Con buen genio es más difícil recordar algo

Si usted es de los que se mantiene de mal humor, no tiene excusas para decir: “se me olvidó”.

Una investigadora de la Universidad de Missouri encontró que ser olvidadizo tiene algo que ver con el genio o semblante.

Elizabeth Martin, estudiante de doctorado de Psicología en el College of Arts and Science. halló que el buen genio disminuye nuestra capacidad de memoria de corto plazo o de trabajo.

Esa memoria, dijo, “es la capacidad para recordar ítems en una conversación mientras usted la tiene”. Esto explica, agregó, porqué uno no es capaz de recordar un número telefónico que obtiene en una fiesta donde la está pasando muy bien.

El estudio puede ser el primero en demostrar que el estar con ánimo positivo puede impactar negativamente la capacidad de almacenamiento de la memoria. Eso muestra que aunque los sistemas en el cerebro estén conectados, es posible afectar un proceso pero no los otros.

El estudio se realizó con voluntarios a los que se les medía el semblante antes de presentarles un videoclip. Aquellos que vieron uno gracioso estaban de mejor ánimo. A ambos grupos se les presentó un test de memoria y aquellos que estaban de mejor humor se desempeñaron peor que quienes vieron uno sobre cómo instalar un piso.

“Mientras el almacenamiento de la memoria de trabajo disminuye, estar de buen genio no es tan malo. Se ha demostrado que aumenta las habilidades para solucionar creativamente problemas y otros aspectos del pensamiento”, dijo Martin.

Lo que sigue será averiguar el impacto del buen genio en situaciones de la vida real, como en un salón de clases.

El estudio apareció en Cognition and Emotion.

La primera gran comilona de la historia

Todo estuvo muy sabroso. Hubo tortuga y carne de res asadas. Hasta sobró.
En la región de Galilea al norte e Israel, Natalie Munro de la Universidad de Connecticut y Leore Grosman de la Universidad Hebrea en Jerusalén reportaron que hubo una gran fiesta.
Hallaron vestigios de al menos 71 conchas de tortuga y tres reses salvajes en dos grandes contenedores huecos cavados en el suelo, demasiado para ese periodo.
Las conchas y los huesos de los animales presentaban evidencias de haber sido cocinados, indicando que habían sido cortados para el consumo humano.
Esta fiesta fue organizada hace cerca de 12.000 años, siendo el registro más antiguo que se tiene de una celebración así.
Los científicos, dijo Munro, han especulado que las fiestas comenzaron antes del Neolítico, periodo que comenzó hace unos 11.500 años.
El hallazgo significa que las festividades comenzaron antes de la aparición de la agricultura.
Cada uno de los huecos fue cavado con el propósito de una ceremonia fúnebre humana y las actividades festivas relacionadas. Las conchas de tortuga estaban sobre, debajo y a los lados de un chamán enterrado con ritos.
La carne de las tortugas podría haber alimentado al menos a 35 personas.
A Munro le llama la atención el porqué de la fiesta, explicándolo quizás por las primeras reuniones familiares en torno a nuevas fuentes de comida o tras el asentamiento de una comunidad nómada, que servía para estrechar los lazos en un medio muy conflictivo, pues no había grandes comunidades.
Al momento de la fiesta descubierta, los individuos humanos de entonces apenas estaban entrando en contacto. En la foto, el sitio de la comilona.