Más gases atacan la capa de ozono

Agujero sobre la Antártida, cortesía Nasa

La capa de ozono no está tranquila. No puede estarlo porque aunque hace más de 25 años se prohibió el uso de sustancias que la dañan se descubrieron otros químicos que se están acumulando en la atmósfera pese a las restricciones.

En 1987 los clorofluorocarburos (CFC) fueron prohibidos en el llamado Protocolo de Montreal por comprobarse su efecto nocivo sobre esa capa, el escudo protector de la Tierra contra los rayos ultravioleta del Sol.

La mayoría de esos gases han venido a la baja, pero el CFC-113 parece que no ha dejado de acumularse desde 1960. Y entre 2010 y 2012 emisiones del gas subieron un 45%.

Este es uno de los 4 químicos de origen humano descubiertos en la atmósfera por un grupo de la Universidad de East Anglia.

Incluyen dos CFC más y un hidroclorofluorocarburo (HCFC) que afecta la capa en menor grado. Pero de todos el CFC-113 es el único cuya abundancia en la atmósfera no ha dejado de crecer.

Fue en los 80 cuando científicos británicos del programa en la Antártida descubrieron un enorme agujero en la capa sobre el Polo Sur. Se forma durante la primavera austral de septiembre a noviembre, dejando poblaciones del Hemisferio Sur expuestas a los peligrosos rayos UV que inducen el cáncer.

Mediciones hechas década a década han mostrado una reducción en la cantidad total de ozono en la estratosfera y también se han registrado agujeros sobre el Ártico y el Tibet.

Desde la entrada en rigor del Protocolo el agujero ha mostrado señales de recuperación, pero este hallazgo siembra dudas sobre el futuro.

Los investigadores no conocen el origen de las emisiones, pero podría ser que una exención para el CFC-113a en 2003 para producir un insecticida tuviera que ver.

Entre 1960 y 2012 se emitieron a la atmósfera más de 74.000 toneladas de los 4 gases descubiertos, una cifra baja frente a los millones de toneladas por año emitidas en los años 80.

Las hembras promiscuas son ganadoras

Condenada socialmente por razones diferentes y obvias varias de ellas, la promiscuidad, en especial la femenina, no es tan mala después de todo, de acuerdo con un estudio publicado en Science.

Sí: las hembras en poblaciones nativas son más promiscuas para rechazar el esperma de machos incompatibles genéticamente, dijeron investigadores de la Universidad de East Anglia.

El hallazgo ayuda a resolver un acertijo evolutivo: ¿por qué las hembras de la mayoría de especies se aparean con más de un macho, aunque uno solo podría brindarles fertilidad total y la promiscuidad puede conllevar riesgos fatales para la hembra?

Con el escarabajo de la flor roja como modelo, los científicos investigaron los beneficios reproductivos de la promiscuidad femenina o poliandria. Esta práctica, en la que los huevos u óvulos son fertilizados por múltiples padres es la norma en la mayoría de las especies, de los chimpancés a las gallinas, el salmón y el erizo de mar. Pese a que los biólogos han documentado costos importantes para las hembras por ese patrón de apareamiento, incluso la muerte, el nuevo hallazgo muestra que puede haber beneficios también.

El equipo de investigadores halló que el éxito reproductivo de las hembras en poblaciones no familiares era idéntico, así se apareara con uno o con cinco machos. En las poblaciones con familiares, las hembras que se apareaban con un solo macho mostraban un 50% de reducción en el número de descendientes vivos que podían producir. Sin embargo, las hembras que se apareaban con cinco machos de la población familiar alcanzaban un éxito como el obtenido con poblaciones diferentes. El efecto se debía entonces a la incompatibilidad genética entre machos y hembras, que prevalece en una población cercana.

Los resultados mostraron que las hembras poseen mecanismos que les permiten filtrar el esperma más compatible genéticamente para producir una descendencia más viable.

Por algo son promiscuas.