Los genes nos hacen amables

Soy bueno porque… mis genes lo dictan así. En parte es verdad.

Lo que hace que algunas personas donen sangre, ofrezcan un pastel al vecino mientras que otras tratan de mentir sobre sus impuestos se debe en parte a los genes de acuerdo con un estudio en Psychological Science.

Se cree que las hormonas oxitocina y vasopresina afectan cómo las personas se comportan con otras. Pruebas de laboratorio, por ejemplo, han determinado que las personas actúan más amistosas en juegos económicos luego de haber inhalado oxitocina

“Intentamos llevar esto a como es en el mundo real”, indicó Michael Poulin, de University at Buffalo. Con Anneke Buffone de University en Buffalo y E. Alison Holman, University of California, Irvine realizó un estudio sobre el tema.

En vez de rociar oxitocina en la nariz, se valieron de la biología de las hormonas. Estas funcionan uniéndose a receptores en nuestras células, receptores que vienen en varias formas. El de la oxitocina viene en dos versiones. El de la vasopresina tiene más.

La gente en el estudio respondió una encuesta en internet con preguntas sobre obligaciones cívicas como denunciar un crimen o no, pagar impuestos, cómo veían el mundo, las actividades de caridad en las que participaban, etc. A 711 personas se les analizó el ADN a partir de saliva para saber cuál de los receptores de esas hormonas poseían.

Quienes pensaban que el mundo es un lugar amenazante eran menos dados a ayudar a otros a menos que tuvieran versiones de los receptores asociados por lo general con la amabilidad. Estas versiones permiten sobreponerse a los sentimientos de amenaza y ayudar a otros.

No se halló una conexión directa entre los genes y las actitudes sociales o caritativas “lo que no es sorprendente”, dijo Poulin. La mayoría de las conexiones entre el ADN y la conducta social son más complicadas.

“¿Qué hace que usted piense que su vecino es generoso, agradable, mientras que de otro que es egoísta, tacaño?” El ADN de los vecinos puede ayudar a explicar porqué uno es más agradable que el otro.

Para los investigadores no es que hayan encontrado el gen de la persona amable, sino uno que contribuye a eso.

Viaje al espacio puede enfermar

Viajar por el espacio significaría enfrentar más amenazas de las pensadas. Aparte de las radiaciones que amenazarían la vida de los astronautas, estos enfrentarían otros peligros.

Imágenes de resonancia magnética de ojos y cerebros de 27 astronautas que pasaron prolongados periodos en el espacio revelaron anormalidades ópticas similares a las que se presentan en casos de hipertensión intracraneal por causa desconocida, una condición potencialmente peligrosa en la que aumenta la presión del cerebro.

El estudio aparece divulgado en el journal Radiology.

Un grupo de investigadores tomó las imágenes y analizó los datos de 27 astronautas, cada uno expuesto a microgravedad por un promedio de 108 días, bien en las misiones del trasbordador espacial y o en la Estación Espacial.

8 de los 27 tuvieron una segunda resonancia magnética tras una segunda misión que duró al menos 39 días.

“Los hallazgos en las imágenes muestran varias combinaciones de anormalidades tras una corta o una prolongada exposición a la microgravedad también vista en la hipertensión intracraneal idiopática”, dijo Larry Kramer, de la escuela de Medicina de la Universidad de Texas.

Entre los astronautas con más de 30 días de vida acumulada en microgravedad, se encontró expansión del líquido cefalorraquídeo alrededor del nervio óptico en 9 de los 27, aplanamiento de la parte posterior del globo ocular en 6, abultamiento del nervio óptico en 4 y cambios en la glándula pituitaria y su conexión con el cerebro en 3. La pituitaria secreta las hormonas que regulan una variedad de importantes funciones corporales.

La presión provoca aumento de la unión entre el nervio óptico y el globo ocular que puede derivar en problemas visuales.

La hipertensión intracraneal inducida pro microgravedad podría ser un factor de riesgo en un viaje prolongado.

Hasta ahora, la pérdida de mineral óseo y la atrofia muscular eran algunos de los efectos conocidos de la gravedad cero en los astronautas.

Hallan culpable de la hipertensión

Si es de los que sufre hipertensión y no ha tenido malos hábitos, quizás le interese esta noticia.

Incluso personas que ingieran una cantidad normal de sal pueden padecer hipertensión, de acuerdo con un estudio de científicos del Max Planck Institute en Alemania, debido a una disfunción del socio.

Los investigadores, por fortuna, hallaron el gen responsable, con miras a futuros tratamientos.

