Así nos perciben los perros

Foto Berns, Emory University

No queda duda, los perros responden con alta sensibilidad a los humanos, pero ¿por qué?

Científicos en Emory University parecen haber encontrado una región del cerebro especializada para el procesamiento de rostros. El hallazgo apareció en PeerJ y constituiría la primera evidencia de esa región selectiva de caras en la corteza temporal de los perros.

“Nuestros hallazgos muestran que tienen una manera innata e procesar rostros en sus cerebros, una cualidad que solo se había documentado en humanos y otros primates”, según Gregory Berns, neurocientífico, cabeza del estudio.

Al tener una maquinaria neuronal dedicada a procesar rostros sugiere que esa capacidad está muy enraizada a través de una evolución cognitiva, agrega Berns, y podría ayudar a explicar la extrema sensibilidad hacia las señales humanas.

Berns dirige el Proyecto Perro en el Departamento de Sicología de Emory, que investiga asuntos evolutivos referentes a este amigo del hombre.

El proyecto logró entrenar perros para entrar en un escáner de resonancia magnética funcional y permanecer quitos durante la prueba sin sedación ni ataduras.

Ya el proyecto había identificado la región caudada como el centro de recompensa en los perros y había mostrado la región del cerebro que responde con mayor firmeza a los olores de un humano familiar que a los de un desconocido o a perros conocidos.

Aunque el experimento tuvo una baja muestra, 6 perros de 8 que miraron al menos 30 segundos las imágenes presentadas, los resultados fueron sólidos según los investigadores: una región en el lóbulo temporal respondía más significativamente a películas con rostros humanos que a películas de otros objetos. La misma región respondía de modo igual a rostros humanos y de perros, y más a esas clases de rostros que a imágenes de otros objetos.

Si la respuesta a las caras fuese aprendida, por asociación de un rostro humano con alimento, por ejemplo, se esperaría ver una respuesta en el sistema de recompensas, pero eso no se dio dijo Berns.

Los investigadores denominaron DFA la región del cerebro que procesa los rostros en los perros.

Los humanos, en contraste, tienen 3 regiones procesadoras de rostros.

Una hipótesis es que distinguir rostros es importante para los animales sociales.

Y ya al menos, se sabe dónde los procesan los perros.

Hay animales que van a la farmacia

No se tome esta droga sino aquella. Y en la farmacia le venden lo que quiera. Sí la automedicación. Y aunque no pueden ir a que les despachen la fórmula médica, sí saben cómo curar ciertos males. Animales que se automedican.

Crece la lista de animales que utilizan químicos para automedicarse y tratar congéneres y descendientes, por lo general para combatir y prevenir infecciones.

Dice la creencia popular que los gatos mastican ciertas hierbas para purgarse, pero en el plano científico se ha encontrado que lo hacen los chimpancés y las mariposas. Y las hormigas y las moscas, según un nuevo estudio aparecido en Science.

Se pensaba que esta conducta era exclusiva de los primates y de los animales más inteligentes, en los que la automedicación podía ser transmitida y aprendida de padres a hijos. Pero el nuevo análisis que examinó reciente investigación en este campo, de insectos a chimpancés se automedican en respuesta a parásitos y quizás por otras razones.

“Es algo realmente común, más de lo que se creía”, según Jaap Roode, líder del estudio, de Emory University. La medicación busca combatir una infección en curso o prevenir futuros ataques de parásitos.

Las moscas de las frutas ponen sus huevos en frutas con mayor contenido de alcohol (producido por fermentación natural) cuando unas avispas parásitas están en los alrededores, indicó Tod Schlenke, un científico de Emory citado por LiveScience, quien no participó en el estudio.

“En las moscas, un mayor contenido de alcohol en la sangre hace que las avispas que viven de su sangre mueran de un modo poco agradable: expulsando sus órganos internos por el ano”, indicó Schlenke.

Aunque el alcohol puede tener efectos negativos en las moscas en desarrollo, hace la infeccio´n menos probable. Cuando las avispas no están en la zona, las moscas prefieren poner huevos en frutas menos fermentadas.

Las hormigas también medican sus colonias contra las infecciones, llevando químicos con propiedades antifúngicas. Y las mariposas monarca combaten los parásitos poniendo huevos en plantas tóxicas.

