Dinero que se pierde dañando la tierra

La mayor parte de la tierra agrícola está degradada. Foto Julio César Herrera

Para los que todo lo miran desde el punto de vista económico: un nuevo informe reveló que cada año se pierden de US$ 6,3 a 10,6 billones por la degradación de la tierra en el planeta, del 10 al 15% del producto global.

La situación es mucho más preocupante al considerar que esa situación hará que en los próximos 10 años cerca de 50 millones de personas deban desplazarse en busca de nuevos hogares.

Si se revertiera la situación se evitaría esa crisis humanitaria y se ganarían US$ 75 billones de ingreso global anual según el informe The Value of Land, producido por The Economics of Land Degradation Initiative.

El informe fue elaborado con ayuda de la Universidad de Naciones Unidas y otras organizaciones.

Cerca del 52% de la tierra agrícola está moderada o severamente degradada, pero el problema va más allá de la agricultura.

El suelo es el segundo sumidero de carbono del planeta luego de los océanos y los cambios en usos del suelo son la segunda mayor fuerza de emisiones de gases de invernadero.

“El manejo adecuado de la agricultura y el bosque están entre las acciones más baratas para reducir el calentamiento global y la mayoría de esas acciones tienen costo neutro o tienen un beneficio neto para la sociedad y no requieren mucha inversión de capital”, según el reporte.

Los estudios nacionales confirman que el valor de los servicios de los ecosistemas y los beneficios exceden de lejos el costo de prevenir la degradación de la tierra o el costo de la recuperación en la mayoría de casos.

Algunos datos del reporte muestran esto:

-Los cambios de cobertura del suelo en 2000 responden por la mitad del 75% del valor de los servicios de ecosistemas perdidos.

-El valor de servicios ecosistémicos perdidos por degradación del suelo van de US$ 43.000 a US$72.000 por kilómetro cuadrado, unos US$870 a US$ 1.450 por persona globalmente cada año.

-Cada año se requiere una inversión de US$ 30.000 millones para alimentar la creciente población mundial.

-El porcentaje de tierra golpeada por sequía severa se duplicó de los años 70 a comienzos de los 2000.

-Un tercio del planeta es vulnerable a la degradación de tierra; y un tercio de África está amenazado por la desertización.

Especial fin de semana: ¿dicen la verdad los plásticos biodegradables?

Si hay algún símbolo del atropello ambiental del ser humano, ese es el plástico, las bolsas plásticas.

Se les encuentra por doquier y, en nuestro medio, adornan las orillas de los ríos y son manchas blancas o coloridas en el paisaje urbano.

En un afán para resolver el problema, se crearon las bolsas de plástico biodegradables y así se han vendido.

¿Pero lo son? Literatura científica reciente parece controvertir lo que muchos, entre ellos la industria y el comercio, aceptan ya como verdad. Esto, sin considerar otros reportes sobre el agravamiento del problema ambiental debido a la acción de los plásticos degradables.

Pero vamos por partes. El polietileno es uno de los materiales de más uso en el mundo y las bolsas han sido un impacto ambiental serio. Y a medida que aumenta su uso y su disposición final, ha aumentado el uso de las llamadas formas degradables.

Adicionar metales de transición como hierro y cobalto puede promover la oxidación de los polímeros etilenos. Así, la degradabilidad o biodegrabilidad de esos materiales se proclama en las mismas bolsas y en empaques de alimentos.

Una revisión extensa de investigaciones, publicada en Environmental Science & Technology advierte que no existen evidencias de que los polietilenos degradables sean todo lo que se dice.

Es verdad que las bolsas se descomponen en partes en el ambiente, pero los fragmentos pueden persistir por largo tiempo y no existen estudios de largo plazo sobre esas piezas. Así, hay productos que son descritos como biodegradables sin referencia alguna a la escala de tiempo que les toma estar completamente degradados.

“Hay una tremenda cantidad de papers sobre el polietileno degradable, pero ninguno en verdad ha mostrado una alta degradación”, dijo a Nature Ann-Christine Albertsson, investigadora de polímeros en el Swedish Royal Institute of Technology en Estocolmo y autora principal de la revisión.

“Claro que se degradan en cierta forma, van perdiendo parte de sus propiedades; pero si usted se refiere a que eso sea positivo para la naturaleza, no ha sido demostrado”.

Países en desarrollo como China están comenzando a usar ese polietileno que llaman degradable, agregó Albertsson. Las autoridades indias tienen interés en el tema. Aunque algunos países están intentando pasarse a los productos genuinamente degradables, basados en polilactida, esta aún es cara. Y los productos con base en papel no son una alternativa viable porque implica la tala de árboles.

Noreen Thomas, investigadora de materiales en Loughborough University en el Reino Unido, fue una de los autores del reporte de 2010 para el Departamento de Asuntos Ambientales, de Alimentos y Rurales referente a los plásticos oxo-degradables, que principalmente son polietilenos pero también incluyen algunos tipos de polipropilenos.

La rapidez de la degradación en fragmentos depende mucho del calor y la exposición a la luz, por ende del sitio donde termina el plástico. El informe sugiere que los fragmentos oxo-degradables podrían hacerse pequeños en un lapso de dos a cinco años. La biodegradación de esos pequeños fragmentos se da muy lentamente.

“Nuestra conclusión fue que no hay beneficios para el ambiente de los plásticos oxo-degradables”, dijo Thomas a Nature.

Tales plástico no pueden ir al compostaje dado que los pedazos arruinarán el compost y tampoco pueden ser incorporados al reciclaje tradicional de plásticos dado que los mismos aditivos que alientan el resquebrajamiento en pedazos degradarán el material reciclado.

Lo que hay que hacer, sugiere el informe, es quemarlos.

Esas opciones hacen que los plásticos oxo-degradables sean irrelevantes.

Casi a la par con estos estudios, desde North Carolina State University se publicó un estudio en el cual se concluye que los llamados productos biodegradables estarían haciendo más mal que bien al liberar un potente gas de invernadero durante su descomposición: el metano.

“Los materiales biodegradables, como los vasos y utensilios desechables, se descomponen en los rellenos por la acción de microorganismos que entonces producen metano”, informó Morton Barlaz, coautor del reporte científico.

En Estados Unidos, por ejemplo, la Agencia Ambiental (EPA) estima que apenas 35 por ciento de los desperdicios sólidos municipales van a rellenos que capturan metano para uso energético. Otro 34 por ciento llegan a rellenos que lo capturan y queman en sitio, mientras que 31 permite que el metano escape.

“En otras palabras: los productos biodegradables no son necesariamente amigables con el ambiente cuando se llevan a los rellenos”.

Le problema crece por la tasa a la que se descomponen esos productos, por lo que una parte del metano producido no es quemado. Para los investigadores, mientras más lento se descomponga el material mejor por las regulaciones en ese país para la quema del metano.

El estudio también fue publicado en Environmental Science & Technology.

¿Entonces qué? Tal vez, por ahora, no haya mejor opción que una bolsa plástica biodegradable aunque esto último parezca ser más un producto de la galopante publicidad industrial para vender a como de lugar.