Especial fin de semana: el cáncer hoy

Un enemigo duro de roer

Con los tiempos que corren en ocasiones se pierde la perspectiva del terreno, aunque, reconocerlo se debe, no todas las cosas cambian mucho de año en año.

¿Se está ganando la batalla contra el cáncer? Difícil respuesta. En Estados Unidos, donde conmemoran los 40 años del Instituto Nacional del Cáncer las conclusiones son ambivalentes. En esas cuatro décadas se han gastado 90.000 millones de dólares en investigación y tratamientos. Cada año el costo de la enfermedad demanda 125.000 millones de dólares, que hacia 2020 serán 157.000 millones. Eso, en un solo país.

El cáncer es un enemigo nebuloso en algunos casos y elusivo en grado sumo. Hoy se reconocen más de 100 formas de cáncer, por lo que es imposible crear modelos uniformes. Para ajustar, en cada categoría los casos individuales presentan innumerables variables, que han permitido pensar en terapias personalizadas, como Provenge, autorizado en 2010.

Aún dentro de un paciente, la población de células en un tumor es muy heterogénea, haciendo improbable que una sola terapia las pueda abarcar a todos”, como explica Bruce Alberts, editor jefe de Science. Han escapado a la detección o acción de los mecanismos que defienden el cuerpo.

El paisaje se complica más al ver que aún no se conocen los mecanismos por los cuales un cáncer se extiende a otros órganos, la temida metástasis, que como explican Christine Chaffer y Robert Winberg, del Whitehead Institute for Biomedical Research y el Massachusetts Institute for Technology “provoca la mayoría de las muertes por cáncer, permaneciendo como uno de los aspectos más enigmáticos de la enfermedad”.

El cáncer es un grupo de enfermedades caracterizadas por el crecimiento descontrolado y la diseminación de células anormales, provocado por factores externos (tabaco, químicos, radiaciones y organismos infecciosos) a internos (mutaciones heredadas, hormonas, condiciones inmunológicas y mutaciones que se presentan por el metabolismo).

En las últimas décadas el estudio de esa enfermedad se ha ido extendido a otras disciplinas, de la genética y la genómica a la inmunología, sabido que el sistema inmune desempeña su papel en la protección frente al mal. “Controla no solo la cantidad del tumor, sino su calidad”, expresaron investigadores en un reciente artículo en Science.

En algunos países, las tasas de mortalidad van en descenso, pero en solo Estados Unidos se esperaban 1.500.000 nuevos casos en 2010.

La situación es mucho más difícil en los países en desarrollo o más pobres, en donde de 10 niños diagnosticados con leucemia 9 fallecen, mientras en Europa occidental la tasa de supervivencia es 85 por ciento.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer estimaba el número de nuevos casos en el planeta, en 2008, en 12.667.500, 7,1 millones en países en desarrollo y de ellos 650.100 en Suramérica, región donde se estimó que 386.000 personas murieron por la enfermedad. En el mundo murieron por esa causa 7,6 millones de personas, 28.000 cada día.

Se considera que a 2030, de acuerdo con el reporte Global Cancer Facts & Figures 2011, habrá 21.4 millones de casos nuevos y 13,2 millones por el simple hecho del crecimiento poblacional y el envejecimiento. Unos datos que podrían ir al alza por la adopción del estilo de vida occidental en países en desarrollo: cigarrillo, alcohol, dieta inapropiada, baja actividad física y factores reproductivos.

La disposición de recursos tecnológicos y médicos hace la diferencia entre la vida y la muerte. Y, junto a ellos, los estilos de vida. El citado reporte indica que las diferencias en los tipos de cáncer incluyen variaciones regionales en la prevalencia de grandes factores de riesgo, la disponibilidad y el uso de prácticas médicas como los exámenes, la disponibilidad y calidad del tratamiento y la distribución por edades.

Dos de los cuatro cánceres más comunes en hombres en 2008 (estómago e hígado) y en mujeres (cerviz y estómago) en países en desarrollo estaban relacionados con infecciones, siendo el de estómago relacionado con las infecciones el más común en todo el mundo. Cerca del 15 por ciento de todos los cánceres en el mundo son atribuibles a esa causa, un porcentaje tres veces más alto en los países en desarrollo (26%) que en los desarrollados (8%).

Todos los esfuerzos, toda la afectación y todas las pérdidas a pesar de que se considera que más de la mitad de los cánceres son potencialmente prevenibles, como aquellos vinculados con el tabaco, el alcohol y la obesidad.

Aunque cualquier persona puede desarrollar una de las formas del mal, el riesgo aumenta con la edad. En los países más desarrollados, 78% de los casos nuevos ocurren después de los 55 años o más, en comparación con el 58 por ciento en los países en desarrollo.

Se cree además que un 5 por ciento de todos los cánceres son hereditarios. Esta condición genética, junto con los factores ambientales, responde por la mayoría de todos los casos.

