Por un pelo, no tenemos espinas en el pene

Menos mal. Gracias a una jugada de la evolución… no tenemos espinas en el pene.

Sí. Un estudio que publica hoy la revista Nature muestra que en algún punto de nuestra historia evolutiva, los humanos perdieron un pedazo de ADN que de otra forma habría promovido el crecimiento de espinas óseas en el pene.

Se trata de sólo una de millones de pérdidas genéticas que nos separan de nuestro más cercano pariente, el chimpancé.

El estudio también informa la desaparición de un suiche de supresión del crecimiento, que permitió que nuestro cerebro creciera más.

Con los chimpancés compartimos cerca del 95 por ciento del genoma. La gran pregunta es ¿cuál es la biología molecular de ser humanos?, se preguntó David Kingsley, coautor del estudio y biólogo de Stanford University, de acuerdo con LiveScience.

Para averiguarlo, con otros colegas comparó el genoma del chimpancé, secuenciado en 2005, y el de los humanos, secuenciado en 2001. Hallaron millones de diferencias, pero para poder hacer la comparación se centraron en un número manejable: sólo 510 segmentos de ADN que están presentes en muchos otros animales, chimpancés incluidos, pero no en los humanos, lo que podría explicar qué nos hace especiales.

Dos categorías de genes mostraron la propensión a pérdidas cercanas de ADN. La primera, genes relacionados con el desarrollo neuronal. Uno suprime normalmente el crecimiento celular. Los humanos aún lo tienen, pero un pequeño segmento vecino no está, el que en otros animales controla la expresión de genes en unas partes del cerebro.

La segunda categoría de genes con la ausencia de vecinos reguladores es un grupo de genes receptores de andrógenos, hormonas masculinas, responsables entre otras del desarrollo de espinas óseas en el pene de otros animales.

Esas espinas son eso, pequeños huesos o puntas en la cabeza del pene de muchos animales. Por ejemplo, un escarabajo cuya dura y afilada punta hiere el tracto reproductivo de la hembra durante la entrega de esperma.

Roedores, mamíferos los tienen, e incluso pitones, cuyo hemipenis en forma de Y es a menudo espinoso para agarrarse de las paredes de la abertura femenina, la cloaca..

En especies con espinas en el pene, las hembras tienden a aparearse con varios machos. Las espinas pueden haber evolucionado para limpiar el esperma de un rival o para herir la vagina de la hembra, de modo que se aparee menos con otros.

En la foto, apareamiento de escarabajos.

De la que nos salvamos.

El difícil mundo del apareamiento (y 2)

No es fácil reproducirse. Demanda tiempo y energía, lo que es muy costoso para muchos animales, incluidos los humanos.

Un pez convertido en gónadas. Uno de los casos más sorprendentes es el del pez Linophryne brevibarbata. En esta especie el macho se adhiere a la hembra en las profundidades marinas, la muerde y nunca más se va. Sus tejidos comienzan a fundirse, sus vasos sanguíneos se unen y el macho poco a poco se atrofia, perdiendo primero sus órganos digestivos, luego su cerebro, el corazón y los ojos, hasta que es nada más que un par de gónadas. La hembra luce como si tuviera barbas o ramas que salen de su cuerpo (foto): son los restos de su amado pez. Ella puede portar varios machos en su cuerpo, asegurándose el constante suministro de esperma fresca.

Puro hueso para roer. Algunos animales, la mayoría de los mamíferos, poseen penes con huesos o una báculo, que le confiere mayor rigidez al miembro. El más largo de todos pertenece a la morsa, con 75 centímetros. En los hombres funciona es un pene vascular, que se llena de sangre para lograr la erección. El báculo permite la penetración en ausencia de erección.

Los cirripedos son una infraclase de crustáceos maxilópodos llamados percebes. Como muchos otros invertebrados, son hermafroditas. Ostentan el récord del pene más largo en relación con el tamaño del cuerpo, en el reino animal. Al sobresalir de la concha, fertiliza la hembra

Si gana, su mujer le tiene una recompensa

¿Quién no goza con el éxito de su pareja o sufre con el fracaso?

