Se nos subió la presión

Foto Pixabay

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El mundo está que estalla y no es por la cantidad de guerras que padece. Está que estalla porque en los pasados 40 años aumentó de manera significativa el número de personas que viven con presión sanguínea alta: no son 594 millones como en 1975, son 1100 millones hoy.

El mayor aumento se dio en países de ingresos bajos y medios, porque países de alto nivel como Australia y Japón han visto reducir su número.

Eso dice un estudio publicado en The Lancet.

La presión sistólica (el primer número) mayor de 140 mmHg y diastólica (el segundo) mayor de 90 se usan para diagnosticar la presión alta. Estudios recientes sugieren que el riesgo de muerte por enfermedad isquémica del corazón o derrame se duplica por cada 20 mmHg de aumento en la sistólica y 10 en la diastólica en la edad media y adulta de la vida.

La hipertensión es el factor líder del riesgo de esas condiciones y meta alrededor de 7,5 millones de personas en el mundo cada año, la mayoría en el mundo en desarrollo, según el profesor Majid Ezzati del Imperial College London, en el Reino Unido, primer autor del estudio.

El problema es global, no solo del mundo occidental como lo era y algunos países muestran que sí es posible reducir la incidencia, según el investigador, para quien la meta de la Organización Mundial de la Salud de reducir la prevalencia de la hipertensión 25% a 2025, podría no lograrse a menos que los países tomen drásticas acciones con las dietas, en particular con la sal, e ingiriendo más cantidad de frutas y verduras.

El nuevo estudio se basó en 1479 estudios de población comprendiendo 19,1 millones de hombres y mujeres de 18 y más años de 200 países.

En la mayoría de las regiones, se encontró, los hombres tienen pensión más alta que las mujeres.

Tener 72 años es como tener 30 en la antigüedad

A pesar de lo que digan las revistas de moda, 40 no son los nuevos 30. Un nuevo estudio precisó que los humanos viven hoy mucho más en comparación con el resto de la historia humana, que la probabilidad de morir a los 72 es similar a la que probablemente enfrentaban nuestros ancestros a los 30 años.

Este aumento es más bien reciente, de los últimos 150 años. Y créase o no, no tiene que ver con aguantar hambre, con las dietas y menos con los genes. Tampoco las drogas antiedad que se aplican algunas pero revejidas celebridades.

El aumento en la longevidad se debe probablemente a la eliminación de peligros ambientales que enfrentaron los Homo sapiens, reveló un antropólogo evolutivo y colegas en Proceedings of the National Academy of Sciences-PNAS.

Las medidas de sanidad que permitieron hacer potable el agua, el acceso regular a alimentos, más los antibióticos y las vacunas parecen ser combatientes de primera fila contra la muerte.

“Es llamativo”, indica Ronald Lee, economista de la Universidad de California en Berkeley, especializado en demografía y envejecimiento. “Pensamos que los humanos son una especie de vida larga. Esto crea la pregunta de cuán lejos podemos llegar”. Lee, citado por ScienceNews, no participó en el estudio.

Oskar Burger y su grupo querían estudiar la longevidad humana en un contexto evolutivo, por lo que analizaron datos de chimpancés, sociedades de cazadores en partes de África y Suramérica y las cifras de la base de datos de mortalidad en Japón, Francia y Suecia.

Los datos revelan una constante y gradual caída en la probabilidad de morir relativamente joven que comienza un poco antes de 1900 para los franceses y los suecos. Pero la mortalidad para los cazadores-recolectores permanece cerca a la de los chimpancés que a la de las sociedades occidentales. Pero cuando analizaron cazadores-recolectores que recibían alguna medicina occidental y ocasionales ayudas con alimentos, la mortalidad en esos grupos disminuyó, ampliando la distancia con los chimpancés, llevándolos a números cercanos a los franceses y suecos de antes de 1900.

“Es sorprendente lo que el agua limpia y un poco de comida extra hacen”, dijo Burger, miembro del Max Planck Institute for Demographic Research en Rostock, Alemania.

Un cazador-recolector tiene la misma probabilidad de muerte como un japonés que tenga 72. A los 15 años, un cazador tiene un 1,3% chance de morir en el año siguiente. Para los suecos esa probabilidad es a los 69.

El estudio encontró, por sorpresa, que hay campo para mejorar y que el límite superior para vivir saludablemente aún puede ser obtenido. La teoría del envejecimiento sugiere que la maquinaria biológica debería resquebrajarse una vez la persona pasa la edad de reproducción y cuidado de los jóvenes. Por alguna razón, los humanos se han convertido en excepcionales para eludir esa situación.

Y los investigadores pueden ser aún capaces de extender la duración de la vida con investigaciones sobre los interruptores celulares y los genes que extienden la vida de gusanos y roedores en laboratorio.

Los cuervos no sacan los ojos, sino las larvas

Como las tenemos ahí a la mano, no pensamos en ello. Desarrollar la capacidad de elaborar herramientas es todo un suceso para la especie que lo logra. Eso ayudó, indudablemente, a la transformación de los humanos. Hoy no podemos vivir sin ellas. Tenemos tantas que si cayéramos en una isla desierta sin ninguna, seríamos unos inútiles.

Los cuervos de Nueva Caledonia utilizan palos para sacar la larva de escarabajos de los troncos de árboles podridos.

Les toma mucho tiempo y práctica, pero la recompensa es el alto contenido nutricional de las larvas, reportaron científicos en un artículo en Science.

El uso de herramientas no es común en el mundo animal y sus orígenes evolutivos han sido difíciles de estudiar. Por eso, investigadores se han interesado en los cuervos salvajes de Nueva Caledonia en el Pacífico Sur. Estudios previos habían mostrado que este tipo de uso de herramientas es la manera principal con la que tienen acceso a las larvas, lo cual requiere una habilidad considerable que las aves jóvenes deben adquirir, y que lleva tiempo, incluso para las adultas, adeptas a ellas.

Christian Rutz y colegas investigaron los beneficios de utilizar herramientas al analizar cómo contribuyeron es larvas a las dietas individuales de los cuervos. Con datos isotópicos de las plumas y la sangre de los cuervos salvajes, estimaron cuánto dependían de la búsqueda asistida por herramientas. Y con un modelo estimaron qué tanta energía les proporcionaron estas.

Los resultados muestran que tan solo unas cuantas larvas pueden satisfacer los requerimientos de energía diarios, subrayando las recompensas disponibles para hábiles usuarios de herramientas y sus crías.

La foto cortesía Science.