Resuelto el caso del pintor espacial

Caronte rojo, la obra del pintor. Foto Nasa

Caronte rojo, la obra del pintor. Foto Nasa

Nadie ha sabido de un pintor que viva en el espacio y si lo hubiera su historia sería increíble, pero astrónomos acaban de encontrar al primer pintor espacial, pero no es humano.

Cuando la nave New Horizons pasó por Plutón y su sistema de lunas en 2015, varias imágenes impactaron a los científicos: la gran luna Caronte tenía su polo pintado, rojo. Algo que los dejó perplejos.

Pero un año después, pudieron explicar el origen de esa capa de pintura rojiza y lo hicieron en un artículo en Nature.

El pintor es nada menos que… Plutón. Sí. De la atmósfera de este planeta enano escapa metano, que queda atrapado por la gravedad de Caronte y se congela sobre la gélida superficie de la luna. Luego la luz ultravioleta del lejano Sol transforma el metano en hidrocarburos pesados y eventualmente en materiales orgánicos denominados tolinas.

Sí, Plutón es un artista que usa esprays para pintar sus grafitis sobre Caronte. “Cada que exploramos hallamos sorpresas. La naturaleza es muy inventiva en el uso de las leyes de la física y de la química para crear paisajes espectaculares”, dijo Will Grandy, investigador d ella misión y cabeza del estudio.

Esta luna, de 1212 kilómetros de diámetro, orbita con Plutón el Sol una vez cada 248 años, generando condiciones extremas en los polos de la luna: 100 años de luz solar continua se alternan con 100 de oscuridad total, permitiendo el congelamiento del metano. Un invierno durante el cual la temperatura desciende hasta -257 °C.

Las moléculas de metano rebotan por el planeta hasta que regresan al espacio o quedan atrapadas en el polo, donde se congelan formando una cobertura de hielo de metano que dura hasta que regrese la luz solar en la primavera. Pero mientras el metano se sublima pronto, los hidrocarburos creados permanecen sobre la superficie.

Entonces la luz solar irradia esos residuos tornándolos rojizos, que se han acumulado en el polo durante millones de años.

Así, resuelto el misterio del pintor espacial.

Señor odontólogo: con espray por favor

Si sentarse en la silla del odontólogo es de por sí toda una hazaña, más lo es cuando se acerca esa jeringa para colocar una anestesia.
Esa imagen podría ser parte del pasado, como para exponer en ferias de antigüedades.
Científicos reportaron evidencias de que un anestésico local común, al ser aplicado como espray nasal o gotas en la nariz, viajan a través del nervio principal de la cara y se establece en grandes cantidades en dientes, mandíbula y otras estructuras de la boca.
El descubrimiento podría conducir a una nueva generación de drogas intranasales para tratamientos no invasivos del dolor dental, la migraña y otras condiciones, reportaron los científicos en el journal bimestral Molecular Pharmaceutics.
William Frey II y colegas observaron que drogas administradas a través de la nariz se desplazan a lo largo de los nervios y van directamente al cerebro. Hasta ahora los científicos no habían examinado si ese tipo de drogas llegaban a los dientes, encías y otras áreas del rostro y la boca para reducir la sensación de dolor.
Neil Johnson, trabajando con Frey y Leah Hanson, encontró que la lidocaína o xilocaína, rociada en la nariz de ratas de laboratorio, viajaba rápido por el nervio trigénimo y se congregaba en sus dientes, mandíbulas y bocas a niveles 20 veces más altas que en la sangre o el cerebro.
Toda una novedad.