El acetaminofén reduce las emociones

La medicina con un doble efecto: físico y emocional

Quita el dolor, no hay duda. Pero también podría reducir las emociones.

Sí, el acetaminofén tiene un efecto que era desconocido: reducir el placer. Un estudio aparecido en Psychological Science reveló que los participantes que tomaron esa sustancia reportaron menos emociones fuertes relacionadas tanto con fotos placenteras como con otras desagradables.

Estudios anteriores habían demostrado que ese ingrediente trabaja no solo sobre el dolor físico sino también sobre el dolor sicológico. El nuevo estudio va más allá al demostrar que también reduce la intensidad con la que se sienten las emociones positivas, indicó Geoffrey Durso, cabeza de la investigación en The Ohio State University.

Es decir, tomar ese medicamento podría tener consecuencias mayores a las consideradas hasta hoy.

“Puede ser visto como un liberador multipropósito de emociones”, dijo, no solo del dolor físico.

Una situación clara es que las personas no se dan cuenta de cómo se impactan sus emociones cuando toman acetaminofén. “La mayoría probablemente ni se entere”, dijo.

En el estudio se trabajó con 82 participantes, a la mitad de los cuales se suministraron 1.000 miligramos y a la otra un placebo. Luego se esperó 60 minutos a que obrara.

Después se les mostraron 40 fotos de bases de datos usadas para generar respuestas emocionales.

No se sabe si otros analgésicos como ibuprofeno y la aspirina tendrían el mismo efecto.

Las aves también se emocionan con la música

Las diferencias entre otros animales y los humanos se reducen cada día al descubrirse o presentarse evidencias de que actividades o emociones que creíamos exclusivas de nuestra especie, no lo son.

Un pájaro que escucha la canción de una ave canora puede experimentar algunas de las mismas emociones de una persona que escucha música, sugiere un estudio publicado en Frontiers of Evolutionary Neuroscience, basado en el gorrión de garganta blanca (Zonotrichia albicollis).

“Hallamos que el mismo sistema neuronal de recompensas se activa en las aves hembras en estado de crianza que escuchan un macho y en en personas que escuchan música que les gusta”, dijo Sarah Earp, quien condujo el estudio en Emory University.

Para los machos que escuchan la canción de otro macho, la historia es distinta: tienen una respuesta en la amígdala similar a la que presentan las personas cuando escuchan una música desagradable y discordante.

El estudio, del cual es coautora la neurocientífica Donna Maney, es el primero, según un comunicado, que compara las respuestas neurales de una audiencia en el prolongado debate de si es música lo que cantan las aves.

“Desde Darwin, los científicos se han preguntad si el canto de las aves y la música tienen fines similares o tienen los mismos precursores evolutivos”, dijo Earp. “Pero la mayoría de intentos por comparar los dos se han enfocado en las calidades del sonido, como la melodía y el ritmo”.

Cuando Earp propuso usar el laboratorio de Maney para investigar sobre el debate música-aves, esta pensó que era una gran idea. “Las canciones de las aves son una señal”, dijo Maney. “Y la definición de una señal es que genera una respuesta en el receptor. Los estudios previos no habían visto la pregunta desde este ángulo y es uno muy importante”.

El estudio usó el Egr-1, un gran canal bioquímico activado en las células que responden a un estímulo, como mapa para cuantificar las respuestas neurales en el sistema de gratificación mesolímbico en machos y hembras de aquellos gorriones cuando escuchaban el canto de un macho.

Algunas de las aves en la audiencia habían sido tratadas con hormonas para ponerlas en estado reproductivo, mientras el grupo de control tenía niveles bajos de estradiol y testosterona.

Durante la temporada de no reproducción, ambos sexos usan las canciones para establecer y mantener dominio en las relaciones. En la reproductiva, un macho cantándole a una hembra casi con seguridad que la corteja, mientras un macho que le canta a otro lo está retando.

En las hembras en aquel estado, todas las regiones del canal mesolímbico respondían al canto del macho, lo que no se observó en aquellas que no lo estaban.

Y los machos tratados con testosterona que escuchaban a otro mostraban una respuesta en la amígdala, que se puede correlacionar con la respuesta típica en la amígdala en humanos que escuchan el tipo de música de películas de terror.

