Regreso del más allá

Cuando una persona entra en coma, poco más se puede hacer por él. Ese parecía el caso de Josh Villa, un joven que sufrió un accidente automovilístico en Estados Unidos. Tras meses sin progreso, fue enviado a casa casi como un vegetal.
Pero Theresa Pape, del Departamento de Asuntos para Veteranos, se interesó en él y lo involucró en un estudio de seis semanas para recibir estimulaciones electromagnéticas del cerebro. Esa técnica se ha ensayado con algún resultado en personas que padecen Parkinson, migraña o que han sufrido un derrame. Era la primera vez que se usaba en alguien en coma.
Al comienzo de las 15 sesiones hubo pocos cambios. Pero al final algo cambió. Comenzó a mirar hacia donde escuchaba que le conversaban. Luego siguió órdenes simples y hablaba alguna palabra. Luego de las 30 sesiones paró el tratamiento, no hubo más progresos, según el informe en New Scientist.
Seis semanas después recibió otras 10 sesiones, pero no mejoró. Pese a todo, hoy es más fácil cuidarlo. Cuando se le habla, mueve los labios como diciendo que escucha. También abre y cierra los ojos para expresarse.
La transición del estado de coma al de mínima conciencia no podría atribuirse al uso de esa técnica, según John Whyte, del Instituto de Rehabilitación Moss en Pensilvania. Otras personas han llegado a esa fase sin tal ayuda.
Para Steven Laureys, del Grupo de Investigación del Coma en Bélgica, se entiende tan poco de las personas en esa condición, que cualquier estudio, así sea sencillo, aporta luces.
La madre de Villa cree que ahora le resulta más fácil atenderlo. No lo ve como alguien sumido en una depresión, sino que incluso puede quejarse.
Útil o no, el tema ha suscitado interés. La estimulación magnética transcraneal apunta a activar o inhibir áreas del cerebro haciendo más fácil o difícil la activación de las células.
En la foto, persona en estado de coma.