Hallan culpable de la hipertensión

Si es de los que sufre hipertensión y no ha tenido malos hábitos, quizás le interese esta noticia.

Incluso personas que ingieran una cantidad normal de sal pueden padecer hipertensión, de acuerdo con un estudio de científicos del Max Planck Institute en Alemania, debido a una disfunción del socio.

Los investigadores, por fortuna, hallaron el gen responsable, con miras a futuros tratamientos.

La regulación de la presión sanguínea es muy compleja. Los niveles son determinados por el volumen de sangre. A más sangre en circulación, más alta la presión. Y el centro de control se localiza en los riñones, en donde el volumen y, entonces, la presión, son regulados por la excreción renal de agua y sodio. Para lograrlo, los riñones reciben información de receptores de la presión arterial, el sistema nervioso autónomo y de distintas hormonas.

El grupo del Max Planck, liderado por Thomas Böttger, estudió el gen SLC4A5, que codifica una proteína que transporta ciertos iones (compuestos de la sal), previniendo entonces las altas concentraciones de esa sustancia en la sangre.

Los científicos probaron que un defecto en este gen provoca una retención excesiva de sodio y agua. Esto genera un aumento anormal de la presión sanguínea. “A través de estudios con grandes series de pacientes, se han identificado muchos genes que podrían estar asociados con la hipertensión. Sin embargo sus roles específicos no han sido precisados con claridad”, dijo Böttger.

Los investigadores estudiaron el caso de ratones a los que les fue inactivado el gen y sufrían de hipertensión. Aunque se activaron mecanismos compensatorios en ellos, las concentraciones de sodio permanecían elevadas en ellos.

Estudios previos habían sugerido que el gen era solo un candidato contribuyente a la hipertensión.

Ahora los investigadores mirarán en qué clase de pacientes esa condición es provocada por el SLC4A5. “Si logramos restablecer la regulación de socio en esos pacientes, podríamos llevar la presión sanguínea a niveles normales”, dijo Böttger.

Que se le suba el fuego, no la presión

No importa si sale corriendo en pos de un vaso con agua. El fin, en este caso, justifica los medios. El ají puede lograr en usted los efectos que busca su médico, cuando de mantener a raya la presión arterial, de acuerdo con un estudio publicado el miércoles en el journal Cell Metabolism
A la vez que la capsaicina, el ingrediente activo que le confiere al ají ese fuego característico y le hacer arder su boca, hace que los vasos sanguíneos se relajen, de acuerdo con estudio en ratas hipertensas.
El consumo continuado de ají reducía la presión en esos roedores, indicó Zhiming Zhu, de la Third Military Medical University en Chongquing, China.
No es el primer examen que se hace a esa relación, pero parece ser el primero en analizar el efecto de la capsaicina a largo plazo.
¿Será igual en humanos? Podría ser. La prevalencia de la hipertensión es 20 por ciento en el nordeste chino, comparado con el 10-14 al sudoccidente, donde la gente consume más comidas picantes con mucho ají.
Para quienes no toleren fuego en la boca, podría haber una alternativa, según Zhu: un ají japonés, con un compuesto, capsinoide, muy relacionado con la capsaicina.

En sus genes está la presión

No es nada nuevo que en los problemas de la presión sanguínea el factor genético desempeña un papel activo. Lo nuevo es que un equipo de investigadores identificó un número insospechado de variantes genéticas asociadas con la presión sanguínea sistólica, la diastólica y la hipertensión, lo que abre caminos a investigaciones para prevenir y tratar la hipertensión.
En solo Estados Unidos, uno de cada tres adultos sufre de presión sanguínea alta, mal que puede conducir a enfermedad coronaria, infarto, derrames, daños en el riñón y otros problemas. Cada año, siete millones de personas mueren en el mundo por esta razón.
Para Elizabeth G. Nabel, directora del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y la Sangre de Estados Unidos, se trata de un avance que podría tener resultados terapéuticos en el futuro.
En un estudio de asociación genética con más de 34.000 participantes, se identificaron 11 genes relacionados don esos problemas: 4 para la sistólica, 6 para la diastólica y 1 para la hipertensión.
Danel Levy, autor principal del estudio, indicó que se identificaron ocho genes claves, varios de los cuales estaban lejos de toda sospecha sobre su relación con la presión sanguínea.

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