Un motivo más para un buen café: la próstata

Un nuevo estudio en menos de un mes, revela otro efecto benéfico del café: de acuerdo con investigación del Harvard School of Public Health, los hombres que beben café con frecuencia parecen tener un menor riesgo de desarrollar una forma letal de cáncer de próstata. El estudio fue presentado en el Journal of the National Cancer Institute de Estados Unidos.

Estudiaron el café dado que contienen varios compuestos benéficos, como antioxidantes, reduce la inflamación y regula la insulina, todos los cuales pueden influir en el cáncer de próstata.

Entre los hallazgos figuran:

-Hombres que consumían seis o más cafés al día tenían 20% menor riesgo de desarrollar ese cáncer.

-La asociación inversa con el café fue aún más fuerte para el cáncer agresivo de próstata. Quienes bebían café tenían 60% menos riesgo de desarrollar cáncer letal de próstata.

-Aún beber de una a tres tazas de café al día se asoció con una reducción en el riesgo del 30%.

-La disminución del riesgo se dio tanto al beber café regular como el descafeinado.

Los resultados del estudio deben ser validados en poblaciones adicionales.

Duerma bien

Lo saben los estudiantes, lo repiten los médicos: todos aquellos que pasan una noche en vela pagan las consecuencias al día siguiente; visión borrosa, dificultad para concentrarse, problemas de memoria.

Bueno, científicos encabezados por Ted Abel, profesor de Penn University, acaban de encontrar la parte del cerebro y las bases neuroquímicas de los efectos de la privación del sueño en la memoria.

En el estudio publicado en The Journal of Neuroscience.

Para ello diseñaron dos experimentos con ratones, buscando establecer el rol de la adenosina en los problemas de memoria por la falta de sueño. Establecieron además el papel del hipocampo en las dificultades que se experimentan por no dormir bien.

Dormir regenera disco duro del cerebro para aprender más

Si quiere aprender, duerma. Y no es que se duerma en los laureles.

Con frecuencia, estudiantes que deben presentar una prueba no coinciden qué es lo más conveniente: si trasnochar y hasta amanecer estudiando o si dormir y levantarse temprano.

A favor de esta última opción viene un estudio de la Universidad de California en Berkeley: dormir siquiera media noche ayuda a recargar la capacidad de aprendizaje del cerebro.

Los científicos encontraron evidencia sólida de que en regiones cerebrales claves se suceden estallidos de unas ondas que las irradian con la función de limpiar el camino del aprendizaje. Estos impulsos eléctricos ayudan a cambiar cierta clase de memorias del hipocampo, que tiene un espacio limitado de almacenamiento, hacia el, por decirle así, disco duro de la corteza prefrontal.

Esas ondas son impulsos que se pueden ver mediante electroencefalogramas durante la fase 2 del sueño y se pueden presentar hasta 1.000 veces en una noche.

Al realizar aquella tarea, se libera espacio en el hipocampo para almacenar datos frescos.

“Estas piezas del rompecabezas cuentan una historia consistente, que las ondas durante el sueño predicen el refrescamiento del aprendizaje”, dijo Matthew Walker, profesor de Psicología y Neurociencias en Berkeley y autor senior del estudio, que fue publicado en Current Biology.

El estudio halló que esa red de ondas sucede con mayor probabilidad durante la fase 2 del sueño no REM (rapid eye movement como se le conoce), que se da antes de alcanzar el sueño más profundo y el estado de los sueños REM. Esto estado profundo sin sueños responde por cerca de la mitad de las horas que se duerme y se presenta con mayor frecuencia durante la segunda mitad de la noche, o en la última parte del periodo durante el cual dormimos.

De cómo mejorar la memoria en la vejez

A medida que uno envejece, aparece una preocupación adicional a todas las demás: ¿cómo mantener el cerebro activo?

El ejemplo de quienes llegan a la vejez con Alzheimer y otras enfermedades degenerativas del cerebro nos inquieta.

Diversos estudios a lo largo de los años han mostrado que la actividad física mejora el funcionamiento cerebral. Bueno, ahora un nuevo experimento revela más acerca de cómo la actividad aeróbica ayuda a mantener el cerebro al fortalecer el hipocampo.

Cuando envejecemos, el cerebro tiende a encogerse, incluso en ausencia de enfermedades neurocognitivas como las demencias, entre ellas el Alzheimer. La investigación citada muestra que al menos algunas partes del cerebro pueden ser salvadas de la atrofia e incluso reconstruirlas gracias a una cantidad relativamente baja de actividad tarde en la vida.

El hallazgo acaba de ser publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y tendría implicaciones en la prevención de la pérdida de memoria en la población adulta.

El grupo de investigadores encontró que adultos de 55 a 80 años que caminaban cerca de 40 minutos tres veces a la semana durante un año aumentaban de volumen el hipocampo, la región cerebral relacionada en el razonamiento espacial y la memoria.

Los adultos que realizaban sólo actividades de fortalecimiento no obtuvieron esa ganancia.

“Creemos que la atrofia del hipocampo (en los años de la vejez) es casi inevitable”, opinó Kira Erickson, profesor de Psicología en la Universidad de Pittsburg y coautor del nuevo estudio. “Pero ahora demostramos que el ejercicio moderado por un año puede incrementar el tamaño de esa estructura”.

