Los topos consuelan a los afligidos

¿Tienen sentimientos los animales? Cada día más la ciencia parece confirmarlo mediante distintos estudios.

Foto Z. Johnson

Uno de ellos publicado esta semana revela que los topos Microtus ochrogaster consuelan a los familiares que están estresados y tal parece que el mecanismo responsable es la oxitocina, llamada hormona del amor.

Consolar a otros de la especie solo se había documentado en animales con altos niveles de sociabilidad y capacidad cognitiva como elefantes, delfines y perros.

Estos roedores son sociales, por lo que son objeto de muchos estudios. En el nuevo, James Burkett y colegas exploraron el potencial para la empatía.

Crearon un experimento en el que parientes e individuos conocidos fueron aislados temporalmente uno de otro, mientras uno fue expuesto a choque eléctricos suaves. Al reunirse, los topos que no habían recibido la corriente y que por ende no estaban estresados, procedieron a lamer al estresado y por periodo prolongado, en comparación con un escenario de control en el que ninguno de los individuos separados recibió el choque.

Al medir los niveles hormonales se encontró los miembros de la familia y amigos se mostraban incómodos cuando no podían consolar al afectado.

Para los investigadores, que la conducta de consolación solo se dé entre aquellos familiares o conocidos, no con extraños, demuestra que ese comportamiento no es una simple reacción a señales repulsivas.

Como la oxitocina es asociada con empatía en humanos, los científicos bloquearon ese neurotransmisor en los animales en una serie de experimentos similares, en los cuales entonces no consolaban al compañero o familiar afectado.

El estudio apareció en Science.

Las ratas son buena ‘gente’

La rata ayudando. Foto cortesía Sato

Muy buena ‘gente’. Eso son las ratas, que desvirtúan su reputación de animales salvajes.

Un estudio aparecido en Animal Cognition reveló que tienen corazón: cuando una se está ahogando, la otra pone una pata tratando de rescatarla.

Eso es especialmente real en ratas que han tenido previamente una experiencia cercana a la muerte por ahogamiento con agua, aclaran Nobuya Sato y colegas de Kwansei Gakuin University en Japón.

El grupo de Sato condujo tres experimentos con un estanque de agua. Una rata tuvo que nadar en él para salvarse, mientras otras estaba en una jaula cerca. La rata en el agua solo podía llegar a un sitio seco y seguro en la jaula si su compañera abría la puerta.

Los investigadores encontraron que las ratas aprendieron pronto que para ayudar a su compañera en afugias debían abrir la puerta. Actuaban con rapidez para abrirla cuando en realidad había una compañera que necesitaba ser salvada. Se observó que a estos roedores no les gusta estar mojados. Y aquellos individuos que habían experimentado la inmersión en el agua aprendían con más rapidez cómo salvar su compañera.

Pero hay más. Los investigadores analizaron qué sucedía cuando se les daba a escoger entre abrir la puerta para ayudar a la compañera en apuros o abrir otra para recibir un dulce. En la mayoría de los casos optaron por ayudar antes de ir por la comida.

Para Sato, este comportamiento sugiere que para una rata es más valioso ayudar a otros que tener una recompensa.

Esto indica también que tienen empatía: pueden compartir el estado emocional de otros miembros de su especie.

Los elefantes son parceros

Inteligentes son. Su memoria es prodigiosa. Los lazos familiares entre madre e hijos muy estrechos. Los elefantes parecen especiales.

Foto LiveScience-TEI

Ahora un estudio sugiere que los elefantes asiáticos con ansiedad y desazón son reconfortados por otros tocándolos y hablándoles.

El estudio fue hecho en cautiverio, por lo que se requiere replicar el hallazgo en el medio natural en libertad.

En África los elefantes han sido más estudiados y se sabe que son muy sociales, tienen empatía y pueden pensar acerca de sus relaciones sociales y tomar decisiones que los impacten a ellos y los demás. Esto acaba de ser demostrado en Tailandia, reportó Josh Plotnik, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido.

En la investigación los científicos observaron durante un año el comportamiento de 26 elefantes en cautiverio.

Observaron que cuando uno podría mostrar inquietud, los otros adoptaban el mismo estado -contagio emocional- algo que se aprecia en una reacción de empatía.

Luego los elefantes se movían hacia los otros, tocaban su rostro y genitales y ponían sus trompas en la boca de los otros y emitían un sonido.

“El toque que sucedía tras el evento de inquietud parecía presentarse muy pronto tras el evento, lo que sugiere que este comportamiento y las vocalizaciones deben estar relacionadas con esa ansiedad”, dijo Plotnik.

Una reacción parecida a la observada en chimpancés.

Para el experto Marc Bekoff, citado por LiveScience, quien no participó en la investigación, se trata de un estudio interesante pero limitado al estar en cautiverio los animales.

De todas maneras sirve para tener en cuenta a la hora de analizar el comportamiento de unos elefantes cada vez más comprometidos en conflictos con humanos a raíz de la reducción de su hábitat

El bostezo contagioso es pura empatía con otros

El bostezo es contagioso. Y para las personas, bostezar en ciertos sitios o frente a determinadas personas es motivo de vergüenza. Contener el bostezo puede dar lugar a una serie de graciosas expresiones faciales.

