Los humanos pecamos más por omisión

Curioso: Es mejor pecar por omisión que por comisión. A eso, parece, somos más dados los humanos.

La gente se siente mejor dejando que las cosas sucedan antes que provocar algo malo, según un estudio publicado por Psychological Science. Esto se debería a que creemos que las personas pensarán peor de nosotros si hacemos algo que no se debe a que si dejamos que simplemente pase.

“La omisión y la comisión aparecen con relativa frecuencia en la vida diaria y a veces son un rompecabezas”, afirma al psicólogo de moral, Peter DeScioli, de Brandeis University, quien condujo el estudio con John Christner y Robert Kurzban, de la Universidad de Pennsylvania.

“Si un cajero le entrega a usted 20 dólares extras, algunos pensarán que está bien quedarse con el dinero, pero muchos de ellos nunca sustraerían el billete si el cajero no estuviese mirando”.

Los psicólogos han creído que esto se da porque el cerebro comete un error; trabaja diferente a través de cálculos morales cuando pensamos en un pecado por omisión –no devolver el billete- contra el pecado de comisión –robárselo. Pero DeScioli y colegas pensaban distinto: que la gente estaba en verdad haciendo una decisión estratégica acerca de cómo actuar basados en cómo alguien más podría juzgarla.

Para resolverlo, idearon un experimento con personas reclutadas a través de un sitio web que paga a las personas pequeñas cantidades de dinero por hacer unas tareas. Y pudieron comprobar que las personas son más dadas a hacer algo malo por omisión si sabían que podían ser castigadas por su acción.

El estudio ayudará a los psicólogos a sortear la relación entre conciencia –las decisiones morales que usted hace por su cuenta- y condena, los juicios negativos hechos por personas que lo ven actuar.

Dando vueltas toda la vida

Quiérase que no: cuando una persona se extravía, lo usual es que comience a caminar en círculos, según demsotración empírica del Grupo de Acción y Percepción Multisensorial del Instituto Max Planck.
En su estudio publicado en Current Biology, examinaron la trayectoria de varias personas que caminaron durante horas en el desierto del Sahara en Túnez y en los bosques de Bienwald (Alemania).
Mediante un sistema de posicionamiento geográfico, grabaron sus trayectorias y mostraron que los participantes sólo fueron capaces de mantener una línea recta cuando el Sol o la Luna eran visibles. Tan pronto el Sol desaparecía tras las nubes, comenzaban a andar en círculos.
Una explicación que se le daba a esta situación, explicó Jan Souman, era que todas las personas tienen una pierna más corta que la otra, lo que incide en su una tendencia a caminar hacia un lado. Pero al removerse el efecto de la visión con un vendaje, los participantes caminaban en círculos, incluso en unos tan pequeños de 20 metros. Y no eran en una sola dirección, sino a veces a la derecha, otras a la izquierda.
Para Marc Ernst, de ese Instituto, los resultados revelan que aún cuando la gente está convencida de caminar en línea recta, su percepción no es siempre confiable. Para hacerlo, requieren alguna pista confiable, como una torre, la distancia a una montaña o el Sol.