“La respuesta neural de las aves canoras parece depender del contexto social, lo que puede ser el caso de los humanos también”, indicó Earp. “El canto de las aves y la música generan respuestas no solo en las regiones del cerebro asociadas directamente con la gratificación, sino también en las regiones interconectadas que se cree que regulan las emociones. Eso sugiere que ambas pueden activar mecanismos evolutivos antiguos necesarios para la reproducción y la supervivencia”.

Una limitación del estudio, reconoce Earp, es que varias regiones que responden a la música en los humanos son corticales y no tienen una contraparte clara en las aves.

El pulpo está entre animales con conciencia

Se sabe que los elefantes cooperan para resolver problemas; los chimpancés enseñan a sus jóvenes a elaborar herramientas. ¿Y los pulpos? Pues parece que son capaces de planear.

Estos animales marinos fueron incluidos en la lista de animales con conciencia según un grupo de neurocientíficos cognitivos y computacionales, que suscribieron la Declaración de Conciencia de Cambrigde reportó Katherine Harmon en Scientific American.

La Declaración sostiene que el privilegiado estado de autoconciencia no es exclusivo del Homo sapiens.

“El peso de la evidencia indica que los humanos no son los únicos que poseen los sustratos neurológicos que generan la conciencia”, escribieron los científicos. “Animales no humanos, incluyendo todos los mamíferos y aves, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen esos sustratos neurológicos”.

El pulpo es el único invertebrado en la lista gracias a una copiosa serie de investigaciones que respaldan la aseveración. En 2009 un estudio mostró que algunos recogen conchas del coco y las usan como habitación portátil, un ejemplo de uso de herramientas. Otro estudio documentó su sofisticada navegación espacial y su memoria. Reportes anecdóticos de científicos, como Jennifer Mather, describen pulpos que vagan por el piso marino para recoger el número exacto de rocas que permiten hacer más pequeña la entrada a su cueva. Y experimentos en laboratorio muestran que pulpos mantenidos en tanques cambian su comportamiento por la ausencia de un ambiente rico que los mantenga estimulados.

Los científicos aceptan la existencia de conciencia en otros especies por una razón básica: la anatomía cerebral: muchas redes nerviosas involucradas en la atención, el sueño y la toma de decisiones parece haber surgido en el proceso evolutivo tan temprano como la gran radiación de invertebrados, siendo evidente en insectos y moluscos cefalópodos como el pulpo.

Incluso las emociones, dice la declaración, no dependen de que el animal tenga una estructura cerebral particular, como nuestra corteza. De hecho, muchas otras regiones neuronales se activan cuando nos emocionamos y son muy importantes en la generación de conductas emocionales en los animales, dice la declaración.

Bacteria intestinal regula el… buen humor

Nuestra felicidad estaría regulada por la cantidad de bacteria en nuestro intestino durante los primeros años de vida según un estudio publicado en Molecuar Psychiatry.

Sí. Científicos de la UCC mostraron que los niveles de serotonina en el cerebro, la hormona de la felicidad, están regulados por esas bacterias.

La investigación mostró que el funcionamiento normal de un cerebro adulto depende de la presencia de esos microbios durante el desarrollo. La serotonina, el mayor químico envuelto en la regulación del humor y las emociones, se altera en momentos de estrés, depresión y ansiedad, y clínicamente por drogas antidepresivas.

Los científicos del Alimentary Pharmabiotic Centre en UCC usaron un ratón libre de gérmenes para mostrar que la ausencia de bacterias durante la vida inicial afecta de manera importante las concentraciones de serotonina en el cerebro durante la edad adulta. La investigación subrayó también que la influencia depende del sexo, con efectos más marcado en os animales machos que en las hembra.

Cuando los científicos colonizaron los animales con bacterias antes de la adultez hallaron que varios cambios en el sistema nervioso central, en especial los relacionados con la serotonina, no podían ser reversados, indicando un efecto duradero de la ausencia de flora intestinal sobre la función cerebral.

El estudio se construyó sobre otro anterior, del grupo Cork y otros, que mostraban que existe un eje microbioma-intestinos-cerebro que es esencial para mantener la salud normal y que puede afectar el cerebro y el comportamiento.

El estudio fue hecho por Gerard Clarke, los profesores Fergus Shanahan, Ted Dinan y John F Cryan y colegas.