La regulación de la presión sanguínea es muy compleja. Los niveles son determinados por el volumen de sangre. A más sangre en circulación, más alta la presión. Y el centro de control se localiza en los riñones, en donde el volumen y, entonces, la presión, son regulados por la excreción renal de agua y sodio. Para lograrlo, los riñones reciben información de receptores de la presión arterial, el sistema nervioso autónomo y de distintas hormonas.

El grupo del Max Planck, liderado por Thomas Böttger, estudió el gen SLC4A5, que codifica una proteína que transporta ciertos iones (compuestos de la sal), previniendo entonces las altas concentraciones de esa sustancia en la sangre.

Los científicos probaron que un defecto en este gen provoca una retención excesiva de sodio y agua. Esto genera un aumento anormal de la presión sanguínea. “A través de estudios con grandes series de pacientes, se han identificado muchos genes que podrían estar asociados con la hipertensión. Sin embargo sus roles específicos no han sido precisados con claridad”, dijo Böttger.

Los investigadores estudiaron el caso de ratones a los que les fue inactivado el gen y sufrían de hipertensión. Aunque se activaron mecanismos compensatorios en ellos, las concentraciones de sodio permanecían elevadas en ellos.

Estudios previos habían sugerido que el gen era solo un candidato contribuyente a la hipertensión.

Ahora los investigadores mirarán en qué clase de pacientes esa condición es provocada por el SLC4A5. “Si logramos restablecer la regulación de socio en esos pacientes, podríamos llevar la presión sanguínea a niveles normales”, dijo Böttger.

Hormonas influirían en escogencia de carrera

Si usted es piloto, enfermera, profesor o ingeniero podría deberse a sus hormonas, que influyen en los intereses de las personas de acuerdo con un nuevo estudio.

“Nuestros resultados entregan apoyo fuerte sobre las influencias hormonales en el interés en las ocupaciones caracterizadas por el trabajo con cosas versus la gente”, dijo Adriene M. Beltz, estudiante graduado de psicología que trabaja con Sheri Berenhaum, profesora de Psicología en Penn State University.

Los investigadores analizaron los intereses de las personas en ocupaciones que exhiben diferencias entre los sexos y la población general y que son relevantes para las carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Estudiaron jóvenes y adultos jóvenes con hiperplasia adrenal congénita –una condición genética- y sus mellizos que no tenían HAC.

Las personas con esa condición están expuestas a más andrógenos –una clase de hormona masculina- de lo que es normal mientras están en el útero. Las hembras sin HAC son genéticamente mujeres y tratadas como tales, pero sus intereses tienden a ser más similares a los estereotipados para hombres.

Los investigadores reportaron en Homones and Behavior que las mujeres con HAC estaban más interesadas que las hembras sin HAC en carreras relacionadas con cosas en comparación con carreras relacionadas con la gente. También encontraron que los intereses en las carreras correspondían directamente a la cantidad de andrógeno a las que estaban expuestas aquellas con HAC, así que aquellas expuestas a más cantidad en el útero mostraban más interés en cosas que en las personas.

Las hembras sin HAC tenían menos intereses que los machos en ocupaciones relacionadas con cosas, tales como ingeniería o cirugía, y más interesadas en carreras enfocadas con las personas, como trabajadora social o profesora. No hubo diferencia significativa entre hombres con HAC y aquellos sin esa condición.

“Encontramos una influencia biológica en el interés biológico hacia cosas, así que quizás las mujeres no escogen esas carreras por lo que están interesadas en las personas no es consistente con un interés en carreras técnicas, según Beltz.

Especial fin de semana: el cáncer hoy

Un enemigo duro de roer

Con los tiempos que corren en ocasiones se pierde la perspectiva del terreno, aunque, reconocerlo se debe, no todas las cosas cambian mucho de año en año.

¿Se está ganando la batalla contra el cáncer? Difícil respuesta. En Estados Unidos, donde conmemoran los 40 años del Instituto Nacional del Cáncer las conclusiones son ambivalentes. En esas cuatro décadas se han gastado 90.000 millones de dólares en investigación y tratamientos. Cada año el costo de la enfermedad demanda 125.000 millones de dólares, que hacia 2020 serán 157.000 millones. Eso, en un solo país.

El cáncer es un enemigo nebuloso en algunos casos y elusivo en grado sumo. Hoy se reconocen más de 100 formas de cáncer, por lo que es imposible crear modelos uniformes. Para ajustar, en cada categoría los casos individuales presentan innumerables variables, que han permitido pensar en terapias personalizadas, como Provenge, autorizado en 2010.

