Futbolistas: cabecear un balón afecta el cerebro

Un futbolista que sea buen cabeceador, en defensa o ataque, es un privilegio por el que muchos equipos pagan buen dinero, pero hay un costo no considerado hasta ahora: para el jugador.

Con técnicas avanzadas de imágenes y tests cognitivos, investigadores del Albert Eisntein College of Medicine de Yeshiva University y el Montefiore Medical Center y University Hospital mostraron que golpear repetidamente el balón con la cabeza aumenta el riesgo de lesión cerebral y dificultades cognitivas.

La parte del estudio con las imágenes fue presentada en el congreso anual de la Radiological Society of North America en Chicago.

Los investigadores analizaron a 38 jugadores aficionados con edad promedio de 30,8 años que habían practicado el deporte desde su niñez. Se les pidió recordar el número de veces que cabeceron el balón durante el último año. De acuerdo con el número fueron rankeados y luego se compararon con las imágenes cerebrales tomadas.

Se encontró que quienes cabeceaban con mayor frecuencia presentaban lesiones cerebrales similares a las de pacientes con conmoción, o lesión cerebral traumática media.

Para los investigadores el hallazgo preocupa dada la popularidad del deporte, cuyo auge se mantiene en aumento.

El daño comienza a verse con más de 1.000 a 1.500 cabeceadas al año, algo que no es raro en futbolistas que practican todo el año casi todos los días, indicó Michael Lipton, principal investigador.

“Cabecear un balón no es un impacto de una magnitud que lacere las fibras nerviosas del cerebro, pero el cabeceo repetido puede desencadenar una cascada de respuestas que puede conducir a una degeneración de las células cerebrales”, dijo.

Los científicos detectaron 5 áreas afectadas por el cabeceo frecuente (lóbulo frontal, región temporo-occipital), áreas responsables de la atención, la memoria, el funcionamiento ejecutor y funciones de visuales.

En un test paralelo conducido por Molly Zimmerman, en el que se les dio a los 38 jugadores un test para determinar su funcionamiento neurológico, aquellos con el número mayor de cabeceos lo hicieron peor en las pruebas de memoria verbal y velocidad psicomotriz, actividades que requieren coordinación mente-cuerpo, como patear un balón.

Dejar de cabecer en el fútbol es imposible. ¿Podría hacerse algo? Por ahora: más estudios.