Ante el acoso sexual ¡nade rápido!

Foto Darren Croft, U. of Exeter

No es sencillo. En el mundo animal la reproducción sexual puede involucrar el intento de los machos por obligar a las hembras a aparearse con ellos, aún si no están interesadas en un principio.

Esa conducta típica del macho está manejada por el conflicto de intereses sobre la reproducción y ejerce una presión selectiva sobre ambos sexos.

Hay un nuevo ejemplo interesante: un estudio con guppys liderado por investigadores de las universidades de Glasgow y Exeter reveló cómo esa presión puede producir cambios fisiológicos al estilo de los que logran los atletas que entrenan para lograr un mejor desempeño.

Es que como dice Shan Killen, de Glasgow, “la coerción sexual de las hembras por parte de los machos está extendida en todas las especies que se reproducen sexualmente. El éxito reproductivo del macho está limitado por el acceso a las hembras y los machos de muchas especies tratan de resolverlo mediante distintas estrategias, como cazando y aún atacando las hembras para lograr aparearse”.

Este acoso sexual hace que las hembras pierdan mucha energía evitando los machos y hasta pueden resultar heridas.

Para reducir esos costos, explica el investigador, una posibilidad es que las hembras cambien comportamientos o incluso su fisiología. Así evitarán las consecuencias energéticas negativas del acoso y podrán escapar más fácilmente.

Así, estudiaron esa idea en laboratorio exponiendo hembras guppys (Poecilia reticulata) durante varios meses a distintos niveles de acoso de los machos distinto al que podrían encontrar en su medio natural.

Safi Darden de la Universidad de Exeter indicó que en su ambiente, los machos pasan la mayor parte del tiempo cortejando y coercionando las hembras en su intento por aparearse. La mayoría de ese comportamiento es rechazado por las hembras, que los evaden alejándose rápido de ellos.

Luego de 5 meses, las hembras expuestas a altos niveles de acoso nadaban mucho más eficientemente, usando menos energía para nadar a una velocidad dada en comparación con las sometidas a bajos niveles.

Al parecer, ese aumento en la velocidad de nado condujo a cambios en la fisiología de la mecánica del nado, reduciendo los costos energéticos permitiéndoles evadir aquella conducta coercitiva.

La técnica de nado parece importante, pues las hembras acosada menos pasan más tiempo nadando con sus aletas pectorales extendidas, indicador de ineficiencia.

Un cambio como el de los atletas que entrenan para superarse.

Pájaros amenazados tienen alas más grandes

Imagínese: vive usted en un territorio repleto de maleantes fortachones que amenazan a todo el que se le atraviese. En unos años, los descendientes suyos serán más grandes, para poder arreglárselas con los malandrines. ¿Un sueño estúpido?

Eso no dicen la golondrina ni el carbonero, aunque el cuento no es el mismo. De todas maneras muestra cómo es de increíblemente complejo y sorprendente el mundo que nos rodea.

Las hembras que están expuestas a los depredadores mientras ovulan, producen descendientes más pequeños, según hallaron investigadores. Los polluelos pueden ser más pequeños, pero sorprendentemente sus alas crecen más rápido y largas que aquellos de madres no expuestas a la amenaza, una adaptación que puede ayudarles a evitar mejor los depredadores.

Tal parece que la sola presencia de un depredador puede cambiar el comportamiento de las posibles presas. Diversos estudios han mostrado que las aves a las que se les muestran depredadores con frecuencia aumentan sus defensas en el nido e impulsan a sus hijos a salir más rápido de él quizás para evitar ser víctimas fáciles del atacante.

Un nuevo estudio sugiere que además del comportamiento, puede modificarse la fisiología.

En un estudio previo en 2005, se encontró que cuando a las hembras de la golondrina (Hirundo rustica) se les presentaban modelos de depredadores, sus huevos contenían más corticosterona, la hormona del estrés, que hacía que eclosionaran más pronto y los polluelos fueran más pequeños. No se sabía si se debía a los efectos negativos del estrés o a una respuesta adaptada para ayudar a los descendientes a enfrentar mejor la intensa presencia de depredadores.

Ahora, Michael Coslovsky y Heinz Richner, ecólogos evolutivos de la Universidad de Berna en Suiza estudiaron una población natural de carboneros comunes (Parus major) que anidaban en los bosques de Bremgartenwald cerca de Berna. Los científicos expusieron los pájaros a modelos y a sonidos de audio del depredador, el halcón Accipiter nisus, o bien a canciones del zorzal común Turdus philomelos, que no los ataca. Dos días después, esas hembras pusieron sus huevos, los jóvenes fueron recogidos y colocados al cuidado de padres en bosques no manipulados. Todos los descendientes fueron monitoreados y marcados para su estudio.

Coslovsky y Richner reportaron en el journal Functional Ecology que los descendientes de las madres expuestas a depredadores eran universalmente más pequeños que los de las que no fueron expuestas, justo antes de que tuvieran plumas. El tamaño del plumaje tiene conexión con la supervivencia futura.

El dúo halló también que el crecimiento de las alas difería en los dos grupos: las de madres expuestas a la amenaza crecieron más rápido y una vez maduraron, esas alas eran unos 1,8 milímetros más largas que las de los otros pájaros, una pequeña pero significativa diferencia para el desempeño en el vuelo.

En la foto, un carbonero común.