Insectos comen veneno para defenderse

Eso de darle al atacante una dosis de su propia medicina no es mala idea, ni aún siendo uno un gusano o un grillo.

Eso es lo que hacen, precisamente, el grillo africano Zonocerus variegatus y la oruga de la mariposa cinabrio Tyria jacobaeae, nativa de Asia y Europa.

Estos insectos se alimentan con plantas tóxicas para adquirir las toxinas que los hagan poco atractivos a sus depredadores naturales.

Un grupo del Instituto Botánico de la Christian-Albrechts-Universität zu Kiel (CAU), con investigadores del Technische Universität Braunschweig y City University College en Nueva York, publicaron nuevos hallazgos en este fenómeno.

Los científicos de Kiel han estado estudiando por más de 10 años cómo determinados insectos ingieren las toxinas de las plantas y las almacenan en sus cuerpos. Estas toxinas, llamadas pyrrolizidine alkaloids, se encuentran en diferentes plantas.

En el nuevo estudio mostraron que aquel grillo ha desarrollado una enzima específica , permitiéndole almacenar las toxinas como arma de autodefensa.

Hace unos años se halló una enzima idéntica en la mariposa cinabrio. “Lo más excitante de este hallazgo es que la evolución desarrolló tan complejo mecanismos dos veces en distintas especies”, dijo el profesor Dietrich Ober, del grupo de Kiel.

Las plantas venenosas emplean alcaloides como armas químicas para evitar ser comidas. Cuando los animales las consumen, inicialmente son nocivos, peor una vez en el sistema digestivo las sustancias se transforman en toxinas. La enzima identificada les permite a aquellos dos insectos convertir los alcaloides a un estado no tóxico para un almacenamiento seguro en sus cuerpos.

Por esa razón el grillo africano no tiene casi enemigos naturales, habiéndose convertido en plaga con frecuencia.

En la foto de Wikipedia Commons, el gusano cinabrio.

Reconstruyen canción de amor del Jurásico

Como si se estuvieran oyendo justo ahora, científicos reconstruyeron el canto de un grillo que vivió hace 165 millones de años, de acuerdo con el artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences

Como otros grillos, los grillos de arbusto machos les cantan a las hembras mediante estridulación, con la cual el sonido es producido por el roce de partes del cuerpo.

La longitud de las venas de las alas implicadas y la velocidad con que se frota contra la otra superficie determina la frecuencia que el ruido genera.

El fósil del estudio, Archaboilus musicus está tan bien preservado que permitió la medición de tales venas rugosas.

La forma y estructura de la vena determina si el grillo crea un tono puro (musical) de una sola frecuencia o un ruido elaborado que se expande por un amplio rango de frecuencias. El fósil de A. musicus sugiere que producía un tono musical, puro.

Para predecir la frecuencia del tono que emitía, el grupo de investigadores analizó la longitud de la vena en unas 60 especies de grillos actuales contra la frecuencia del sonido que producían, mostrando que las venas más cortas tendían a crear un sonido de más baja frecuencia. Luego, el modelo fue validado mostrando que podía predecir con exactitud las canciones que cantaban grillos de especies más cercanamente relacionadas con A. musicus. Después todo fue cuestión de ver dónde A. musicus cabía en ese gráfico y estimar la frecuencia de su canto.

El análisis sugiere que A. musicus producía un tono relativamente bajo y puro de alrededor de 6,4 kHz. Un tono apropiado apra comunicarse a través de grandes distancias y cerca al piso en la densa vegetación de las selvas jurásicas. En particular, las hembras podían recibir este tono puro dentro de los muchos que producían otras criaturas en el área, de acuerdo con Fernando Montealegre-Z de Bristol University, coautor del estudio.

Sonido del grillo en : Canto del grillo

Con esa caminada, ¡qué ganas!

No importan las distancias con tal de conquistar la pareja. Y lo que parece cierto en humanos, lo es, no sin padecimientos para un pequeño insecto ortóptero, el grillo weta de Nueva Zelanda.
La hembra de Deinacrida rugosa es uno de los insectos más pesados, con unos 20 gramos y tiene dos veces el tamaño del macho.
en un estudio de campo en la isla Maud en Nueva Zelanda, publicado este mes en The American Naturalist, por biólogos de la Universidad de Toronto en Mississauga (Canadá) descubrieron el éxito sexual del macho al viajar largas distancias en la noche.
Esta especie no tiene alas, pero sí unas patas grandes, lo que facilita su travesía amorosa. Clint Kellu, Luc Bussière y Daryl Gwinne encontraron que los machos viajan más de 90 metros en busca de una pareja sexual. Una distancia equivalente a 7.000 metros en los humanos. ¡Con ese cansancio, ya para qué!
Dado que un macho de esta especie gigante copula repetidamente con su pare a lo largo del día, los biólogos contaron cuánta esperma transfiere contando los paquetes vacíos de las espermatoforas.
Y no solo los machos viajan el doble que las hembras, sino que los de patas más largas caminan más lejos y consiguen más parejas, transfiriendo además mayor cantidad de esperma.
Los hallazgos, reconocieron los autores, son un ejemplo escaso de selección sexual favoreciendo un conjunto de rasgos que promueven una mayor movilidad solo en uno de los sexos.
“Es increíble porque sugiere que la selección sexual de los machos más pequeños y móviles podría ser responsable de una parte en la impresionante diferencia de tamaños en la especie”.
En la foto cedida por Darryl Gwynne se observa una hembra gigante en la mano del investigador