Ver el desempeño de su pareja, pone on a las hembras, de acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Cuando la pareja que les gusta, resulta victoriosa, ella están más dispuestas a una buena recompensa: un poco de placer y… reproducción.

Esto se desprende de la investigación en ciertos peces cíclidos africanos, realizada por Julie Desjardins y colegas.

Cuando la pareja pierde, se sienten más ansiosas y pueden perder el interés en ella.

“Es como si una mujer estuviera saliendo con un boxeador, al que luego viera perder. No va a decir conscientemente: oh, este chico ya no me gusta, pero sus sentimientos podrían cambiar de todas maneras”.

El caso es que dos machos similares fueron colocados en un estanque con tres compartimentos y una hembra en uno de ellos. Se les permitía estar juntos 20 minutos, tiempo durante el cual la hembra interactuaba y elegía uno, lo que se notaba por su comportamiento. Al segundo día su preferencia no cambiaba.

Al tercer día la hembra estuvo en su encierro, pero los dos machos fueron juntados. Como son muy territoriales, con rapidez comenzaron una pelea. La hembra los veía. A los 20 minutos fueron separados.

Cuando analizaron el cerebro de la hembra, si el perdedor era su preferido, encontraron más activadas áreas asociadas con la ansiedad. Si su preferido era el ganador, las zonas más activadas del cerebro eran aquellas relacionadas con el placer y la reproducción. El estudio se repitió con distintos ejemplares.

Una buena recompensa para su héroe. O un castigo para el que la defraudó.

Denúnciela: esta mariposa se automedica

Sí, las mariposas monarca se curan a sí mismas y a sus descendientes utilizando plantas medicinales.
Así lo creen científicos de Emory University tras sus investigaciones.
Pocos estudios se conocen sobre automedicación en animales, aunque algunos científicos han teorizado que la práctica puede estar más difundida de lo pensado. Jaap de Roode, científico de esa institución, dijo en un informe de prensa que “hemos demostrado que algunas especies de la planta hospedera de las larvas (de la monarca pueden reducir las infecciones”.
La investigación se ha centrado en un parásito protozoario que puede infectarlas.
También encontraron que las hembras prefieren depositar sus huevos en plantas que harán que sus descendientes enfermen menos, lo que sugiere que han desarrollado la habilidad de medicar a sus hijos.
“Los resultados son excitantes porque esta conducta es transgeneracional”, opinó Thierry Lefevre, con un postdoctorado. “Mientras la madre es la que expresa el comportamiento, sólo sus descendientes se benefician”.
Los gusanos de la monarca se alimentan en una docena de plantas, incluyendo algunas con alto contenido de cardenolidos, que no los afectan pero los hacen tóxicos para los depredadores incluso luego de emerger como adultos de sus crisálidas.
Estudios previos se han centrado en si las mariposas eligen variedades más tóxicas de las plantas para protegerse de los depredadores. Pero de Roode se preguntaba si no estaría relacionado con el parásito Ophryocystis elektroscirrh, que invade el estómago de los gusanos y persiste cuando son adultos.
Una hembra infectada transmite los parásitos al poner sus huevos. Si una mariposa emerge de una pupa infectada, secreta fluidos y puede morir.
Los experimentos en el laboratorio demostraron que una hembra infectada prefiere poner sus huevos en una planta tóxica. Las hembras sanas no muestran preferencia alguna.
En la foto, cortesía de Emory, una mariposa infectada con el parásito.

Hábleme claro, dice el óvulo

Abran paso, que aquí voy yo. Los espermatozoides juegan un rol más complicado en el juego del apareamiento que lo que se pensaba, según investigadores de la Universidad de Adelaida en Australia.
Sarah Robertson, del Instituto Robinson de ese centro, dijo que los espermatozoides se comunican con el tracto reproductivo de la hembra y le ayudan a preparar el cuerpo para nutrir el feto. Si el sistema femenino no aprueba el mensaje del esperma, por llamarlo de esa manera, podría atacarlo.
“Descubrimos que los espermas no sólo fertilizan el óvulo“, dijo Robertson. “En realidad contiene moléculas de señales que son responsables de activar cambios inmunes en la mujer, de modo que pueda aceptar una sustancia extraña en su cuerpo, en este caso el esperma, derivando en la concepción y un embarazo sano”.
Como los humanos, todos los espermas no son buenos en comunicar y algunos cuerpos de las hembras tienen altos estándares. “El macho provee la información que incrementa la oportunidad de concepción y la progresión hacia el embarazo, pero el cuerpo femenino tiene un sistema de control de calidad que necesita convencerse de que el esperma es compatible y juzga además si las condiciones son las adecuadas para la reproducción.
La información recogida podría incentivar a los investigadores a buscar maneras de alentar al cuerpo de la mujer para que tolere mejor el semen de su compañero si es que están teniendo problemas para que ella quede embarazada.

