Hay insectos que se ‘broncean’

Lo toman los humanos, generalmente por vanidad. Lo toman los animales, pero por razones bien diferentes.

Científicos reportaron insectos que se asolean para mantenerse sanos y combatir gérmenes que los atacan. El estudio fue publicado en Entomologia Experimentalis et Applicata.

Los insectos del árbol del arce, (boxelder bugs Boisea trivittata) son una peste. En inviernos ingresan a las casas en busca de protección. Son conocidos por liberar un olor muy fuerte cuando se reúne en grupo bajo parches de luz solar.

Los químicos producidos así les ayudan a protegerse matando los gérmenes que viven en las hojas, reveló el estudio conducido por Joseph J Schwarz y colegas en Simon Fraser University, Canadá.

Los adultos de esta especie, llamada por su hábitat –los viejos árboles de arce-, crecen hasta un centímetro y se pueden hallar en grandes grupos de miles de individuos.

Cuando el clima comienza a enfriar en otoño se mueven hacia las casas, apareciendo ocasionalmente para tomar el sol antes de salir de nuevo en primavera. Los grupos son conocidos también por emitir olores, monoterpenos, por las glándulas de su parte posterior.

En el pasado se había conjeturado que esos compuestos podían ser una defensa o jugar en rol en la reproducción atrayendo parejas y repeliendo competidores.

Pero en el estudio, Schwarz y colegas hallaron que los químicos emitidos durante las sesiones de ‘bronceado’ no parecían comunicar nada a los otros insectos. En vez de eso, el equipo descubrió que los compuestos les ayudaban a librarse de gérmenes.

Los insectos bajo el sol se acicalaban frotando sus patas con las glándulas productoras de los compuestos. Bajo el microscopio, se encontró que los químicos alcanzaban microbios en las hojas alterando su estructura celular para prevenir una invasión del cuerpo del insecto.

“Estamos maravillados. La sinergia luz solar-químicos para matar patógenos es simplemente increíble y era desconocida”, dijo Schwarz.

Al usar el poder del Sol sin depender de las plantas, coloca estos insectos en un grupo élite, dijeron los científicos.

La planta carnívora más extraña

La más sofisticada herramienta de caza acaba de ser detectada en una planta brasileña.

Sí: de caza. Mediante hojas pegajosas que permanecen enterradas, la planta captura y digiere gusanos, una forma desconocida de proveerse alimento en plantas carnívoras.

La planta, Philcoxia minensis, se encuentra en las llanuras tropicales de Brasil, y aunque algunas de sus pequeñas hojas crecen sobre la superficie, la mayoría yace debajo de la superficie de las arenas blancas donde crece.

El hallazgo fue presentado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Cuando la planta fue documentada por primera vez, los científicos notaron las hojas redondeadas soportadas por yemas y terminadas por glándulas que segregan una sustancia pegajosa. Todos esos son indicativos de una planta carnívora, pero nunca se le vio en acción.

“Por lo general pensamos que las hojas solo son órganos fotosintéticos, por lo que a primera vista luce extraño que una planta tenga hojas subterráneas, donde hay poca luz”, dijo Rafael Silva Oliveira, ecólogo de la Universidad de Campiñas en Brasil, a LiveScience. “¡Por qué favorecería la evolución la persistencia de este rasgo aparentemente desfavorable?”

Al sospechar que podría ser una planta carnívora los científicos examinaron si podía digerir y absorber nutrientes de varios nemátodos que terminan atrapados por el pegajoso aditivo.

Los análisis químicos de las hojas mostraron que descompone y absorbe los gusanos. Las hojas poseen igualmente actividad enzimática digestiva similar a la conocida en plantas carnívoras, lo que indica que los gusanos nos e descomponen naturalmente.

Los investigadores especulan que las hojas atrapan los gusanos y leugo secretan enzimas que digieren los gusanos.

Datos de Nature indican que apenas 0,2% de las plantas con flores son carnívoras, dato que podría estar subestimado.

Foto cortesía PNAS

Especial fin de semana: nuevos trucos para medicinas viejas

Loro viejo no aprende a hablar dice el dicho popular, pero cuando las circunstancias obligan… debe aprender.

