Murió lleno hace 46 millones de años

Murió con la comida en la boca. Científicos del Museo Nacional de Historia Natural en Washington descubrieron la primera comida de sangre de la historia según un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences: un insecto fosilizado de hace 46 millones de años. Tenía sangre.

El hallazgo permite conocer más sobre cuándo se originó la conducta de picar otros animales en busca de alimento.

“Se muestra que los detalles de un mosquito chupador pueden estar bien preservados en un medio distinto al ámbar”, dijo el paleontólogo George Poinar, de Oregon State University, citado por The Scientist. Él no participó en el estudio. “También se ve que en esa época ya existían mosquitos chupadores, por lo que debieron originarse mucho antes”.

La investigación es una evidencia además de que ciertas moléculas de la sangre perduran mucho más allá de lo que se creía, según Mary Schweitzer, paleontóloga citada por esa publicación.

El mosquito fue hallado por Dale Greenwalt en la formación Kishenehn en el Parque Nacional de los Glaciares en Montana, Estados Unidos, un sitio en donde inexplicablemente se hallan muchos insectos fosilizados

El abdomen alargado y ennegrecido del insecto y la morfología de su aparato bucal llamaron de inmediato la atención de Greenwalt, quien en su expedición recogió unos 1.000 vestigios de otros tiempos.

“Nadie había hallado un fósil con un mosquito lleno de sangre”, dijo.

Los investigadores midieron el contenido elemental en el mosquito y hallaron que el abdomen contenía más hierro que el tórax y que otro mosquito del mismo sitio, revelando el contenido de sangre. El análisis por espectrometría lo confirmó.

Ahora, la pregunta que quedará sin respuesta es: ¿a quién picó el mosquito?

Picaduras de hace 46 millones de años.

Hay más de 3.000 compuestos en la orina

Con razón tanto examen de orina. Científicos de la Universidad de Alberta en Canadá anunciaron que determinaron la composición química de la orina humana, un estudio adelantado durante 7 años y que necesitó unos 20 científicos.

Sí, la orina contiene más de 3.000 metabolitos, un hallazgo que puede tener implicaciones médicas, nutricionales y en el campo de los exámenes de laboratorio.

“La orina es un fluido increíble y complejo. No teníamos idea de cuántos compuestos se van por el inodoro”, indicó David Wishart, investigador senior del proyecto.

El equipo empleó técnicas actuales de química analítica incluyendo resonancia nuclear magnética por espectroscopia, cromatografía de gases, espectrometría de masas y cromatografía líquida para identificar y cuantificar cientos de compuestos en una amplia variedad de muestras.

También usaron bases en el inventario químico, una base de datos de libre acceso llamada Urine Metabolome Database, fuente mundial de referencia que facilita uroanálisis clínico y de drogas.

Para nadie es desconocida la utilidad de la orina con fines médicos, uso que lleva más de 3.000 años. Hasta los 1800 el color, el olor y el sabor era uno de los métodos para diagnosticar enfermedad. Hoy se hacen exámenes para identificar desórdenes metabólicos en recién nacidos, diabetes, monitoria el funcionamiento renal, confirmar infecciones de vejiga y detectar el uso de sustancias prohibidas.

“La mayoría de los textos solo cita 50 a 100 químicos en la orina y los tests más comunes solo miden 6 o 7 compuestos”, dijo Wishart.

Ahora, con 3.000, ¿qué no podrá hacerse? Claro, habrá qué identificar la función de cada uno.

Nuestra respiración revela qué bacterias tenemos

Las cosas que se inventan: Con una simple exhalación se puede saber qué bacterias tenemos en los pulmones e incluso las cepas de cada una, reveló un estudio publicado en el Journal of Breath Research.

Científicos identificaron las huellas químicas que dejan determinadas bacterias cuando están en los pulmones, lo que permitiría llegar a un sencillo test para diagnosticar enfermedades como la tuberculosis, ganándose tiempo porque no se requerirían días sino unos minutos para conocer el agente de una posible infección pulmonar.

La identificación se hizo con ratones, analizando los compuestos orgánicos volátiles presentes en el aire exhalado.

Jane Hill, de University of Vermont, coautora, explicó que “los métodos tradicionales empleados para diagnosticar infecciones bacterianas del pulmón requieren recoger una muestra que se utiliza para cultivar la bacteria. Luego la colonia aislada es examinada bioquímicamente para clasificarla y para determinar su resistencia a los antibióticos. El proceso completo puede tardar días para ciertas bacterias comunes e incluso semanas para el agente de la tuberculosis. El análisis de la respiración lo reduciría a minutos”.

En el estudio, los investigadores analizaron los compuestos de Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus, comunes en infecciones agudas y crónicas de pulmón.

Infectaron ratones con las dos bacterias y analizaron su respiración luego de 24 horas. Los volátiles fueron analizados mediante una técnica de espectrometría (SESI-MS) que es capaz de detectar los volátiles en partes por billón.

Así encontraron diferencia estadísticamente significativa entre los perfiles de la respiración de los ratones infectados con la bacteria y aquellos que no. Las dos especies distintas de bacterias también podían ser distinguidas en un nivel significativo, así como las dos cepas de P. aeruginosa usadas.