora se publicó la versión completa del genoma, puesta a disposición de la comunidad científica. “El genoma es de alta calidad”, según Mathias Meyer, quien desarrolló las técnicas para el trabajo.

Es la primera secuencia completa que se hace del genoma de un grupo humano arcaico, un paso al estudio de diversos grupos extinguidos hoy.

Se espera que los biólogos y otros científicos puedan descubrir con este genoma los cambios genéticos que fueron importantes para el desarrollo de la cultura humana moderna y su tecnología, y que les permitió a los humanos modernos salir de África para diseminarse por todo el planeta desde hace cerca de 100.000 años.

Foto cortesía Max Planck Institute: aspecto de la caverna donde fue hallado el fósil.

La mano será una pantalla

Si desea responder un correo electrónico, tóquese la mano, o la pierna… o bueno, toque la pared.

No se ha preguntado si las pantallas táctiles son tan versátiles, ¿por qué parecen limitadas a los celulares inteligentes y las tabletas?

Investigadores han venido trabajando durante años en formas de extender esas pantallas táctiles a diferentes superficies y un proyecto llamado Omni Touch, de Microsoft Research y un estudiante de doctorado en interacción humanos-computador en el Carnegie Mellon Institute, podría hacer ese sueño realidad.

Omni Touch convierte partes del cuerpo y superficies cercanas en interfases táctiles. Los usuarios pueden leer y responder un e-mail tocando sus manos o una pared o incluso usar múltiples aplicaciones a la vez en distintas superficies.

Los resultados de un estudio sugieren que “nuestro prototipo de sistema se acerca a la precisión de pantallas táctiles convencionales en superficies arbitrarias”, dijeron los investigadores.

El proyecto lo lideran el estudiante Chris Harrison y los investigadores de Microsoft, Hrvoje Benko y Andrew Wilson. “Queríamos capitalizar la tremenda área superficial que el mundo real provee”, dijo Benko en un artículo en Microsoft. “El área superficial de una sola mano excede la típica de un smartphone. Las mesas son más grandes que una tableta de computador”.

Omni Touch requiere apenas un dispositivo colocado en la espalda, sin nada en brazos ni manos. Consiste en una cámara de alta sensibilidad y un láser basado en un pico-proyector. Está unido a una mesa de computador, en su estado de prototipo, de modo que no es portátil del todo.

El sistema genera un mapa de profundidad de una escena y aísla los dedos de la superficie táctil, generando pocos falsos positivos.

El sistema detecta la proximidad y decide si un dedo está tocando la superficie si está lo suficientemente cerca para constituir un contacto.

El dedo requiere cierto ángulo.

Fuente: Ars Technica.

Foto cortesía Microsoft

Resuelto el misterio: ¿cómo salta una pulga?

Salta hasta 200 veces su tamaño y alcanza una velocidad de 1,9 metros por segundo, aunque sólo mide menos de 1,8 milímetros. Uno de los animales mejor dotados para el salto.

Tirana de perros, gatos y muchos otros animales, había mantenido su secreto bien guardado. Y aunque pudiera parecer asunto loco, tras 44 años de dudas, científicos lograron descifrar el salto de la pulga.

Fue en 1967 cuando Henry Bennet-Clark descubrió que las pulgas almacenaban en una especie de cojincito la energía requerida para catapultarse en el aire, un cojín hecho de la elástica, por decirle así, proteína resilina.

Pero la gran pregunta no quedó resuelta: ¿cómo lograban liberar esta explosiva energía

Mediante un equipo de grabación de alta velocidad y con modelos matemáticos sofisticados, Malcolm Burrows y Gregory Sutton, probaron que las pulgas usan la punta de sus dedos para empujarse a través del aire, hallazgo reportado en el Journal of Experimental Biology.

El grupo pudo filmar 51 saltos de 10 pulgas, luego de entender que permanecen quietas en la oscuridad y saltan en la luz.

En la mayoría de los saltos. Dos partes de la pata, el tarso (dedo) y el trocanter (rodilla) estaban en contacto con el piso para el empujón, pero en 10 por ciento de los saltos no usaron su rodilla. O no era necesario o tenían dos mecanismos para impulsarse.

Al analizar las películas, los cinéticos pudieron ver que los insectos continuaron acelerando durante el impulso, aún cuando el trocanter no estaba empujando. Los que saltaban sin usar su rodilla aceleraban de la misma manera como los que empleaban tarso y rodilla. Cuando miraron la pata con un microscopio electrónico, la tibia y el tarso estaban equipados con garras para asirse, mientras que la rodilla era lisa.

O sea, no todas saltan de la misma manera, aunque en la mayoría de los casos, la rodilla comenzaba en el piso pero se levantaba unos 0,6 milisegundos antes del salto, antes de alcanzar la máxima aceleración del cuerpo.

Un estudio nada fácil, pues estos animalitos de apenas 0,7 miligramos de peso, debían ser incitados a saltar, bien con el suave toque de un cepillo o con el cambio de iluminación.