La crisis económica, los altos costos de los desarrollos y tanta enfermedad que hay por ahí ha derivado en una tendencia mundial: enseñarles nuevos usos a viejas drogas, una idea que viene de la mano de una rigurosa revisión para encontrar entre los medicamentos ya aprobados la solución a enfermedades raras o a las llamadas del tercer mundo, las enfermedades olvidadas.

Un trabajo coordinado por el Chemical Genomics Center de los Institutos de Salud de Estados Unidos comenzó a examinar la colección de drogas aprobadas para ver si sirven en la lucha contra las enfermedades olvidadas y las más de 6.000 enfermedades raras que existen y afectan y acaban la vida de miles de personas.

“Es el primer paso para explorar el potencial completo de esas drogas para nuevas aplicaciones”, dijo Francis Collins, director de los Institutos. ”La esperanza es que el proceso permita identificar algunos nuevos tratamientos para las enfermedades raras y las olvidadas”.

La iniciativa llega casi junto a la emprendida por empresas como Biovista, de los hermanos Persidis, quienes tratan de responder una pregunta elemental: si se conoce cómo trabaja una droga, ¿podemos analizar datos de estudios de laboratorio y ensayos clínicos para predecir qué otras enfermedades podría combatir un determinado medicamento? “Las drogas nos sorprenden todo el tiempo con nuevas actividades”, explicaron los Persidis.

Créase o no, hay escasez de nuevos productos terapéuticos mientras una creciente población mundial los demanda casi suplicante.

Es que el uso de un medicamento para otro propósito o para reposicionarlo no es idea nueva. El Viagra, por ejemplo, se examinó primero para tratar la hipertensión antes de llegar a ser la punta de lanza contra la disfunción eréctil. El arsénico, utilizado alguna vez para tratar la sífilis, se emplea hoy para combatir la leucemia. Y la talidomida, desarrollada para evitar las náuseas en mujeres preñadas y que fue retirada del mercado en los años 60 luego de comprobarse que causaba terribles defectos en los bebés, recibió en 1998 2006 una segunda oportunidad para combatir la lepra y en 2006 para luchar contra un cáncer.

El estudio de los Institutos de Salud se basa en una completa información acerca de los casi 27.000 ingredientes farmacéuticos activos, incluidas 2.750 moléculas pequeñas aprobadas.

La colección se puso a disposición de los interesados, que pueden buscarla por el nombre de las medicinas, la estructura química, su estatus de aprobación y las indicaciones. También se incluyen drogas en investigación. La meta final es coleccionar los más de 7.500 compuestos que han sido probados en humanos y que constituyen un potencial para luchar contra aquellas enfermedades.

El desarrollo de una nueva medicina es costoso y en el caso de las enfermedades raras y las olvidadas, no llama mucho la atención por el poco retorno de la inversión: reducido número de pacientes o muy pobres para pagar por las medicinas. Así, hoy se dispone de terapias para menos de 300 enfermedades raras.

Los medicamentos aprobados son razonablemente seguros y efectivos para el tratamiento de una determinada condición. Cuando se usan en grandes poblaciones, nuevos beneficios o efectos adversos son descubiertos. Por eso el empleo de drogas aprobadas puede ser extendido más allá del objetivo inicial para el cual fue autorizada.

Hace poco, un grupo que examinaba muestras de sangre de un paciente para ver qué genes y proteínas estaban activos en un síndrome llamado fiebre infantil periódica asociada con estomatitis aftosa (aftas), faringitis y adenitis cervical, que provoca cuadros mensuales de fiebre con dolor de garganta, lesiones bucales y glándulas inflamadas, detectó genes hiperactivos en la respuesta inmune del paciente, incluyendo interleucina-1, una molécula importante en la fiebre y la inflamación. Con esos datos, lanzaron la hipótesis de que la anakinra, una droga que previene que la interleucina se una con su receptor, podría ayudar. Y así fue.

Una aproximación más es el estudio de drogas que provoquen alguna actividad biológica en modelos de enfermedades basados en células. Aquellas que registren tal actividad podrían ser estudiadas luego por su potencial terapéutico.

