Nos damos la mano para… olernos

Cortesía Instituto Weizmann

Los perros se huelen el rabo, los humanos nos olemos… las manos.

Sí, un estudio aparecido en eLife, realizado por científicos del Instituto Weizmann sugiere que una de las razones por la que nos damos la mano con alguien, una costumbre antiquísima, es para examinar los olores de la otra persona.

Ese apretón de manos es una aceptable forma social de comunicarse a través del sentido del olfato.

Las personas no solo se huelen sus manos, sino que lo hacen mucho más luego de apretar la mano de alguien determinó el estudio. El número de segundos que se pasa oliendo la mano más que se duplica luego de haber saludado a alguien de manos.

“El hallazgo significa que la gente no está expuesta pasivamente a las señales químicas importantes socialmente, sino que las buscan”, expresó Idan Frumin, quien condujo la investigación bajo la guía del profesor Noam Sobel. “Los roedores, perros y otros mamíferos se huelen a ellos y huelen a otros en las interacciones sociales, y parece que en el curso de la evolución los humanos han retenido esa práctica, en un nivel subliminal”.

“El apretón de manos varía en fuerza, duración y postura o sea que proveen información social de distinta clase”, dijo Sobel.

“Nuestros hallazgos sugieren que en su origen evolutivo, darse la mano pudo también haber servido para transmitir olores, señales que aún deben tener un componente significativo, aunque subliminal, de esta costumbre”.

Resumen científico de la semana (10-16)

1. Llegaron mensajes de las estrellas

Las partículas del más allá. Al fin se esclarece. La nave Stardust, que viajó por el espacio para capturar partículas interestelares sí cumplió su cometido. Lanzada en 199 voló cerca del cometa Wild 2 para recoger material en un gel especial y luego cayó sobre el desierto del Lago Salado en Utah, Estados Unidos, en 2006. Se dijo que el golpe del aterrizaje había contaminado las muestras. Ahora un estudio en Science demuestra que 71 rastros de partículas, 25 parecían haber sido atrapadas en el espacio y 7 tienen origen interestelar. En la foto se aprecia uno de esos finos granos traídos por la sonda.

2. Salados hasta la muerte

Cerca de 1.650.000 personas mueren cada año por exceso de sal. No es que suden mucho ni que les caiga un bulto encima. No. Ingieren más de los 2 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud y en consecuencia mueren por enfermedades cardiovasculares reportó el New England Journal of Medicine. El consumo promedio mundial es de 3,95 gramos, de los 2,18 en África subsahariana a los 5,51 en Asia central. Salados.

3. Edición de genes

Nuevas tecnologías en uso permitirán la edición de genes en distintos productos agrícolas como las frutas, no solo para mejorar su sabor sino agregarles algunas características como el dulzor. El estudio fue publicado en Trends in Biotechnology. La edición de genes comienza a ser empleada además en el arreglo de mutaciones que causan enfermedades. La edición permitiría mejorar incluso frutos modificados genéticamente para crear, por ejemplo, un superbanano.

4. Tatequieto a la fiebre

La chikungunya es una enfermedad de reciente aparición en las Américas aunque lleva tiempo deambulando por el planeta. Provoca fiebres, dolores articulares y de cabeza entre otras manifestaciones, aunque rara vez ocasiona la muerte. Científicos revelaron que los primeros ensayos clínicos de una vacuna en desarrollo provocó reacción inmune en 25 personas. El anuncio fue de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

5. Mente y cuerpos conectados en la enfermedad

El sistema inmunitario estaría ligado a las enfermedades mentales. Científicos reportaron en Jama que los niños con niveles altos de una proteína liberada en la sangre en respuesta a infecciones tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades mentales como sicosis o depresión, lo que sugiere que la enfermedad mental y las enfermedades físicas crónicas como la diabetes 2 y la enfermedad coronaria pueden compartir un mecanismo biológico común.

6. Obesidad cancerígena

Ojo al sobrepeso. Un índice de masa corporal alto aumenta el riesgo de desarrollar 10 de los más comunes tipos de cáncer. Cada 5 kilos por metro cuadrado de aumento en ese índice está claramente relacionado con un mayor riesgo de cáncer de útero (62%), vesícula biliar (31%), riñón (25%), cerviz (10%), tiroides (9%) y leucemia (9%). También aumenta el riesgo general de cáncer de hígado, colon, ovario y seno. El estudio apareció en The Lancet.

7. Hablando en silencio

Científicos descubrieron lo que parece una nueva forma de comunicación entre las plantas por medio de la cual comparten una gran cantidad de información genética. El estudio se hizo con dos plantas (Arabidopsis y tomate) y su parásita. Esta envía una gran cantidad de moléculas mensajeras, al parecer diciendo las acciones que quiere que desarrolle la planta atacada, tal vez para que reduzca sus defensas, algo que será objeto de otro estudio. La investigación fue publicada en Science.