Ahora se estudian los posibles usos en humanos. Las abejas colectan resinas con propiedades contra hongos que no gustan mucho a los apicultores, por lo que son más proclives a enfermar.

Un químico en una resina tendría efectos inhibitorios contra el VIH-1, dijo de Roode. Otra planta ingerida como medicina por primates se usa ahora como antiemético (para tratar náusea y vómito)en el ganado en África, según Juan Villalba, de Utath State University, quien tampoco participó en la revisión de estudios.

El científico ha mostrado que los animales se pueden beneficiar cuando encuentran disponibilidad de medicinas artificiales para comer cuando las necesitan. Un polímero, glicol polietileno ayuda a las ovejas en una dieta alta en taninos, y los corderos aprenden a usarla al observar a sus padres.

Las aves también se emocionan con la música

Las diferencias entre otros animales y los humanos se reducen cada día al descubrirse o presentarse evidencias de que actividades o emociones que creíamos exclusivas de nuestra especie, no lo son.

Un pájaro que escucha la canción de una ave canora puede experimentar algunas de las mismas emociones de una persona que escucha música, sugiere un estudio publicado en Frontiers of Evolutionary Neuroscience, basado en el gorrión de garganta blanca (Zonotrichia albicollis).

“Hallamos que el mismo sistema neuronal de recompensas se activa en las aves hembras en estado de crianza que escuchan un macho y en en personas que escuchan música que les gusta”, dijo Sarah Earp, quien condujo el estudio en Emory University.

Para los machos que escuchan la canción de otro macho, la historia es distinta: tienen una respuesta en la amígdala similar a la que presentan las personas cuando escuchan una música desagradable y discordante.

El estudio, del cual es coautora la neurocientífica Donna Maney, es el primero, según un comunicado, que compara las respuestas neurales de una audiencia en el prolongado debate de si es música lo que cantan las aves.

“Desde Darwin, los científicos se han preguntad si el canto de las aves y la música tienen fines similares o tienen los mismos precursores evolutivos”, dijo Earp. “Pero la mayoría de intentos por comparar los dos se han enfocado en las calidades del sonido, como la melodía y el ritmo”.

Cuando Earp propuso usar el laboratorio de Maney para investigar sobre el debate música-aves, esta pensó que era una gran idea. “Las canciones de las aves son una señal”, dijo Maney. “Y la definición de una señal es que genera una respuesta en el receptor. Los estudios previos no habían visto la pregunta desde este ángulo y es uno muy importante”.

El estudio usó el Egr-1, un gran canal bioquímico activado en las células que responden a un estímulo, como mapa para cuantificar las respuestas neurales en el sistema de gratificación mesolímbico en machos y hembras de aquellos gorriones cuando escuchaban el canto de un macho.

Algunas de las aves en la audiencia habían sido tratadas con hormonas para ponerlas en estado reproductivo, mientras el grupo de control tenía niveles bajos de estradiol y testosterona.

Durante la temporada de no reproducción, ambos sexos usan las canciones para establecer y mantener dominio en las relaciones. En la reproductiva, un macho cantándole a una hembra casi con seguridad que la corteja, mientras un macho que le canta a otro lo está retando.

En las hembras en aquel estado, todas las regiones del canal mesolímbico respondían al canto del macho, lo que no se observó en aquellas que no lo estaban.

Y los machos tratados con testosterona que escuchaban a otro mostraban una respuesta en la amígdala, que se puede correlacionar con la respuesta típica en la amígdala en humanos que escuchan el tipo de música de películas de terror.

“La respuesta neural de las aves canoras parece depender del contexto social, lo que puede ser el caso de los humanos también”, indicó Earp. “El canto de las aves y la música generan respuestas no solo en las regiones del cerebro asociadas directamente con la gratificación, sino también en las regiones interconectadas que se cree que regulan las emociones. Eso sugiere que ambas pueden activar mecanismos evolutivos antiguos necesarios para la reproducción y la supervivencia”.

Una limitación del estudio, reconoce Earp, es que varias regiones que responden a la música en los humanos son corticales y no tienen una contraparte clara en las aves.