Cada año, 175.300 niños de 0 a 14 años desarrollan la enfermedad, el 80 por ciento de ellos en países en desarrollo, en donde el subregistro es alto por las frecuentes muertes por desnutrición y enfermedades infecciosas.

Células de cáncer de pulmón

Las estadísticas revelan con crudeza la importancia e incidencia de todas las formas de cáncer en la vida moderna. El Foro Económico Mundial enfatizó que el cáncer y otras enfermedades no comunicables (diabetes, cardiovasculares) son una de las tres causas más probables y severas de amenaza a la economía mundial, pese a lo cual se considera que son males subestimados por la comunidad mundial: menos del 1 por ciento de los fondos públicos y privados para salud están destinados a prevenir y controlar el cáncer y esos otros problemas en países de ingresos medios y bajos.

El panorama preocupa, pero la ciencia sigue enfrentando el problema y propone alternativas todos los días. En uno de los últimos anuncios, por ejemplo, Peter Rothwell, del John Radcliffe Hospital y colegas, analizaron pacientes que tomaban una aspirina al día para prevenir enfermedades del corazón y advirtieron que esas personas tenían una menor tasa de mortalidad por cáncer, un hallazgo que se compadece con estudios previos que mostraban que el uso diario de aspirina y otras medicinas antiinflamatorias no esteroides durante periodos prolongados reducían el riesgo de cáncer de colon o la recurrencia de pólipos. La aspirina podría aliviar el riesgo en otros tipos de cáncer.

Un hallazgo casi a la par del descubrimiento de que las células madre en el tejido óseo serían responsables de la metástasis a los huesos de las células cancerosas de próstata y que implicaría otros tipos como el de colon, pulmón y seno, que también tienden a dirigirse hacia los huesos, hallazgo revelado en el journal of Clinical Investigation.

Quizás, dada la complejidad de la enfermedad, ese sea el futuro: soluciones parciales para compartimentos cancerígenos específicos.

Por ahora, mantener el enemigo a raya parece ser el mayor logro, con victorias parciales y la conciencia de que la prevención es condición vital para contenerlo, una alternativa secundaria en países en desarrollo, como el nuestro, con sistemas de salud centrados más en la intervención a posteriori.

Las bacterias nos hacen de todo

Cada vez resulta más asombrosa la capacidad de supervivencia de las bacterias. Y, también, cómo obran sobre diversos organismos para mantenerse.

Hemos visto en otras notas, cómo cuando están en el cerebro (T. gondii) modifican el temperamento de las personas. Veíamos que bacterias intestinales también tienen efectos sobre el cerebro, lo que se demostró hace pocas semanas en ratones (Instituto Karolinska de Sucecia).

Ahora, en el journal mBio, Sandrine Claus, del Imperal College London, y colegas, demuestran que las bacterias en el intestino, además de ayudar en la digestión de los alimentos, podrían estar ejerciendo cierto nivel de control sobre el funcionamiento metabólico de otros órganos. El hallazgo presenta un nuevo acercamiento el entendimiento de la relación simbiótica entre humanos y su fauna intestinal y, muy interesante, revela cómo cambios en la microbiota intestinal puede afectar la salud de los individuos.

“La microbiota (intestinal) alienta la capacidad metabólica del hospedero para procesar nutrientes y drogas y modula las actividades de múltiples conexiones en varios sistemas de órganos”, dijo la investigadora.

Los científicos demostraron en ratones la asociación de una familia de bacterias y el metabolismo de lípidos del hígado.

Otro hallazgo del estudio, según Claus, es que la colonización intestinal estimula mucho la expresión y la actividad del citocromo P450 3ª11, una enzima esencial en los mecanismos de desintoxicación de drogas.

Somos unas bacterias.

La temida metástasis se deja ver

Cuando se logra controlar un cáncer, una preocupación grande es que no se traslade a otro sitio, la temida metástasis, cuyo mecanismo no es bien entendido.

Encontrar entonces algo que brinde un indicio de una posible diseminación, sería una bendición.

Pues bien, ayer científicos publicaron en el Journal of Clinical Investigation un marcador que puede predecir la probabilidad de que dos tipos de cáncer se extiendan a otros tejidos del cuerpo: un cáncer de hígado y unos raros tumores neuroendocrinos.

“Es un gran reporte”, dijo Fahd Al-Mulla, de Kwait University, citado por The Scientist, quien no participó en el estudio.

“Si usted puede identificar un paciente en las etapas tempranas que está en alto riesgo de progresión de la enfermedad, uno puede modificar la terapia”, opinó Stephen Hewitt, del Nacional Cancer Institute de Estados Unidos.

El primer tumor en aparecer en un paciente, el tumor primario, raramente es la causa de muerte. Más a menudo, la enfermedad se torna seria cuando las células cancerosas se apartan del tumor inicial y se diseminan a través de los vasos linfáticos y sanguíneos para formar tumores secundarios en otra parte del organismo.

En los últimos años, se han identificado biomarcadores moleculares en un puñado de cánceres, como melanoma, próstata y pulmón, pero aunque parecen tener un potencial predictivo, falta realizar ensayos clínicos para probar su verdadera utilidad.

