La otra historia de Don Quijote

Sorpresas te da el espacio. Y allí, muy cerca de la Tierra encontraron a Don Quijote, que tenía la personalidad trocada.

Sí, resulta que Don Quijote es un objeto cercano a la Tierra, un asteroide, o al menos eso era lo que se creía desde hace 30 años. Denominado 3552 Don Quijote, es el tercer mayor objeto cercano y un equipo encabezado por Joshua Emery, de la Universidad de Tennessee, Knoxville, hizo un descubrimiento del que algunos sospechaban.

Don Quijote tenía una doble personalidad. Es que se le consideraba asteroide pero en verdad es un… cometa.

Se estima que un 5 por ciento de los objetos cercanos son cometas muertos que han perdido todo el agua y el dióxido de carbono en la forma de hielo que le da su coma (una de las partes del cometa, esa nube que rodea al núcleo) y la cola.

El equipo halló que Don Quijote no es ni lo uno ni lo otro. Es un cometa aún activo, posiblemente con hielo de agua y no solo rocas.

“Siempre ha sido considerado como algo extraño”, dijo Emery. “Su órbita lo trae cerca a la Tierra, pero también más allá de Júpiter. Tal órbita es similar a la de un cometa, no a la de un asteroide, que tiende a ser más circular, por lo que pensaban que había perdido sus depósitos de agua”.

Mediante el telescopio espacial Spitzer de la Nasa, examinaron de Nuevo fotografías de Don Quijote en 2009 cuando estaba en el punto más cercano al Sol y encontraron que tenía un coma y una cola débil.

Emery también reexamine imágenes de 2004 cuando estaba en su punto más lejano al Sol y determine que su superficie está compuesta de polvo de silicato, similar al polvo del cometa. También determine que Don Quijote no tenía coma ni cola a esa distancia, lo cual es común en estos objetos porque requieren la radiación solar para formar el coma y las partículas solares cargadas para formar la cola. Y también precisaron el tamaño y la escasa reflectividad de su superficie.

Don Quijote es otro ahora.

Los grillos dan la vida por su amada

Dar la vida por el ser amado no parece común hoy en un mundo en el que quizás el último de los caballeros fue Don Quijote. No entre humanos, pero quizás sí existe entre los insectos.

Cuando una pareja de grillos anda al descubierto, el macho permitirá que la hembra tenga prioridad en el acceso a su cueva, aún si esa acción incrementa de manera dramática el propio riesgo de ser comido.

Esto fue lo que se detectó mediante observaciones de video en infrarrojo en una población de grillos de campo (Gryllus campestris), se reportó en el journal Current Biology.

“Quizás muchos piensen que el comportamiento desinteresado es exclusivo de los humanos o de los mamíferos más cercanos, ligándolo con educación, inteligencia o afecto”, explicó Rolando Rodríguez-Muñoz, de la Universidad de Exeter.

“Demostramos que aún los machos de los insectos pequeños, que no definiríamos como inteligentes ni afectivos, pueden ser desinteresados o protectores con sus parejas. Tal vez aporte una luz en el hecho de que aparentemente los actos de desprendimiento y generosidad pueden tener otros motivos. ¿Tiró Sir Walter Raleigh su capa en el pantano en frente de la Reina Isabel, sólo porque era un buen chico? No creo”.

Los resultados son contrarios a la interpretación usual de la vigilancia del macho como intento para manipular las hembras y evitar que se apareen con rivales.

Los grillos de esta historia son recompensados por su comportamiento arriesgado, pues al extender el tiempo con la hembra obtienen más descendientes.

Rodríguez-Muñoz, Amanda Bretman y Tom Tregenza miraban qué sucede en el medio natural durante la vida de los grillos, Encontraron que hembras y machos padecen por igual la depredación, pero cuando una pareja es atacada, las chances de supervivencia de la hembra aumentan mientras se reducen las del macho. En compensación por el riesgo mayor, los machos emparejados se aparean con mayor frecuencia y tienen más descendientes.

Ante la amenaza “parece que los machos esperan en realidad a que la hembra se cubra en la cueva antes de resguardarse ellos”, dijo Tregenza.