Ser aventurero tiene bases genéticas

Unos más aventureros que otros. Y aunque puede ser por situaciones que se presenta en la vida, parece que hay algo detrás que impulsa esa conducta: los genes.

Un grupo de científicos descubrió que los descendientes de las mariposas exploradoras que colonizan nuevos hábitats difieren genéticamente de sus primos más cautos. El grupo, encabezado por James Marden, profesor de Biología en Penn State Univerrsity, y Christopher Wheat, de esa universidad y de la de Helsinki, reveló algunas de las bases genéticas para la maduración más rápida de los huevos, una tasa metabólica más alta y una mayor capacidad de vuelo, rasgos que proveen una ventaja para las mariposas que salen del territorio familiar para fundar nuevas poblaciones en hábitats no ocupados antes.

La investigación aparecerá publicada en mayo en Molecular Ecology.

Marden explicó que la mayoría de especies no se encuentran por todas partes porque tienden a requerir hábitats muy específicos. “Las mariposas, como muchas otras especies, son especialistas. Son muy selectivas sobre dónde vivir. Esa selectividad les confiere lo que los ecólogos llaman una distribución irregular”.

En esos ambientes, los organismos enfrentan una elección fundamental entre permanecer en su espacio nativo o aventurarse en busca de un sitio diferente adecuado. Permanecer en el mismo lugar es seguro para la supervivencia inmediata, pero puede exponer los descendientes a diferentes parásitos, mientras que dispersarse es riesgoso pero paga con creces si se encuentra un sitio no ocupado.

Las diferencias básicas entre aventureros y no, se encontró en el gen fosfoglucosa isomerasa (Pgi).

¿Tendrá alguna incidencia en humanos?

En la imagen, una mariposa Granville fritillary. Cortesía Penn State University-J. Marden.

El gusto por el café está en los genes

Si le gusta el café quizás no sea porque su gusto es refinado. La explicación está dentro de usted: en sus genes.

Dos genes en los cuales las variaciones afectan la ingestión de café han sido descubiertos y el estudio publicado en Plos Genetics.

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, Harvard School of Public Health, Brigham and Women’s Hospital y la Universidad de North Cartolina en Chapel Hill analizaron variantes genéticas en el genoma completo de más de 47.000 individuos de Estados Unidos.

Los genes identificados son el CYP1A2, que había sido implicado antes en el metabolismo de la cafeína, y el AHR, relacionado con la regulación del CYP1A2.

Los individuos con el genotipo para el más alto consumo de uno de esos genes consumían más o menos 40 miligramos o más de cafeína que aquellos con el genotipo del menor consumo, equivalente a 1/3 de taza de café descafeinado, o 1 lata de cola.

La cafeína ha sido involucrada en distintas condiciones psicológicas y médicas, aunque diversos estudios han mostrado también que sus efectos son, por el contrario, benéficos.

Estudios futuros de las variantes genéticas identificadas podrían ofrecer una mirada a la velocidad del metabolismo del café, cómo circula en la sangre o si hay efectos psicológicos por consumir determinada cantidad.

Ya lo sabe: si toma mucho café, debe tener las variantes genéticas que lo inducen a eso. Si no toma, no es que sea anormal: sólo que no posee esos genes, aunque el estudio en ningún momento descarta el consumo por otros factores.