Se bosteza por aburrimiento o por sueño. Pero por algo más también: entre los chimpancés, el bostezo es una señal de conexión social entre los individuos, reveló un estudio en el Centro de Investigación en Primates de Yerkes, con el cual los investigadores dan un paso adelante en el entendimiento de la empatía, mecanismo que se cree está detrás del bostezo, tanto en humanos como entre chimpancés.

Los científicos de Yerkes descubrieron que los chimpancés bostezan más a menudo cuando ven familiares bostezando que cuando ven extraños, según el artículo publicado en Public Library of Sciences One (Plos One).

Matthew Campbell y Frans de Waal proponen que cuando el bostezo se expande entre los chimpancés, refleja la empatía subyacente entre ellos.

“La idea es que el bostezo es contagioso por la misma razón que las sonrisas, la fruncida del ceño y otras expresiones faciales son contagiosas”, escribieron. “Nuestros resultados apoyan la idea de que el bostezo contagioso puede ser utilizado como una medida de empatía, porque la predisposición que observamos era similar a la predisposición de empatía vista en humanos”.

El estudio se realizó con 23 chimpancés adultos en dos grupos separados. Se les presentaron video-clips de 9 segundos de otros chimpancés bostezando o haciendo algo distinto. Bostezaban 50 por ciento con más frecuencia en respuesta a ver miembros de su grupo bostezando que cuando veían a otros.

En humanos se han identificado ciertas partes del cerebro que se activan cuando alguien siente dolor o ve que otro lo siente. En esa situación las personas tienden a mostrar mayor sensibilidad hacia individuos de su mismo grupo social.

Los resultados llevan a preguntarse si sucede lo mismo entre personas en asuntos del bostezo, aunque habrá un problema para responderla: las personas no ven necesariamente a los extraños como pertenecientes a otro grupo.

Para los autores, el bostezo contagioso podría ser una ventana a las conexiones emocionales y sociales entre los individuos y sugiere que mirar las barreras en la empatía de los chimpancés ayudaría a romper esas barreras en los humanos.

Las gallinas sienten pesar por sus pollos

No es difícil hacerse a la idea de que algunos animales no tienen sentimientos y que su cerebro para poco debe servirles más allá de lidiar con su pequeño mundo.

Asunción engañosa. Científicos en el Reino Unido acaban de mostrar que las gallinas muestran una clara respuesta fisiológica y de conducta cuando sus polluelos están perturbados.

La investigación de académicos del Animal Welfare and Behaviour Research Group de la Universidad de Bristol fue publicada en Proceedings of the Royal Society B.

El estudio sería el primero en demostrar que las aves poseen uno de los atributos importantes que cimientan la empatía y en utilizar métodos de comportamiento y fisiológicos para medir esas características en aves.

Con un experimento controlado y con técnicas de monitoreo fisiológico no invasivas, los investigadores encontraron que las gallinas domésticas muestran con claridad señales en respuesta al malestar de sus polluelos.

En uno de los procedimientos, cuando los pollos eran sometidos a una corriente de aire, el ritmo cardiaco de las gallinas aumentaba y la temperatura ocular descendía. Las gallinas también cambiaban su comportamiento y reaccionaban con mayor estado de alerta, se limpiaban menos con sus picos y aumentaban las vocalizaciones dirigidas a sus pollos.

Algunas de las respuestas han sido usadas antes como indicadores de una respuesta emocional en animales. En las gallinas, el tiempo que pasan en alerta es asociado con más altos niveles de temor. Estudios previos del mismo grupo han mostrado que las gallinas también evitan selectivamente los alrededores asociados con altos niveles de atención y menos acicalamiento.

Jo Edgar, estudiante de doctorado en School of Veterinary Sciences expresó que “el grado hasta el cual los animales son afectados por la perturbación de otros es de alta relevancia para el bienestar de animales de granja y laboratorio”.

“Nuestra investigación ha respondido la pregunta fundamental de si las aves tienen la capacidad de mostrar respuestas de empatía. Encontramos que las hembras adultas poseen al menos uno de los atributos de la empatía: la capacidad de ser afectado por, y compartir, el estado emocional de otros”.

Las mujeres perdonan más

Los niños o los adultos, las mujeres o los hombres. ¿Quiénes perdonan más?

Las mujeres, de acuerdo con un estudio español publicado en la Revista Latinoamericana de psicología y realizado por la Universidad del país Vasco. Ellas perdonan más que los hombres y los padres más que los niños.

Los resultados sugieren que los niños creen que uno perdona con el tiempo, mientras que los padres apuntan a razones como el remordimiento y el perdón hacia el otro y a la justicia legal.

Los autores indican que los padres que han perdonado más durante el curso de sus vidas tienen una capacidad mayor de perdonar en todos los campos. Tanto padres como niños usan similar definición de perdón.

No quedar resentidos, reconciliación y empatía son los términos más usados por unos y otros para definir el perdón. Sin embargo, existen grandes diferencias entre hombres y mujeres. Ambos ven no guardar resentimiento como la mejor definición de perdón, pero los hombres conceden más importancia a esta característica.

“Un factor decisivo en el perdón es la empatía y las mujeres tienen una mayor capacidad en esto que los hombres”, dijo Carmen Maganto, coautora del estudio y profesora de la Universidad.

Las dos condiciones básicas para que una persona sea perdonada son que muestre remordimiento y para quien ha sido ofendido, no mostrar resentimiento.