En la imagen, un carcinoma hepatocelular, la forma más común de cáncer primario del hígado.

Ratones presas de un microbio

Se sabe que algunos microbios modifican el comportamiento. En los humanos está más que demostrado. Un caso es el Toxoplasma gondii, cuando entra al cerebro.

Un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra que ciertos microbios intestinales adquiridos temprano en la vida pueden impactar el desarrollo cerebral en ratones y subsecuentemente el comportamiento.

Infecciones microbianas nocivas han sido ligadas a desórdenes del desarrollo neuronal, incluyendo el autismo y la esquizofrenia. Y los roedores infectados con patógenos microbianos antes y después del nacimiento demostraron anormalidades del comportamiento, tal como una forma de ansiedad y una función cognitiva disminuida, llevando a Rochellys Diaz Heijtz, neurobiólogo del Instituto Karolinska en Suecia y sus colegas a preguntarse si la microbiota intestinal podría incidir también en el comportamiento.

Hallaron así que los ratones libres de gérmenes parecían explorar más que los que tenían microbiota normal, aventurándose a áreas más lejanas, a la vez que pasaban más tiempo a la luz y en actividades más riesgosas, indicando que padecían de menos ansiedad que los otros.

Al mirar más de cerca los efectos en el cerebro, encontraron que los ratones sin gérmenes tenían menos modificaciones en los niveles de ciertos neurotransmisores en el stratium, la parte del cerebro involucrada en la regulación de las funciones motriz y cognitiva.

Desarrollan en laboratorio un hígado humano

A quien le falle al hígado… muerto. Es un órgano vital, como muchos otros. El cáncer en él es letal. En ocasiones, el trasplanta funciona, pero no hay hígado pa’ tanta gente.

Bien, científicos del Institute for Regenerative Medicine en Wake Forest University Baptist Medical Center lograron un avance importante en el camino hacia el desarrollo de hígados en laboratorio: son los primeros en emplear células humanas de hígado para hacer crecer hígados en miniatura que funcionan, al menos en laboratorio.

Ahora, el próximo paso es verificar si continúan funcionando luego de que sean trasplantados a un modelo animal.

El estudio fue presentado el pasado domingo en el encuentro de la American Association for the Study of Liver Diseases en Boston.

De esta manera mejoran las perspectivas para quienes en el futuro necesiten un trasplante. O incluso servirán para probar la eficacia y seguridad de nuevas medicinas.

“Estamos muy entusiasmados por el logro, pero debemos enfatizar que estamos en las primeras y muy tempranas etapas y varios obstáculos deben ser resueltos antes que puedan beneficiar a pacientes”, expresó Shay Soker, profesor de medicina regenerativa y director del proyecto.

“No sólo debemos aprender cómo hacer crecer miles de millones de células de hígado a la vez para diseñar hígados del tamaño requerido para pacientes, sino que debemos determinar si esos órganos son seguros para usar en personas”, agregó.

Pedro Baptista, director de la investigación, dijo que el proyecto es la primera vez que emplea células humanas del hígado para desarrollar esos órganos en laboratorio.

Para desarrollar los hígados, los científicos empelaron hígados de animales que fueron tratados con un detergente para remover todas las células, un proceso llamado descelularización, dejando sólo el esqueleto de colágeno, por llamarlo así, para soportar la estructura. Luego remplazaron las células originales con dos tipos de células humanas: células inmaduras del hígado conocidas como progenitoras y células de endotelio que trazan los vasos sanguíneos.

Las células fueron introducidas dentro de ese esqueleto a través de grandes vasos que alimentan un sistema de vasos menores en el hígado. Esta red de vasos permanece intacta tras la descelularización. Luego el hígado fue colocado en un biorreactor, un equipo especial que suministra un flujo continuo de nutrientes y oxígeno a través del órgano.

Tras una semana en ese sistema, los científicos documentaron la progresiva formación de tejido humano de hígado, así como funciones asociadas al órgano. Observaron la diseminación del crecimiento celular dentro del órgano.

La capacidad para desarrollar un hígado se había demostrado ya, pero la posibilidad de generar uno que funcionara era aún objeto de dudas.

La muerte ajena

Juntos hacen más daño. El alcohol y el humo del cigarrillo de otros, hacen más daño juntos que cada uno por separado, según investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham.
El hallazgo se suma al cúmulo de evidencias que hablan de que juntos son peores para la salud y, en especial, para el hígado.
En estudios con ratones, los expuestos al humo de segunda mano y al consumo de etanol, tenían 110 por ciento más proteínas de fibrosis en el hígado que los que respiraron aire filtrado. Adicionalmente, los expuestos a los dos agentes tenían 65 por ciento más de esas proteínas que los que solo respiraron el aire con el humo pero no bebieron.
La fibrosis es una especie de tejido en el hígado que puede conducir a la cirrosis.
Lo uno o lo otro. O ninguno, pero nunca juntos.

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