Hasta hoy se han examinado drogas aprobadas para unos 200 de esos modelos.

Solo con identificar una enfermedad distinta que puede ser tratada con una medicina existente, las compañías pueden saltarse los ensayos clínicos iniciales y reducir los 10 a 15 años y los más de 1.000 millones de dólares que toma llevar una droga hasta el mercado, aparte de que se podrían recuperar pérdidas por intentos fallidos con algunos candidatos a medicinas.

En el pasado, el reposicionamiento de una medicina ha sido un proceso impredecible, en ocasiones un feliz accidente cuando un médico notó algún efecto extraño o un investigador documentó un uso fuera de etiqueta.

“El valor de un nuevo propósito para una droga ha sido poco apreciado”, según Pankaj Agarwall, director de Biología Computacional y Bioinformática en GlaxoSmithKline. “Si usted puede hallar un nuevo uso para algo que ha estado en el mercado por 5, 10, 20 años, es algo muy poderoso”.

En uno de esos intentos trabaja NuMedii, una compañía californiana nacida en 2008. Atul Butte, propietario y pediatra endocrinólogo, mapea patrones de actividad de genes de una base de datos con más de 300 enfermedades. Si dos enfermedades comparten un perfil molecular –un set similar de genes activados- quizás también podrían compartir drogas.

Medicinas que funcionan para pacientes con ataques al corazón, por ejemplo, podrían quizás ser examinadas en personas con distrofia muscular.

Hasta ahora tiene resultados prometedores en modelos animales para dos drogas que podrían ser reposicionadas para combatir la enfermedad de Chron y el cáncer pulmonar.

Melior Discovery emplea drogas en una serie de 40 modelos animales que representan una amplia gama de enfermedades, del Alzheimer al asma y la vejiga hiperactiva.

Acercamientos diferentes con un mismo objetivo: descubrir nuevos usos para viejas drogas. O, para ser más exactos: enseñándole a hablar al loro viejo.

Algo debe funcionar.

Fuentes: The Scientist-ScienceDaily

Qué bien me hueles

Sí, quizás juzgar a una persona por el tipo de colonia que usa, no sea malo después de todo…
Investigadores de Duke University, mediante el uso de equipos especializados para analizar cientos de compuestos químicos en la esencia de un lemur de cola anillada, halló que con ella los machos no solo anuncian su bienestar para ser padres, sino que dejan ver algo de su árbol familiar.
Christine Drea, profesora de Antropología Biológica y de Biología, confirmó que ahora se sabe que ese olor proporciona información de la calidad genética del portador. Esa esencia en el macho refleja su mezcla de genes y con cuáles animales está emparentado. “Es un indicador claro, honesto, que ambos sexos pueden reconocer”, dijo.
Los lemures, primos lejanos nuestros, que se separaron del árbol familiar antes de que los monos y grandes simios lo hicieran, tienen un lenguaje de esencias elaborado y complejo que solo en los últimos años ha sido descubierto por los humanos. Un lenguaje mucho más rico del que podemos imaginarnos, en palabras de Drea.
Todos utilizan esencias y por eso la diversidad de glándulas es sorprendente. Los machos de cola anillada poseen glándulas de esencias en los genitales, la espalda y las muñecas, cada una produciendo un olor diferente. Otras especies de lemures también las tienen en la cabeza, pecho y manos. Si se suman las señales de las heces y la orina, se tiene una gran cantidad de comunicación encriptada en la sociedad de los lemures.
Así, cierta esencia es útil para el reconocimiento familiar y evitar peleas, además evitaría el apareamiento con hembras de la familia. Claro que estas son, aún, suposiciones.
Las hembras de esta especie solo poseen unan glándula de esencias en el área genital, pero la esencia es más compleja que la de los machos. No solo advierte de su estado de fertilidad, sino de si está preñada y de cuán avanzada está la gestación.
Los machos poseen otra glándula en el escroto, con la que marcan territorio y demuestran su bienestar físico durante la temporada de apareamiento.
Un complejo mundo de olores que se comienza a develar y que, seguramente, pocos conocían.
Después de esto, ¿qué le dice el olor de su pareja?
Foto de un lemur de cola anillada, cortesía Duke University