La triste muerte del oso polar

No fue el primero, sino el anuncio de que algo no viene bien y empeorará. En la isla Svalvard en el Ártico fue encontrado el cuerpo de un oso polar que parece murió de hambre. Hambre que lo llevó hacia la zona norte en busca de focas, pero no pudo llegar.

El cambio climático sigue cobrando una factura que quizás no exista manera de cancelar. Científicos creen que a este ritmo hacia 2054 habrá desaparecido esa región. Y si se pierden los hielos permanentes, ¿de que vivirán los osos? Tragedia.

Ian Stirling, quien ha estudiado osos durante más de 40 años, dijo al periódico inglés The Guardian que “por la posición en la que quedó para que simplemente murió de inanición. No tenía señales externas ni grasa. Estaba reducido a los meros huesos y la piel”.

Triste final para uno de los más poderosos depredadores en la Tierra.

El oso había sido examinado en abril por científicos noruegos, a unos 240 kilómetros al sur y parecía saludable.

“La mayoría de los fiordos en los canales internos de Svalbard no se congelaron bien el invierno pasado y distintas áreas conocidas por el oso para cazar focas en la primavera, no parecen haber estado tan productivas”, dijo Stirling, quien pertenece al grupo de conservación Polar Bears International. “Como consecuencia el oso probablemente fue a otra zona en busca de comida, pero no tuvo éxito”.

Los osos han evolucionado para vivir en el hielo. Dependen de cazar focas y la pérdida de hielo en el mar ha significado un aumento de ahogamientos y canibalismo y en una reducción de la población.

“La vista era muy triste”, dijo Ashley Cooper, quien tomó la foto del oso muerto.

Cooper contó que vio 5 osos polares vivos en un viaje de 12 días a Svalbard. “Tres lucían muy delgados y no en buena condición” y el único que vio saludable estaba cazando en el hielo marino, escasamente grueso para soportar su peso, a unos 880 kilómetros del Polo Norte.

La suerte del oso podría ser la de todos los demás de su especie en unos 10 a 20 años.

Aunque no se puede culpar al cambio climático por la muerte de un animal recordó Jeff Flocken, del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (International Fund for Animal Welfare), pero la pérdida drástica y los cambios a largo plazo en el hábitat ártico, amenazan la existencia del oso polar: hoy quedan menos de 20.000 individuos y la Encuesta Geológica de Estados Unidos estimó hace unos años que para 2050 solo quedaría un tercio. Otros creen que será antes.

Para unos, quizás no sea algo importante. Pero luego serán otras especies a las que les pase el tiempo de vivir.

La sorprendente ave que reconoce las personas por el rostro

Yo te conozco, chico malo

Quienes estén familiarizados con los animales domésticos y algunos otros en las fincas saben que ellos los pueden reconocer. Y distinguen bien quién los trata mal.

Reconocen nuestras caras, nuestra voz y nuestro olor. Una mascota responde distinto frente a su amigo que frente a un extraño.

Pero son más. Diversos estudios han demostrado que las abejas, los pollos, las palomas, las ovejas, las llamas, los pingüinos, las focas, conejos, caballos, lagartos y hasta los pulpos reconocen personas individualmente.

Y hay algo en común con estos animales: están expuestos de una manera u otra a los humanos. Pero, ¿pueden los animales salvajes reconocernos?

Anécdotas sobre el tema existen muchas, pero evidencias científicas pocas. No hace mucho, se ha mostrado que los pájaros mímidos y los cuervos americanos reconocen las personas que amenazan sus nidos o los han capturado.

A la lista se debe sumar una nueva especie: la urraca de pico negro.

Cada primavera, investigadores de la Universidad Nacional de Seúl y la Universidad Ewha Womans llevan una rutina, una encuesta anual de las crías exitosas de urracas en el campus. En 2009 notaron algo extraño. Won Young Lee, estudiante de doctorado, que siempre trepaba a los árboles para tomar huevos y polluelos y contarlos, y principal autor del estudio en Animal Cognition, comenzó a ser seguido y atacado por los dueños de los nidos.

Aunque estaba con una persona la primera vez y le entregó la gorra para que no lo reconocieran y siguió luego camino aparte, no tuvo escapatoria: los cuervos siempre lo seguían a él.

Las aves de los nidos que no tocaba, no se molestaban con él.

Con base en ese hecho casual, diseñaron un experimento para verificar si los cuervos reconocían a las personas, encontrándose que sólo atacaban a quienes subían a los nidos.

“Fue algo inusual”, dijo Sang-im Lee, líder del grupo de encuestadores,. Durante 15 años habían hecho el sondeo anual, pero no los habían seguido. ¿Qué había de especial esta vez?

Que Lee fue el único que subió a los nidos a colocar cámaras, pues en las otras ocasiones lo habían todos. Así, las aves comenzaron a reconocerlo como el chico malo que usurpaba su nido y sus polluelos.

La distinción la hicieron pese a que en el experimento otras personas usaban la misma ropa. No se cree que distingan por el olor, pues no son buenos para ello y la distancia siempre fue de más de 10 metros. Es más posible que usen su visión y reconozcan la cara.

Para Piotr Jablonski, quien diseñó el experimento “es sorprendente cómo las urracas pueden reconocer un individuo entre 20.000 presentes en el campus”.