Un grande muy frágil

Rinocerontes. Cualquier esfuerzo es bueno. Quizás quedan menos de 20.000 rinocerontes en el planeta, con una especie posiblemente extinta y otra con apenas cuatro animales que viven en su medio salvaje.
A medida que envejecen las poblaciones, se hace más difíciles éxito reproductivo, según artículo publicado en Theriogenology, un medio dedicado a la reproducción animal.
Investigadores del Instituto Leibniz para la Investigación de la Vida Salvaje, el zoológico de Budapest y la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, reportaron el primer nacimiento de un rinoceronte mediante inseminación artificial.
Para ello utilizaron semen recogido de un rinoceronte blanco del sur de 35-36 años, congelado por dos a tres años y luego descongelado, con el que fue inseminada una vieja hembra. El primer intento fracasó, pero el segundo derivó en el nacimiento exitoso de un rinoceronte.
Se abre una esperanza para estos grandes animales, sinónimo de fuerza. En la foto, un rinoceronte blanco en su medio.

Extinguir: esa vieja costumbre humana

Ha sido el hombre el mayor depredador que ha existido o son los fenómenos naturales los que han dado cuenta de ciertos animales? Podría ser lo uno o lo otro, pero nuevas evidencias apuntan a que el hombre sí ha participado, desde la prehistoria, en la extinción de algunas especies.
A esa conclusión llegaron investigadores encabezados por el profesor Chris Turney, de la Universidad de Exeter, que publicaron sus hallazgos en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.
El estudio concluyó que los canguros gi8gantes de Tasmania, los marsupiales rinos y los leopardos aún habitaban lo que hoy es la isla cuando los primeros humanos se asentaron allí hace unos 43.000 años, cuando la isla estuvo conectada, temporalmente, por un puente de tierra que la unía a Australia.
Ningún ejemplar de esa megafauna sobrevivió a nuestros días, lo que coloca a esos pobladores en el rango de sospechosos de haber participado en su extinción.
El nuevo descubrimiento tiene que ver con evidencias de que los canguros gigantes vivían allí cuando llegaron los primeros humanos. Estas pruebas controvierten la idea de que el cambio climático producido al final de la última edad de hielo era la responsable de su desaparición.
Mediante modernas técnicas de datación con radiocarbono y luminiscencia, los científicos pudieron determinar con mayor precisión que nunca la edad de restos fosilizados de esa megafauna. Los resultados demostraron que algunos de esos animales sobrevivieron hasta al menos hace 41.000 años, es decir dos mil años después de la llegada de los primeros pobladores.
En la foto, cortesía del Museo Reina Victoria de Tasmania, se observa un cráneo de protemnodonte hallado en la caverna del monte Cripps, al noroeste de Tasmania.

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