La estrategia del pez

Damiselas en el arrecife. Foto Oona Lönnstedt

Todo se vale, más cuando uno… está siendo devorado.

Eso hace la pequeña damisela, un pequeño pez marino del que se sabía ya que cuando es capturado por un depredador, al ser mordido libera una sustancia que alerta a los demás peces para que escapen. ¿Eso es todo?

No. Esa sustancia aumenta sus posibilidades de sobrevivir. “Por décadas los científicos han debatido acerca del origen evolutivo de las señales químicas de alarma en los peces”, comentó Oona Lönnstedt, una de las investigadoras. Ahora hay una respuesta.

Los científicos encontraron que la sustancia que suelta la damisela atrae otros depredadores al sitio del suceso.

“Las alarmas químicas en peces parecen funcionar de modo similar a los chillidos y sonidos de distrés que emiten aves y mamíferos tras ser capturados”, explicó Mark McCormick, coautor del estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B.

Cuando liberan el químico las damiselas en la barrera de coral donde viven, cantidades de depredadores adicionales son atraídos al área. Y aunque eso parecería aumentar los problemas para la damisela, se encontró que los nuevos depredadores interfieren con el evento inicial, permitiendo a la presa tener una chance de escapar.

Los que acuden tratan de robar la presa y en la conmoción esta tiene más oportunidades de escapar y esconderse.

Cuando son capturadas por un pez, tienen poca posibilidad de sobrevivir, pero al acudir otros peces las chances son del 40% reportaron los investigadores.

Eso probaría que las alarmas químicas beneficia al emisor dándole más oportunidad de no terminar como una apetitosa comida.

Para los autores, el hallazgo es el primero en demostrar un mecanismo evolutivo por el cual un pez se beneficia de la producción y liberación de señales químicas.

La vida en el arrecife no es fácil.

Religión y pacientes con cáncer: ¿ayuda?

La espiritualidad y la religión están fuertemente asociadas a la salud de pacientes con cáncer, pero se relacionan de manera diferente según la dimensión de esa espiritualidad y religiosidad.

Eso halló un estudio publicado en Cancer, que analizó numerosas investigaciones realizadas que incluían más de 44.000 pacientes.

En el primer análisis los investigadores se enfocaron en la salud física. Aquellos pacientes que tenían una gran religiosidad y espiritualidad reportaban mejor salud física, mayor capacidad para desempeñar sus tareas diarias y menos síntomas derivados del tratamiento. “Esas relaciones eran fuertes en pacientes que experimentaban aspectos más fuertes de la religión y la espiritualidad, incluyendo un sentido de significado y propósito de la vida así como una conexión con una fuente más grande que uno”, según el autor principal Heather Jim. Explicó que quienes reportaron mayor conocimiento de la religión y la espiritualidad, como la capacidad de integrar el cáncer en sus creencias, reportaban mejor salud; sin embargo la salud física no se relacionaba con aspectos de la religión y la espiritualidad como la oración, asistencia a cultos o meditación.

En un segundo análisis, sobre salud mental, se encontró que los aspectos emocionales de la religión y la espiritualidad estaban más asociados fuertemente con una salud mental positiva que los aspectos de conocimiento o comportamiento de la religión. “El bienestar espiritual estaba asociado con menos ansiedad, depresión o distrés”, dijo John Salsman, otro investigador.

En un tercer análisis sobre la salud social o la capacidad de los pacientes de mantener roles sociales y relaciones en su enfermedad, la religión y la espiritualidad tenían vínculos modestos pero confiables con la salud social. Era más fuerte en que quienes tenían mayor bienestar espiritual y creían en un dios benigno o tenían creencias fuertes.

Cómo tratar a un jefe gritón

En vez humillarse ante un jefe agresivo, la mejor manera es responderle  agresivamente pero en silencio.

Eso, contrario a lo que podría pensarse, determinó un estudio publicado en Personnel Psychology.

Retornar la hostilidad sirve, pero hay que ver qué tipo de hostilidad.

Los empleados se sienten menos víctimas cuando toman retaliaciones contra los malos jefes y por ende sienten menos distrés sicológico, más satisfacción con el trabajo y más compromiso con el empleador.

“Antes de este estudio, pensaba que que no había modo de que los empleados tomaran retaliaciones contra sus jefes, pero eso no fue lo que hallamos”, dijo Bennett Tepper profesor de Manejo y Recursos Humanos en la escuela de negocios de Ohio State University.

“La mejor situación es cuando no hay hostilidad. Pero si su jefe es hostil, parece benéfico ser recíproco. Los empleados se sienten mejor consigo mismo dado que no se sientan y reciben la ofensa”.

Los jefes hostiles son los que gritan, ridiculizan e intimidan a sus trabajadores.

Los empleados pueden retornar la hostilidad ignorándolo, actuando como si no supieran de que habla el jefe y haciendo su trabajo con dedicación.

“Esas son cosas que no les gustan a los jefes y que caben en la definición de hostilidad, pero en una forma agresión pasiva”, dijo Tepper.

Eso sí, “espero que no tenga muchos empleados gritándoles a sus jefes”.