“Como neurocientífico, estos hallazgos son fascinantes porque subrayan el rol importante que la bacteria intestinal juega en la comunicación bidireccional entre el cerebro y el intestino, y abre la posibilidad de desarrollar estrategias basadas en microbios para el tratamiento de desórdenes cerebrales”, dijo John F Cryan, autor senior.

El amor reduce el dolor físico

Si se curar heridas se trata… el amor. Una nueva investigación revela que mirar la foto de la persona amada activa la actividad neural en la zona del cerebro relacionada con los sentimientos de seguridad, lo que ayuda a llevar el dolor físico.

Una investigación previa había demostrado que la presencia de esa persona amada aliviaba el dolor, pero en el estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences se logró precisar el área cerebral involucrada en el fenómeno.

Los investigadores tomaron imágenes de resonancia magnética de los cerebros de 17 mujeres que miraban fotos de su pareja sentimental o bien objetos inanimados. Al tiempo, les aplicaban cortos shocks y les pedían calificar la intensidad del dolor. Aunque los shocks siempre eran idénticos, las mujeres reportaron menos dolor cuando miraban la foto de la persona amada. Esas diferencias en la sensación de dolor se relacionaba con actividad en la corteza prefrontal ventromedial, que actúa en los sentimientos de riesgo y temor, sugiriendo que las imágenes agradables suprimían en parte esas emociones.

Los científicos han advertido el efecto opuesto cuando las personas miran imágenes de arañas o serpientes, en cuyo caso el dolor se siente más fuerte.

“En la literatura la gente habla acerca del estímulo preparado de miedo, arañas y serpientes son cosas que estamos preparados innatamente para temer”, según dijo a Wired la psicóloga Naomi Eisenberger, de UCLA.

“Las imágenes del ser amado puede actuar como señales preparadas de seguridad, dado que los individuos, en nuestra historia evolutiva han favorecido nuestra supervivencia”.

Póngale sello: la vida citadina enloquece

Vivir en las ciudades trae sus afanes. Y, lógico, qué diferente a la vida del campo, que no pocos ciudadanos de las urbes cada vez más congestionadas añoran.

Hace décadas que los epidemiólogos demostraron que quienes crecen en las ciudades son más dados a las enfermedades mentales, pero no se había profundizado en lo que sucedía.

En un estudio publicado en Nature, un grupo dirigido por Andreas Meyer-Lindenberg de la Universidad de Heidelberg y su Instituto de Salud Mental en Mannheim (Alemania) demostraron que ciertas estructuras cerebrales de personas de la ciudad y del campo responden distinto al estrés social, que es un factor importante en el desencadenamiento de desórdenes sicóticos como la esquizofrenia. Los investigadores emplearon imágenes funcionales del cerebro.

El trabajo es un paso hacia la definición de cómo la vida urbana afecta la biología cerebral de una manera que tiene un impacto grande en la sociedad, pues la esquizofrenia, por ejemplo, afecta 1 de cada 100 personas.

Meyer-Lindenberg trabaja sobre los mecanismos de riesgo para la esquizofrenia y previamente se había enfocado en el rol de los genes. Aunque una docena ha sido ligada al desorden “aún el más poderoso de esos genes conduce a solo un 20% de mayor riesgo”, dijo. De hecho la esquizofrenia es dos veces más común en aquellos que nacieron y crecieron en una ciudad que en aquellos de las áreas rurales y, de hecho, mientras más grande la ciudad, mayor el riesgo.

Por eso se dio a la tarea de averiguar cómo la vida citadina podría incrementar el riesgo de enfermedad mental. El grupo escaneó los cerebros de 32 estudiantes voluntarios mientras desarrollaban ejercicios de aritmética. Al mismo tiempo, los estudiantes recibieron mensajes negativos por sus audífonos: “ les dijimos que estaban desempeñándose peor que los otros y les pedimos que se apresuraran un poco”.

Ese estrés social activó varias áreas cerebrales, dos de ellas relacionadas específicamente con la historia de vida urbana de los voluntarios. La amígdala, que procesa la emoción, se activó sólo en personas citadinas. Y la corteza cingulada, que ayuda a regular la amígdala y procesa las emociones negativas, respondió con más fuerza en aquellos que crecieron en ciudades que en los que crecieron en pueblos y zonas rurales.

