La grasa nos vuelve algo bobos

Medio estúpidos, perezosos y gordos. Una combinación nada deseable. Pero eso podría estar ocurriéndoles a quienes consumen dietas ricas en grasas.

¿Cómo así? Una investigación publicada en The Faseb Journal mostró que en menos de 10 días de haber comenzado a consumir esa clase de dietas, ratas experimentaron una pérdida notoria en la memoria de corto plazo y tenían menor capacidad para el ejercicio.

Unos resultados que muestran una unión importante entre lo que comemos, pensamos y cómo se comportan nuestros cuerpos.

“Las dietas occidentales son altas en grasa y están asociadas con complicaciones a largo plazo, tales como obesidad, diabetes y problemas del corazón, pero las consecuencias a corto plazo han recibido poca atención”, indicó Andrew Murray, co autor del estudio, este viernes en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido.

Murray y sus colegas estudiaron ratas alimentadas con una dieta baja en grasas (7,5 por ciento de calorías como grasa) y otras alimentadas con dieta rica en grasas (55 por ciento de calorías como grasa).

Los investigadores hallaron que los músculos de las ratas que comían la dieta grasosa por cuatro días, eran menos capaces de usar oxígeno para producir la energía necesaria para el ejercicio, haciendo que sus corazones trabajaran más duro y aumentara el tamaño. A los nueve días, las ratas demoraron más en completar un laberinto y cometieron más errores que las otras ratas.

Los científicos investigaron luego las causas celulares de tales problemas, en especial la mitocondria de las células musculares. Hallaron niveles más altos de una proteína que las hacía menos eficientes en el uso del oxígeno requerido para producir la energía que requería correr.

Gordas, torpes y lentas. Ya lo sabe.