Aún dentro de un paciente, la población de células en un tumor es muy heterogénea, haciendo improbable que una sola terapia las pueda abarcar a todos”, como explica Bruce Alberts, editor jefe de Science. Han escapado a la detección o acción de los mecanismos que defienden el cuerpo.

El paisaje se complica más al ver que aún no se conocen los mecanismos por los cuales un cáncer se extiende a otros órganos, la temida metástasis, que como explican Christine Chaffer y Robert Winberg, del Whitehead Institute for Biomedical Research y el Massachusetts Institute for Technology “provoca la mayoría de las muertes por cáncer, permaneciendo como uno de los aspectos más enigmáticos de la enfermedad”.

El cáncer es un grupo de enfermedades caracterizadas por el crecimiento descontrolado y la diseminación de células anormales, provocado por factores externos (tabaco, químicos, radiaciones y organismos infecciosos) a internos (mutaciones heredadas, hormonas, condiciones inmunológicas y mutaciones que se presentan por el metabolismo).

En las últimas décadas el estudio de esa enfermedad se ha ido extendido a otras disciplinas, de la genética y la genómica a la inmunología, sabido que el sistema inmune desempeña su papel en la protección frente al mal. “Controla no solo la cantidad del tumor, sino su calidad”, expresaron investigadores en un reciente artículo en Science.

En algunos países, las tasas de mortalidad van en descenso, pero en solo Estados Unidos se esperaban 1.500.000 nuevos casos en 2010.

La situación es mucho más difícil en los países en desarrollo o más pobres, en donde de 10 niños diagnosticados con leucemia 9 fallecen, mientras en Europa occidental la tasa de supervivencia es 85 por ciento.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer estimaba el número de nuevos casos en el planeta, en 2008, en 12.667.500, 7,1 millones en países en desarrollo y de ellos 650.100 en Suramérica, región donde se estimó que 386.000 personas murieron por la enfermedad. En el mundo murieron por esa causa 7,6 millones de personas, 28.000 cada día.

Se considera que a 2030, de acuerdo con el reporte Global Cancer Facts & Figures 2011, habrá 21.4 millones de casos nuevos y 13,2 millones por el simple hecho del crecimiento poblacional y el envejecimiento. Unos datos que podrían ir al alza por la adopción del estilo de vida occidental en países en desarrollo: cigarrillo, alcohol, dieta inapropiada, baja actividad física y factores reproductivos.

La disposición de recursos tecnológicos y médicos hace la diferencia entre la vida y la muerte. Y, junto a ellos, los estilos de vida. El citado reporte indica que las diferencias en los tipos de cáncer incluyen variaciones regionales en la prevalencia de grandes factores de riesgo, la disponibilidad y el uso de prácticas médicas como los exámenes, la disponibilidad y calidad del tratamiento y la distribución por edades.

Dos de los cuatro cánceres más comunes en hombres en 2008 (estómago e hígado) y en mujeres (cerviz y estómago) en países en desarrollo estaban relacionados con infecciones, siendo el de estómago relacionado con las infecciones el más común en todo el mundo. Cerca del 15 por ciento de todos los cánceres en el mundo son atribuibles a esa causa, un porcentaje tres veces más alto en los países en desarrollo (26%) que en los desarrollados (8%).

Todos los esfuerzos, toda la afectación y todas las pérdidas a pesar de que se considera que más de la mitad de los cánceres son potencialmente prevenibles, como aquellos vinculados con el tabaco, el alcohol y la obesidad.

Aunque cualquier persona puede desarrollar una de las formas del mal, el riesgo aumenta con la edad. En los países más desarrollados, 78% de los casos nuevos ocurren después de los 55 años o más, en comparación con el 58 por ciento en los países en desarrollo.

Se cree además que un 5 por ciento de todos los cánceres son hereditarios. Esta condición genética, junto con los factores ambientales, responde por la mayoría de todos los casos.

Cada año, 175.300 niños de 0 a 14 años desarrollan la enfermedad, el 80 por ciento de ellos en países en desarrollo, en donde el subregistro es alto por las frecuentes muertes por desnutrición y enfermedades infecciosas.

Células de cáncer de pulmón

Las estadísticas revelan con crudeza la importancia e incidencia de todas las formas de cáncer en la vida moderna. El Foro Económico Mundial enfatizó que el cáncer y otras enfermedades no comunicables (diabetes, cardiovasculares) son una de las tres causas más probables y severas de amenaza a la economía mundial, pese a lo cual se considera que son males subestimados por la comunidad mundial: menos del 1 por ciento de los fondos públicos y privados para salud están destinados a prevenir y controlar el cáncer y esos otros problemas en países de ingresos medios y bajos.