Eran tan claras las asociaciones que se hizo un segundo experimento con otras 23 personas, adicionando mensajes visuales. Se encontraron las mismas respuestas.

Hallazgos curiosos de la ciencia

Mal sabor. Confrontar creencias moralmente aborrecibles deja, literalmente, un mal sabor en la boca. Los cristianos religiosos que escriben pasajes del Corán musulmán o de La Desilusión de Dios de Richard Dawkin calificaron una bebida de limón mucho más chocante luego de la prueba que antes de ella, reportaron científicos en el Journal of Experimental Social Psychology. Al leer la Biblia el efecto no se daba. A los participantes a los que se les permitió lavar sus manos luego de copiar los pasajes objetables no mostraron diferencia alguna en el gusto, indicando que el aseo físico restauraba simbólicamente la pureza espiritual. Curioso.

Tormentas perpetuas. Las emociones fuertes, experiencias a veces traumáticas y desagradables permanecen mucho tiempo en el cerebro como recuerdos que no se borran. Científicos de la Universidad de California en Berkeley pudieron explicar cómo duran tanto: el centro emocional del cerebro, la amígdala, induce al hipocampo –un gran centro de comunicación- a generar nuevas neuronas. En una situación de miedo, esas neuronas nuevas son activadas por la amígdala y pueden servir como piedra de impresión en la que los recuerdos traumáticos pueden ser impresos con firmeza. Es decir, las nuevas neuronas, hablando en términos evolutivos, probablemente le están ayudando a la persona a recordar el león que casi la mató. En la imagen se ven nuevas células nerviosas (verde) y un marcador neuronal (rojo) que señala células inmaduras. De azul, los astrocitos (células gliales con numerosas funciones). Bien curioso.

Darwin tenía razón. Un estudio publicado en Ecology letters entrega evidencia experimental sobre una asunción de la biología evolutiva aceptada desde que Charles Darwin la propuso en 1859 en El Origen de las Especies: la competencia es mayor entre especies más relacionadas o cercanas. Investigadores del Georgia Tech establecieron 165 microcosmos experimentales –ecosistemas simplificados de laboratorio. que contenían una o dos especies de protistas ciliados con tres variedades de presas de especies de bacterias. Cada semana documentaron la abundancia de cada especie en cada microcosmo y hallaron que luego de 10 semanas, todos los protistas albergados en soledad sobrevivieron, pero en más de la mitad de los escenarios con dos especies una de las especies había crecido para dominar la población, conduciendo a la otra a la extinción. La competencia era más feroz en esos microcosmos cuando las especies estaban más cercanamente relacionadas. Curioso.

Aprendizaje variable. Científicos del Columbia University Medical Center entregaron evidencias de que el número de células madre neurales del hipocampo, esa región responsable de la memoria, el aprendizaje y la emoción, puede no ser constante sino que varían debido a condiciones ambientales. Al comparar el hipocampo de ratones expuestos a un ambiente estimulante o a uno solitario y estresante, hallaron que las células madre del hipocampo de aquellos en soledad generaban más células neurales que los que estaban en un medio estimulante, cuyas células madre neurales se diferenciaban para producir solo neuronas. Durante el estrés o la carencia, el cerebro se prepara almacenando células madre neurales para satisfacer la demanda de un ambiente más estimulante, que se sabe induce la producción de más neuronas. Curioso.

Un pollo para curar las penas del alma

Papas fritas, hamburguesa o qué tal una buena carne o unos espaguetis. Todos ellos, en su momento, son alivio para el alma, así no sean siempre lo mejor para las arterias.

La comida ayuda al corazón a lidiar con las emociones, según se desprende de un estudio publicado en Psychological Science, centrado en cómo la alimentación confort, como la llaman, hace sentir a la gente.

Jorgan Troisi de la Universidad de Buffalo y Shira Gabriel veían cómo cosas no humanas hacían sentir a las personas vinculadas. Por ejemplo, las personas pueden combatir la soledad mediante una película de televisión, estableciendo lazos virtuales con un cantante o un personaje o simplemente mirando fotos de las personas cercanas y las amistades.

Los investigadores se preguntaban si la comida tenía el mismo efecto haciendo que las personas pensaran de los seres queridos y cercanos.

