Peces protagonizan telenovela de amor y traición

Cuando se trata de tener sexo, los bien parecidos no siempre son los que obtienen la chica. De hecho, en algunas especies de peces de Suramérica, los rudos y furtivos vencen a los coloridos y refinados casi todo el tiempo-

En una serie de estudios de la especie Poecilia parae, cercanamente relacionada con los gupis, científicos de Syracuse University descubrieron cómo la relación entre las estrategias de apareamiento de los machos y la conducta del depredador ha contribuido a preservar la diversidad de colores a través del tiempo. El tercer estudio acaba de ser publicado en BMC Evolutionary Biology.

Como los gupis, Poecilia parea se reproduce sexualmente. A diferencia de aquellos, en los que ninguno de los machos tiene el mismo patrón de coloración, los Poecilia vienen cinco colores determinados genéticamente (rojo, amarillo, azul, rayado y una especie de gris que imita el color de las hembras inmaduras).

En su medio, la abundancia de cada color es más o menos constante a pesar de que las hembras prefieren aparearse con rojos y amarillos.

“Uno pensaría entonces que esos dos colores serían los dominantes con el curso del tiempo”, dijo Jorge Louis Hurtado Gonzales, autor principal del estudio.

Pero… esos dos son los colores que menos abundan.

El más reciente estudio mostró que mientras las hembras prefieren los rojos y amarillos, ellas eligen el que gane en los combates aleta-con-aleta del mundo de los peces de machos que pretenden la hembra. Los más grandes parae ganan casi siempre, obteniendo una ventaja pese a su coloración menos apetecida.

Los grises, que son los más pequeños machos, evitan el combate y son ignorados, menos por los machos amarillos. Los más grandes de estos siempre vencen a los grises. “En ausencia de combate, las hembras casi siempre elegirán un rojo”, dijo Hurtado. “Pero si el rojo pierde una pelea, la hembra se quedará con el vencedor. En la mayoría de los casos es el parae más grande, que es el macho más dominante”.

Los grises también juegan, pese a todo. Compensan su carencia de poder físico y de atracción a través de una estrategia que depende en la invisibilidad. En un estudio de 2009 en Animal Behavior, Hurtado halló que el color de los grises les provee un camuflaje que les permite enganchar la hembra mientras los rojos están buscando conquistarla.

Las hembras son promiscuas y se aparean con varios machos. Los grises, además, han desarrollado largos testículos, que producen más espermatozoides, otorgándoles una ventaja postcopulatoria en la carrera para fertilizar los huevos.

La interesante historia de amoríos y traiciones no termina allí. En otro estudio publicado en Evolutionary Biology, Hurtado-Gonzales encontró que un depredador común de los Poecilia parae prefiere una cena con rojos y amarillos, quizás porque sus colores son más fáciles de distinguir. Esta desventaja contribuye al bajo número de rojos y amarillos en la población general.

“Parece que dentro de la escala evolutiva, los machos menos atractivos persisten sobre sus contrapartes más atractivos evolucionando estrategias exclusivas de apareamiento pero igualmente efectivas”, dijo el autor.

Entonces, la existencia de varias coloraciones en estos peces se deriva de la interacción entre el control de los depredadotes de los machos atractivos y la habilidad de los machos menos atractivos para explotar otras áreas de la selección sexual, incluyendo el dominio, la trampa y la competencia de los espermatozoides.

Toda una telenovela al natural.