El crecimiento del hipocampo fue modesto: 2,12 por ciento en el izquierdo y 1,97 en el derecho, lo que efectivamente devuelve el reloj uno o dos años en términos de volumen. El grupo de control, el del fortalecimiento, experimentó una reducción continua en consonancia con lo esperado por la pérdida debido a la edad, perdiendo en promedio 1,40 por ciento y 1,43 por ciento en el volumen del hipocampo izquierdo y derecho.

En pruebas de memoria espacial, las personas en uno y otro grupo mostraban mejoría en la precisión, pero los que estaban en mejor forma y tendían a tener un hipocampo más grande se desempeñaron mejor en tests de memoria.

El estudio demuestra además que el cerebro permanece modificable incluso a edad avanzada.

Aparte de un mayor tamaño del hipocampo, el grupo del ejercicio aeróbico también tendía a tener un nivel más elevado del factor neurotrófico derivado del cerebro, un compuesto que ha sido asociado con tener un hipocampo más grande y una mejor memoria.

Los científicos no encontraron ningún cambio en el tálamo ni en el núcleo caudado, las otras dos áreas del cerebro relacionadas con el sentido espacial y la memoria.

Vale la pena. Más memoria a más edad, es un bien más que preciado.

Adiviné tu pensamiento

¿Me adivinas el pensamiento? Creo que no. Pero los científicos andan un paso más adelante hacia esa meta.
Evidencias nuevas sugieren que son capaces de decir cuál recuerdo de un evento pasado está evocando una persona, basados solo en el patrón de su actividad cerebral.
Los resultados, reportados en Current Biology, se dan tras otro descubrimiento reciente del mismo grupo de investigadores del University College London de que podían decir dónde se estaba sentando una persona dentro de un cuarto de realidad virtual, logro alcanzado de la misma manera.
El avance mueve esta línea de investigación dado que nuestras memorias episódicas -esa colección de eventos diarios que configuran la autobiografía de nuestras vidas- deben ser más complejas y más difíciles de rastrear de lo que debería ser la memoria espacial básica.
“Hemos logrado mirar la actividad cerebral para una memoria episódica específica -para mirar trazos reales de la memoria”, dijo Eleanor Maguirre, investigadora senior. “Encontramos que nuestras memorias están definitivamente representadas en el hipocampo. Ahora que sabemos dónde están, tenemos una oportunidad de entender cómo los recuerdos son almacenados y cómo pueden cambiar a través del tiempo”.
Para lograrlo, Maguirre y sus colegas Martin Chadwick, Demis Hassabis y Nikolaus Weiskopf les mostraron a 10 personas tres filmes cortos antes de escanear sus cerebros. Cada película era con una actriz diferente y un escenario familiar diario muy similar. En uno, dijo Maguirre, una actriz esculcaba su bolso en busca de un sobre que colocaba en un buzón; en el segundo, otra actriz terminaba su vaso de café y echaba el recipiente vacío en una caneca de basura.
Se escaneó el cerebro de los participantes mediante imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) mientras se les pedía recordar cada uno de los filmes. Los investigadores pusieron los datos a través de un algoritmo en computador diseñado para identificar patrones en la actividad cerebral asociados con los recuerdos de cada película. Finalmente, mostraron que esos patrones podrían ser identificados en datos independientes de las imágenes escaneadas para predecir con precisión en cuál filme estaba pensando una persona cuando era escaneada.
Los resultados implican que los trazos neuronales de memorias episódicas son estables y por ende predecibles, incluso tras varias re activaciones. Aunque los patrones en cerebros individuales varían de uno a otro, también mostraron similitudes destacables en las partes del hipocampo que eran activas, dijo Maguirre.

Nuestro cerebro tiene un satélite

Nuestro cerebro posee un mecanismo para la navegación, situado en el hipocampo, el responsable del aprendizaje y la memoria. Y, ¿saben? Es diferente en los taxistas de Londres, según estudio de la profesora Eleanor Maguire del University College London.
Esa región cerebral está alargada en los taxistas de la capital inglesa, en comparación con la población general. Lo que es más, los conductores de bus tampoco la tienen alargada, lo que sugiere que la habilidad de navegación no se relaciona con el hipocampo, sino que está ligada al conocimiento de las 250.000 calles de la ciudad que los taxistas han almacenado durante años.
En un nuevo estudio, Hugo Spiers y Maguire usaron el videojuego de PlayStation 2, El escape (The Getaway) para examinar cómo los taxistas utilizaban el hipocampo y otras áreas cerebrales cuando navegaban.
Encontraron que el hipocampo es más activo cuando los conductores pensaban primero sobre la ruta y planeaban el recorrido. En contraste, otras áreas se activaban cuando encontraban señales, bloqueos en la vía o pensaban en las preocupaciones suyas, de sus pasajeros y de otros conductores.
En conclusión: el hipocampo es nuestro satélite de navegación. Pero, curiosamente, hallaron también que la corteza media prefrontal aumentaba su actividad a medida que los taxistas se acercaban a su destino.
Los científicos encontraron además en el hipocampo y regiones vecinas tres tipos de células que, en palabras de Spiers, configuran el satélite de navegación, células llamadas de lugar, de dirección y de coordenadas.

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