El panorama preocupa, pero la ciencia sigue enfrentando el problema y propone alternativas todos los días. En uno de los últimos anuncios, por ejemplo, Peter Rothwell, del John Radcliffe Hospital y colegas, analizaron pacientes que tomaban una aspirina al día para prevenir enfermedades del corazón y advirtieron que esas personas tenían una menor tasa de mortalidad por cáncer, un hallazgo que se compadece con estudios previos que mostraban que el uso diario de aspirina y otras medicinas antiinflamatorias no esteroides durante periodos prolongados reducían el riesgo de cáncer de colon o la recurrencia de pólipos. La aspirina podría aliviar el riesgo en otros tipos de cáncer.

Un hallazgo casi a la par del descubrimiento de que las células madre en el tejido óseo serían responsables de la metástasis a los huesos de las células cancerosas de próstata y que implicaría otros tipos como el de colon, pulmón y seno, que también tienden a dirigirse hacia los huesos, hallazgo revelado en el journal of Clinical Investigation.

Quizás, dada la complejidad de la enfermedad, ese sea el futuro: soluciones parciales para compartimentos cancerígenos específicos.

Por ahora, mantener el enemigo a raya parece ser el mayor logro, con victorias parciales y la conciencia de que la prevención es condición vital para contenerlo, una alternativa secundaria en países en desarrollo, como el nuestro, con sistemas de salud centrados más en la intervención a posteriori.

Calvicie temprana, cáncer de próstata después…

Ojo, hombres con la calvicie temprana y el cáncer de próstata.

No es como para rascarse la cabeza, pero…

Los hombres que comienzan a perder su cabello hacia los 20 años de edad, tienen más probabilidades de desarrollar cáncer de próstata luego en su vida y deberían chequearse contra esa enfermedad, según un estudio publicado en Annals of Oncology.

El estudio francés comparó 388 hombres que estaban siendo tratados contra el cáncer de próstata y un grupo de control de 281 sanos y encontró que quienes tenían la enfermedad eran dos veces más probable que hubieran comenzado a perder pelo hacia los 20. Pero si comenzaban a perderlo hacia los 30 o 40 no había diferencia en el riesgo de contraer el cáncer en comparación con el grupo de control.

No se halló asociación entre la pérdida temprana de cabello y un diagnóstico más temprano del cáncer de próstata ni tampoco se encontró un vínculo entre el patrón de pérdida del pelo y el desarrollo del cáncer.

Hasta ahora la evidencia de la relación entre calvicie y cáncer de próstata no ha sido concluyente. Este, según los autores, es el primer estudio que establece la relación para la pérdida del pelo hacia los 20 años de edad y ese cáncer más tarde en la vida.

Al presente, explicó Philippe Giraud, profesor de Radiación Oncológica en Paris Descartes University y en el European Georges Pompidou Hospital, quien condujo la investigación, no hay evidencias sólidas de un posible beneficio de examinar toda la población para ese cáncer.

“Necesitamos una forma de identificar aquellos hombres con riesgo más alto que podrían ser examinados y también considerados para un tratamiento de quimio-prevención con drogas androgénicas como finasteride”.

La calvicie a los 20 podría ser ese anhelado indicativo. La alopecia androgénica, conocida como calvicie de patrón masculino, es común en los hombres, afectando al 50 por ciento durante su vida. Se ha hallado un vínculo entre calvicie y hormonas androgénicas y los andrógenos también juegan un papel en el desarrollo y crecimiento del cáncer de próstata.

Por un pelo, no tenemos espinas en el pene

Menos mal. Gracias a una jugada de la evolución… no tenemos espinas en el pene.

Sí. Un estudio que publica hoy la revista Nature muestra que en algún punto de nuestra historia evolutiva, los humanos perdieron un pedazo de ADN que de otra forma habría promovido el crecimiento de espinas óseas en el pene.

Se trata de sólo una de millones de pérdidas genéticas que nos separan de nuestro más cercano pariente, el chimpancé.

El estudio también informa la desaparición de un suiche de supresión del crecimiento, que permitió que nuestro cerebro creciera más.

Con los chimpancés compartimos cerca del 95 por ciento del genoma. La gran pregunta es ¿cuál es la biología molecular de ser humanos?, se preguntó David Kingsley, coautor del estudio y biólogo de Stanford University, de acuerdo con LiveScience.

