Halos galácticos muestran su cara

Halo combinado de todas las galaxias y en el centro la NGC 5775. Foto ayanne English (U. Manitoba), with support from Judith Irwin and Theresa Wiegert (Queen’s U.) for the CHANG-ES consortium; NRAO/AUI/NSF; NASA/STScI: Theresa Wiegert, Judith Irwin and the CHANG-ES consortium)

Como que no se ven a veces, pero ahí están. Un nuevo estudio reveló que los halos de rayos cósmicos y campos magnéticos abajo y debajo de las galaxias espirales son muy comunes. Más de lo pensado.

Un grupo internacional de astrónomos usó el VLA para estudiar 35 galaxias espirales a distancias de 11 a 137 millones de años de la Tierra. Un proyecto que se valió de la capacidad del VLA para detectar emisiones de radio más débiles de lo que se podía hasta ahora.

“Sabíamos que los halos existían, pero con las nuevas técnicas hallamos que son mucho más comunes entre galaxias espirales de lo que creíamos”, dijo Judith Irwin, de Queen’s University en Canadá, líder del proyecto.

Esta clase de galaxias, como nuestra Vía Láctea, tienen la gran mayoría de estrellas, gas y polvo en el disco aplanado con brazos espirales. La mayoría de la luz y ondas de radio vistas con telescopios provienen de objetos en el disco. Ha sido difícil conocer mucho de las zonas abajo y arriba.

“Estudiar los halos con radiotelescopios no proporciona valiosa información acerca del rango del fenómeno, incluyendo la tasa de formación estelar dentro del disco, los vientos de estrellas que explotan, y la naturaleza y origen de los campos magnéticos galácticos”, según Theresa Wiegert, también de Queen’s y cabeza del artículo publicado en el Astronomical Journal.

Para ver cómo es el halo promedio, se escalaron las imágenes de todas las galaxias y luego Jayanne English, de University of Manitoba en Canadá las combinó en una sola y espectacular imagen, mostrando que los rayos cósmicos y campos magnéticos no solo permean el disco sino que se extienden arriba y abajo de la galaxia.

Pillan estrella comelona

Lo que no es permitido en Tierra, en el espacio infinito puede ser común.
Joel Kastner, profesor del Rochester Institute of Technology, encontró evidencias de que una estrella variable en la constelación Piscis, BP Piscis, no es la joven que aparente y todos creían, sino una vieja gigante roja de mil millones de años de edad que se ha comido una estrella en la vecindad. O un planeta.
En otras palabras: pilló esa estrella que se acaba de comer una compañera, con lo que se posibilita la formación de planetas de segunda generación. Aparece en verdad rodeada por un disco de polvo sin especificar. Ilsutración cortesía CXC-M. Weiss.
Para deducir la edad y descartar que se trate de una alocada joven, se basó, junto a Ben Zuckerman, en tres pequeños detalles:
Está sola y la mayoría de estrellas jóvenes no nacen solas. No tiene litio, que sí poseen las estrellas jóvenes. Y la emisión de rayos X sugiere que rota muy rápido, lo cual es, en términos estelares, señal de senectud.
La estrella estás ingresando en la fase de gigante roja, la última de su existencia antes de morir. Para Joel, la captaron justo tras haberse engullido la compañera: el material de esta cayó hacia BP y parte fue expulsado en potentes chorros.
Para corroborar la hipótesis, se estudiará en infrarrojo el polvo alrededor para ver si está dando lugar a la formación de algún planeta.