8. Un sueño desordenado

Un gen, Lhx1, responsable en gran parte de los ciclos de sueño y vigilia, fue identificado por científicos del Instituto Salk, lo que lo convierte en un objetivo claro para tratamiento de desórdenes del sueño y para el reconocido efecto del jet lag que afecta a los viajeros, se reveló en eLife. Hay varios genes relacionados con el sueño, pero este parece ser pieza clave en mantener todos en sincronización. El hallazgo podría derivar un día en un medicamento que regule su funcionamiento.

9. El hombre encoge los glaciares

El derretimiento de los glaciares se ha acelerado por razones antropogénicas, reveló un estudio publicado en Science. Aunque estos responden a variaciones como la radiación solar, queda claro que el ritmo actual se debe a la acción humana. La desaparición de estas masas de hielo incide en el aumento del nivel del mar y en la disponibilidad de agua. En las dos últimas décadas la tasa de deshielo aumentó de manera significativa por la mano del hombre.

10. Esporas al ataque

Las esporas de una bacteria común en el ambiente ayudas a encoger los tumores sólidos reveló un estudio en Science Translational Medicine, una estrategia que sería útil dado que no afecta las células vecinas al tumor. El procedimiento se hizo con perros mediante inyecciones de la bacteria Clostridium novyi modificada. El resultado podría deberse a las enzimas de la bacteria que destruirían células cancerígenas una vez adentro del tumor explicaron los científicos.

Rayas y tiburones viven días difíciles

Tal como sucede en tierra firme, en los mares las grandes criaturas no escapan a la presión del hombre.

De 1.041 especies de quimeras, rayas y tiburones, peces cartilaginosos, 249 están en la categoría de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Se cree que en unas décadas podrían enfrentar la extinción de acuerdo con un artículo aparecido en eLife.

Algunos estudios habían mirado la situación desde el punto de vista de la sobrepesca local, pero este análisis incluyó la situación fuera de las costas.

En todas las zonas de libre pesca en los mares el tiburón enfrenta la extinción. Hoy no existen santuarios reales, efectivos, donde puedan estar a salvo de la sobrepesca.

Al estudiar la información existente los autores hallaron que los tiburones y las rayas tenían un riesgo mayor de desaparición que muchos otros animales y tienen el menor número de especies consideradas seguras.

Con la lista UICN los autores clasificaron 107 especies de rayas y 74 de tiburones que están amenazadas. Solo 23 especies estaban catalogadas como de baja preocupación.

Los sitios donde es mayor la amenaza son el Indo-pacífico, en particular el golfo de Tailandia, el Mar Rojo y el Mediterráneo.

Las aguas menos profundas ofrecen el mayor peligro para esas especies.

La sobreexplotación -en especial por el lucrativo mercado de las aletas de tiburón- y la degradación del hábitat son más severas para las 90 especies en agua dulce.

La situación es peor para la carismática mantarraya y las rayas del demonio.

Si se extinguen se perderán capítulos importantes de nuestra historia evolutiva.

Para el ambiente sería problemático, pues las especies más grandes juegan un rol de primera magnitud como depredadores, lo que afectaría todos los ecosistemas.

Los perros nos donan sus bacterias

Las graciosas fotografías en las que perro y tenedor se parecen no solo son imaginación. En el plano bacterial son verdad.

Sí, tener perro influye en las bacterias que usted tiene según el estudio publicado la semana pasada en el journal eLife. Las personas que conviven con perros tienen mayor similitud entre los microbios en su cuerpo que con las personas que no tienen uno.

Los científicos tomaron muestras de bocas, heces y la piel de 60 familias, bien con niños, perros con ninguno o con ambos. En total, las diferencias bacterianas dentro de las familias eran menores que las diferencias entre familias, en especial cuando se trataba de bacterias que viven en la piel. Las parejas tendían a compartir las bacterias entre ellas más que con sus hijos. Y las parejas tenían más bichos en común entre sí si tenían algún perro que si no, mientras que compartir con los niños mostró poca influencia en cuántas bacterias compartían las parejas.

“Una de las mayores sorpresas fue que pudimos detectar una fuerte conexión entre las personas y sus perros”, dijo a Physorg, Rob Knight, coautor, de la Universidad de Colorado en Boulder. “De hecho,a conexión microbiana parece ser más fuerte entre padres y los perros de la familia que entre padres e hijos”.

Quienes vivían con perros tendrían a estar llenos de una familia de bacterias llamada Betaproteobacteria, abundantes en la boca de los canes. También tenían mucha bacteria del suelo, que se encuentra en las patas de los perros y en su cabeza.

Los perros no influían en las bacterias en la boca e intestinos de las personas, aunque las personas que cohabitaban tendían a compartirlas unos con otros.

12