Para averiguarlo, con otros colegas comparó el genoma del chimpancé, secuenciado en 2005, y el de los humanos, secuenciado en 2001. Hallaron millones de diferencias, pero para poder hacer la comparación se centraron en un número manejable: sólo 510 segmentos de ADN que están presentes en muchos otros animales, chimpancés incluidos, pero no en los humanos, lo que podría explicar qué nos hace especiales.

Dos categorías de genes mostraron la propensión a pérdidas cercanas de ADN. La primera, genes relacionados con el desarrollo neuronal. Uno suprime normalmente el crecimiento celular. Los humanos aún lo tienen, pero un pequeño segmento vecino no está, el que en otros animales controla la expresión de genes en unas partes del cerebro.

La segunda categoría de genes con la ausencia de vecinos reguladores es un grupo de genes receptores de andrógenos, hormonas masculinas, responsables entre otras del desarrollo de espinas óseas en el pene de otros animales.

Esas espinas son eso, pequeños huesos o puntas en la cabeza del pene de muchos animales. Por ejemplo, un escarabajo cuya dura y afilada punta hiere el tracto reproductivo de la hembra durante la entrega de esperma.

Roedores, mamíferos los tienen, e incluso pitones, cuyo hemipenis en forma de Y es a menudo espinoso para agarrarse de las paredes de la abertura femenina, la cloaca..

En especies con espinas en el pene, las hembras tienden a aparearse con varios machos. Las espinas pueden haber evolucionado para limpiar el esperma de un rival o para herir la vagina de la hembra, de modo que se aparee menos con otros.

En la foto, apareamiento de escarabajos.

De la que nos salvamos.

¡Niñas entran a la pubertad a los 7 años!

Algo está sucediendo. No es en Colombia, pero… Hoy, el doble de niñas de 7 años que hace una década, están llegando a la pubertad en Estados Unidos.
“Encontrar que las niñas están comenzando del desarrollo de los senos temprano y más temprano es muy preocupante”, dijo Marcia Herman-Giddens, de la Universidad de Norte de Carolina, quien había desarrollado un primer estudio en 1997. ¿Qué está sucediendo? “Para tener tal cambio en tan corto tiempo, tiene que ser el medio ambiente”, agregó.
Un nuevo estudio con 1.200 chicas en tres ciudades de Estados Unidos mostró que el 10,4 por ciento de las blancas de 7 años tenían desarrollo de senos relacionado con el inicio de la pubertad, comparado con 5 por ciento en 1997.
La proporción de niñas negras, sin embargo, decreció un poco, del 48 al 43 por ciento de las de 8 años que están entrando en la pubertad.
Frank Biro, del Cincinnati Children’s Hospital Medical Center en Ohio, líder del nuevo estudio, consideró que “parte de este incremento se debe al aumento del sobrepeso en las niñas”.
Las hormonas liberadas por las células con grasa adicional podría estar incidiendo. Su grupo está chequeando también muestras de sangre y orina para detectar químicos que imiten el estrógeno, por ejemplo provenientes de plásticos en el ambiente, o de la soya en la dieta.

Si quiere engordar, coma rápido

La vieja frase de las mamás: coma despacio para que le aproveche mejor, parece cobrar vigencia. a la luz de estudios de científicos griegos.
Comer demasiado rápido puede conducir a comer en exceso, porque los alimentos que se ingieren de manera apresurada limitan la liberación de hormonas en el intestino que desencadenan la sensación de llenura
En el citado estudio, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism voluntarios comieron 300 mililitros de helado a diferentes ritmos. Antes y después del helado se midieron los niveles de glucosa, insulina y lípidos en sangre así como de las hormonas intestinales.
Quienes tardaron 30 minutos en comérselo tuvieron las concentraciones más altas de las hormonas intestinales péptido YY y péptido similar al glucógeno, y tendían a sentirse más llenos que los que comieron el helado en menos tiempo.
Investigaciones previas han mostrado que la liberación de estas hormonas después de una comida le dice al cerebro que la persona está llena, pero éste es el primer estudio en examinar la manea en que comer a diferentes ritmos afecta la liberación de las hormonas.
“La mayoría de nosotros ha escuchado que comer rápido puede conducir a una ingesta excesiva de alimentos y a la obesidad, y de hecho algunos estudios observacionales apoyan esta idea”, señaló el autor principal, Alexander Kokkinos, del Hospital General Laiko en Atenas.
Su estudio ofrece una posible explicación para la relación entre la velocidad de comer y comer en exceso al mostrar que el ritmo al que se come podría impactar en la liberación de hormonas intestinales que le dicen al cerebro que deje de comer.

12