En un experimento con dos grupos, quienes escribían acerca de una discusión con una persona cercana los hacía sentir solitarios. Pero aquellos generalmente seguros en sus relaciones salían de la soledad escribiendo acerca de la comida confort. “Son alimentos asociados consistentemente con aquellos cercanos a nosotros”, dijo Troisi. “Pensar sobre ellas o consumirlas sirve como un recordatorio de los demás.

En otro experimento, tomar una sopa de pollo en el laboratorio hizo que las personas pensaran más sobre sus relaciones, pero sólo si consideraban esa sopa como una comida confort.

“A través de la vida diaria de cada uno se experimenta estrés, a menudo asociado con nuestras conexiones con otros. La comida confort puede servir como una manera fácil de remediar el sentimiento de soledad”.

Los humanos, parece, pueden encontrar una variedad de maneras de estar conectados con los demás.

El dinero impide leer las emociones

No todo lo compra el dinero. Las personas de clase alta tienen más oportunidades educativas, mayor seguridad financiera y mejores perspectivas laborales que aquellos de las clases sociales menos adineradas, pero eso no significa que sean más capaces que todos.

Un nuevo estudio publicado en Psychological Science, un journal de la Association pof Psychological Science, encontró para sorpresa, que las personas de clase más baja son mejores leyendo las emociones de los demás.

Los observadores detectaron que para las personas de baja posición económica el éxito depende más de cuánto puedan confiar en los demás. Por ejemplo, si no pude pagarse servicios de apoyo, como el cuidado de sus niños, se tiene que confiar en los vecinos o parientes para atenderlos mientras usted anda por fuera, explicó Michael W. Graus, de la Universidad de California en San Francisco, quien escribió el estudio con Stéphane Còté de la Universidad de Toronto y Dacher Keltner, de la de California en Berkeley.

En el experimento, estudiantes divididos por su estado económico debían presentar un test de percepción de emociones, en los cuales miraban fotos de rostros e indicar cuál emoción reflejaban en sus rostros. Los de ingresos altos mostraron desempeño más bajo.

En otra prueba, los que se consideraban a sí mismos de clase alta, leían con menos exactitud la emoción de un extraño durante una entrevista grupal de trabajo.

Quizás esa falta de percepción de las emociones ajenas en personas de clases altas económicamente, se deba a que pueden resolver sus problemas sin tener que depender o apoyarse en otros, especularon los científicos.

¿Será igual en nuestro medio?

El licor mata las emociones

El exceso mata. O no deja obrar. La ingestión excesiva y crónica de bebidas alcohólicas pueden conducir a un daño cerebral en distintos niveles, incluyendo el desarrollo de anormalidades emocionales que pueden interferir con unas relaciones interpersonales sanas.
Hallazgos de un reciente estudio utilizando imágenes de resonancia magnética sugieren que la disminuida actividad de la amígdala y el hipocampo producen problemas emocionales como los observados en alcohólicos con una larga abstinencia.
Los resultados serán publicados en noviembre en Alcoholism & Clinical Experimental Research.
“Como la mayoría de órganos, el cerebro es vulnerable al daño por el excesivo consumo de alcohol”, dijo Ksenija Marinkovic, profesor en el departamento de Radiología de la Universidad de California en San Diego. “El riesgo de daño cerebral y los déficits de neurocomportamiento relacionados varían de persona a persona, dependiendo de un amplio rango de factores como la cantidad y la duración de la ingestión de alcohol, la edad, el género, la historia familiar de alcoholismo y la salud en general. La mayoría de los déficits comunes incluyen dificultades con la memoria, razonamiento reducido y discapacidad en la solución de problemas y anormalidades emocionales”.
Estas anormalidades debidas al alcoholismo pueden ser sutiles, explicó Marinkovic, como no captar señales faciales o verbales, o muy obvias, como la apatía y la inexpresividad de emociones, o los súbitos ataques de ira.
“Los alcohólicos también tienen problemas en juzgar las expresiones emocionales de los rostros de otras personas. Esto puede derivar en una mala comunicación durante situaciones muy emotivas y conducir a conflictos innecesarios en las relaciones interpersonales. Las repercusiones negativas pueden incidir, a la vez, en un aumento en el consumo de licor”.

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