Especial fin de semana: ¡Atacan las superbacterias!

En los corredores el aviso es claro: lávese las manos. Y se colocan dispensadores con jabón bactericida. La advertencia, que hace unos años no era común, se vive en todos los centros hospitalarios de primer nivel.

No se sabe con certeza cuántos visitantes han contraído una infección en un hospital. Pero en Colombia, de acuerdo con Elkin Lemos, infectólogo de la Universidad Nacional, las infecciones intrahospitalarias le cuestan al sistema 772.000 millones de pesos al año.

Su estudio se basó en las infecciones provocadas por Acinetobacter baumanii, que tiene una mortalidad del 40 al 60%, uno de una decena, según informó, de bacterias que amenazan los ambientes hospitalarios sin ser aniquiladas por las medicinas existentes.

Pero no son solo las llamadas superbacterias. Hay más. La resistencia a los medicamentos contra diversas enfermedades es problema de salud pública.

El mundo entró en la era post-antibiótica de acuerdo con lo expresado en un comunicado por la Organización Mundial de la Salud el mes pasado luego de que científicos reportaron el hallazgo en Nueva Delhi (India) de una bacteria en el agua resistente a casi todos los antibióticos.

“En la ausencia de acciones urgentes correctivas y protectoras, el mundo se está dirigiendo hacia una era post-antibióticos, en la cual varias infecciones comunes una vez más matarán sin ser batidas”, según Margaret Chan, directora general de la OMS durante el Día Mundial de la Salud, dedicado en 2011 a combatir la resistencia a las drogas.

Esa resistencia, precisamente, está alcanzando niveles sin precedentes y no se están produciendo nuevos antibióticos con la rapidez requerida, de acuerdo con Zsuzsanna Jakab, directora de la OMS para Europa.

Si todos los países enfrentan la situación, ninguno podrá sentirse seguro.

El año pasado se produjeron al menos 440.000 nuevos casos de resistencia multidroga a la tuberculosis y los casos más serios de esa resistencia fueron reportados en 69 países.

Al tiempo, el parásito de la malaria adquiere resistencia incluso a la última generación de medicinas y esa resistencia está emergiendo a las drogas antiretrovirales para personas con VIH/sida.

A Estados Unidos la resistencia a los antibióticos le cuesta más de 20.000 millones de dólares y miles de vidas cada año.

A la fecha hay pocos antibióticos en desarrollo. Sólo dos clases han sido descubiertas en las últimas tres décadas en comparación con 11 en los 50 años previos a esos años.

La falta de iniciativas se debe en parte a la negativa de las empresas farmacéuticas de gastar millones en el desarrollo de una nueva medicina siendo que recibirán la orden de restringir su uso para no crear resistencia.

“El descubrimiento debe ser soportado por nuevos mecanismos financieros que permitan a las compañías recibir un retorno por su inversión en nuevas drogas, mientras se limita su uso a situaciones de gran necesidad”, de acuerdo con David Brennan, jefe ejecutivo de AstraZeneca, una empresa farmacéutica citado por Dow Jones Newswires.

En el caso de Nueva Delhi, dijo un artículo aparecido en The Lancet Infectious Diseases, científicos de Cardiff University en el Reino Unido que examinaron pruebas de agua en un radio de 12 kilómetros encontraron un gen en una variedad de bichos en dos de las 50 muestras y en 50 de 171 pruebas en aguas residuales, como por ejemplo las aguas callejeras estancadas.

El gen NDM-1 confiere resistencia a casi todos los antibióticos conocidos, por ejemplo al potente carbapenem y, para preocupación, fue hallado en el cólera (Vibrio cholera) y en disentería (Shingella boydii).

Scientific American publicó que ha sido reportado ya en otros países.

El año pasado, las infecciones por Clostridium difficile sobrepasó a la bacteria Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, como la causa líder de infecciones adquiridas en los hospitales en E. U.

Se disemina por contacto entre personas por ingestión de las esporas, que pueden permanecer viables dentro del organismo por periodos prolongados. Provoca diarrea y severos dolores en la forma benigna hasta colitis seudomembranosa que pone en riesgo la vida.

En Estados Unidos se presentan al menos 3 millones de casos cada año y un tercio o más de los pacientes experimentan recurrencia de la infección durante el primer mes y quienes han experimentado más de un episodio tienen del 50 al 65% de chances de sufrir un ataque severo.

Aunque no se reportaba casi nunca en niños, el año pasado dos informes reportaron que la tasa de hospitalización infantil por esa causa se dobló en cinco años.

Un informe en la revista The Scientist revela que no sólo es más frecuente, sino que sus síntomas son más severos: más del 30% de los pacientes de más de 60 años mueren y más del 41% de loas de más de 90 años.

Aunque la resistencia a los antibióticos aún no es generalizada, algunas cepas se han hecho resistentes a las quinolonas.

La situación no es sencilla. Un informe de la Clínica Mayo reveló que una táctica empleada en las Unidades de Cuidados Intensivos para reducir la presencia del S. aureus y el enterococco resistente a la vancomicina, la detección de que si quienes ingresan a las UCI portan las bacterias, no ofrece ventajas.

Un informe reciente del Grupo para el Control de la Resistencia Bacteriana de Bogotá obtenido en las 36 instituciones de alta complejidad en Colombia (29 de Bogotá y 7 de otras ciudades) de acuerdo con un comunicado de la Universidad Nacional, de 2001 a 2009, 323.108 personas adquirieron infecciones intrahospitalarias.

El mismo informa agrega que quienes más fallecen por la infección son los multirresistentes a los antibióticos que las combaten, resistentes a tres o más medicamentos. Para Lemos “es frecuente que la bacteria no se deje matar (…) y esto ocasiona la muerte del paciente”.

Cada paciente le costó al sistema de salud, en 2009, de 13 a 15 millones de pesos, entre drogas, hospitalización y otros insumos.

La OMS ha entregado una serie de recomendaciones para enfrentar la amenaza, como asegurar el acceso de las personas que lo requieran a medicinas que se les suministren sin interrupciones; promover y regular el uso racional de medicamentos; y desarrollar e implementar planes nacionales.

Las superbacterias contraatacan.