Me gustan los ganadores

Vamos a ver qué macho gana, podría ser lo que dice la hembra de cangrejo de río (Procambarus clarkii). Sí, es que ella espía a los machos que pelean, para elegir su pareja, en un caso que muestra desconocidas capacidades de discriminación en un invertebrado.
No es raro que las hembras de muchas especies animales escojan lso machos dominantes como parejas, pero su capacidad para detectar el estatus jerárquico de ellos no es bien entendida por la ciencia.
Científicos de la Universidad de Firenze (Italia) reportaron en Animal Behaviour que las hembras de aquel cangrejo de río espían las peleas de machos y usan tanto su olfato como la vista para reconocer la identidad del ganador.
Cuando una hembra fue expuesta a dos machos, estuvo más tiempo con el dominante en vez del subordinado, lo que sucedió sólo cuando era expuesta a dos machos que había olido y visto previamente, lo que sugiere que reconocen los ganadores como individuos y no como dominantes genéricos.
Sorpresas te dan los animales.

Cómo evadir una hembra caníbal

La vida no es fácil, el apareamiento tampoco. Machos cortejantes de la hembra caníbal de lomo rojo enfrentan un riesgo de morir en el acto a menos que desarrollen el cortejo adecuado que dura al menos 100 minutos, revleó un estudio, que además muestra que furtivos machos pueden deslizarse mientras tanto y aparearse con éxito gracias a los esfuerzos del primer pretendiente.
Científicos de la Universidad de Toronto Scarborough reportaron en Proceedings of the Royal Society B los nuevos datos sobre los hábitos de apareamiento de la venenosa araña lomo rojo australiana (Latrodectus hasselti), integrante de la familia de la conocida viuda negra.
Si un macho intenta aparearse sin invertir el suficiente tiempo y energía en el cortejo, la hembra lo matará y se unirá con su rival. Sin embargo los machos más débiles o que buscan no gastar mucha energía, han encontrado una manera de obtener la recompensa que debería ir al más acucioso cortejante.
“El segundo macho furtivo se desliza y se aparea exitosamente, actuando como un parásito del esfuerzo del primer esforzado macho”, explica Maydianne Andrade, del grupo del Neurociencias y Comportamiento Integrador.
Uno de los resultados sorprendentes del estudio es que las hembras son incapaces o reluctantes a discriminar las fuentes del cortejo, revela Jeffrey Stoltz, coautor.
Esto provee la oportunidad a los machos intrusos de explotar los esfuerzos reproductivos de los rivales y por lo tanto sobrepasar la elección de la hembra.

La mosca que vive más

Se ha sostenido, con distintos estudios, que a mayor número de hijos, menos vida. Pero las hembras de las moscas pueden retrasar el reloj biológico y expandir su ciclo vital al tiempo, según reporte de biólogos de la Universidad Southern California.
Y aunque en algunos casos sea cierto que la descendencia acorta la vida, la investigación reciente, explicó John Tower, profesor de Ciencias Biológicas en esa universidad, ha encontrado excepciones a la regla.
Toser y el estudiante Yishi Li examinaron 8.000 genes en busca de aquellos que harían que las moscas pusieran más huevos. Y encontraron dos.
Cuando las hembras más viejas son modificadas para sobre expresar alguno de los dos genes, viven de 5 a 30 por ciento más y producen más descendientes, según el estudio publicado en Molecular Genetics and Genomics.
Para Toser, parecería que los genes impulsan la actividad de las células madre en el sistema reproductivo de las moscas, actividad que declina con la edad.