Detectan nacimiento de estrella supermasiva

Dibujo del proceso de formación de una estrella. Cortesía Instituto de Astronomía

Dibujo del proceso de formación de una estrella. Cortesía Instituto de Astronomía

 

No se ha acabado de formar y ya es una grandulona. Es una estrella a 11.000 años luz de la Tierra que tiene hasta ahora unas 30 veces la masa del Sol y aún anda rodeada de materia de la nube molecular de la cual se forma. La estrella se denomina G11.92-0.61 MM1.

Para los astrónomos es una oportunidad de estudiar de primera mano la formación estelar. Las masivas jóvenes con más de 8 veces la masa solar son más difíciles de estudiar: mueren más jóvenes y de hecho son minoría en nuestra galaxia, la Vía Láctea, y están más alejadas.

Una estrella como el Sol se forma en pocos millones de años, pero una gigante en solo 100.000, explicó John Ilee, cabeza del estudio, del Instituto de Astronomía en Cambrigde. Estas además consumen más rápido su material y mueren rápido.

Los astrónomos lograron ver el disco de material que rodea la joven naciente, considerada una protoestrella (protostar).

Por eso las miradas seguirán sobre esta estrella, que puede aportar datos al entendimiento de la formación estelar.Próximamente con la red Alma en Chile, que permitiría ver si tiene compañeros en las cercanías o si se están formando planetas. 

El estudio apareció en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Halos galácticos muestran su cara

Halo combinado de todas las galaxias y en el centro la NGC 5775. Foto ayanne English (U. Manitoba), with support from Judith Irwin and Theresa Wiegert (Queen’s U.) for the CHANG-ES consortium; NRAO/AUI/NSF; NASA/STScI: Theresa Wiegert, Judith Irwin and the CHANG-ES consortium)

Como que no se ven a veces, pero ahí están. Un nuevo estudio reveló que los halos de rayos cósmicos y campos magnéticos abajo y debajo de las galaxias espirales son muy comunes. Más de lo pensado.

Un grupo internacional de astrónomos usó el VLA para estudiar 35 galaxias espirales a distancias de 11 a 137 millones de años de la Tierra. Un proyecto que se valió de la capacidad del VLA para detectar emisiones de radio más débiles de lo que se podía hasta ahora.

“Sabíamos que los halos existían, pero con las nuevas técnicas hallamos que son mucho más comunes entre galaxias espirales de lo que creíamos”, dijo Judith Irwin, de Queen’s University en Canadá, líder del proyecto.

Esta clase de galaxias, como nuestra Vía Láctea, tienen la gran mayoría de estrellas, gas y polvo en el disco aplanado con brazos espirales. La mayoría de la luz y ondas de radio vistas con telescopios provienen de objetos en el disco. Ha sido difícil conocer mucho de las zonas abajo y arriba.

“Estudiar los halos con radiotelescopios no proporciona valiosa información acerca del rango del fenómeno, incluyendo la tasa de formación estelar dentro del disco, los vientos de estrellas que explotan, y la naturaleza y origen de los campos magnéticos galácticos”, según Theresa Wiegert, también de Queen’s y cabeza del artículo publicado en el Astronomical Journal.

Para ver cómo es el halo promedio, se escalaron las imágenes de todas las galaxias y luego Jayanne English, de University of Manitoba en Canadá las combinó en una sola y espectacular imagen, mostrando que los rayos cósmicos y campos magnéticos no solo permean el disco sino que se extienden arriba y abajo de la galaxia.