El camino del seno al cerebro

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Genes comprometidos. Tres genes juegan un papel fundamental en la migración de células cancerosas del seno hacia una zona altamente protegida del cerebro, en donde crecen hasta convertirse en un tumor letal, reveló un estudio de investigadores del Howard Hughes Medical Center.
Los estudios, desarrollados en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center indican que esas células emplean algunas de las mismas estrategias que utilizan las células cancerosas del seno para migrar hacia los pulmones, pero requieren herramientas moleculares más especializadas para infiltrarse en el cerebro.
La metástasis ocurre por lo general cuando células de un tumor primario se desprenden e invaden otro órgano. Es la transformación más mortal del cáncer, responsable del 90 por ciento de todas las muertes por cáncer.
La metástasis al cerebro, usualmente desde los cánceres de pulmón o seno, puede ser devastadora. Incluso con tratamiento, los pacientes sólo sobreviven de 6 a 10 meses luego del diagnóstico.
La metástasis es lo que usualmente se combate tras un postoperatorio por un tumor con terapias como la quimioterapia y la radioterapia, pero poco se sabe de sus mecanismos, explicó Joan Massagué, uno de las investigadores implicados en el nuevo estudio que prende una luz de esperanza para conocer los mecanismos mediante los cuales un cáncer hace metástasis.
Las células cancerosas del seno no se tornan metásticas del todo hasta que acumulan las alteraciones genéticas que les permitirán infiltrar nuevos tejidos y sobrevivir en ese ambiente.
Dos de los genes están relacionados también con la metástasis en el pulmón, mientras el tercero, ST6GALNAC5, aparece relacionado sólo con la diseminación al cerebro: produce una proteína que modifica la superficie de las células cerebrales.
En la foto, células de cáncer.

Inventan droga que remplaza el ejercicio

 

Parece ciencia ficción: investigadores identificaron dos drogas que imitan muchos de los efectos fisiológicos del ejercicio, drogas que incrementan la capacidad de las células de quemar grasa y son los primeros compuestos que aumentan la resistencia al ejercicio.
Las drogas se pueden suministrar vía oral y trabajan al reprogramar genéticamente las fibras musculares de modo que emplean mejor la energía y se contraen repetidamente sin fatiga.
En experimentos de laboratorio, ratones que tomaron las drogas corrían más rápido y más largo que los otros.
Los que recibieron Aicar, una de las drogas, corrieron 44 más largo que los animales sin tratamiento. El segundo compuesto, GW1516, tuvo un impacto más dramático en la resistencia, pero solo cuando se combinó con ejercicio.
La investigación corrió por cuenta de Ronald Evans, del Howard Hughes Medical Institute.
Evans indicó que las drogas que imitan el ejercicio podrían ofrecer protección contra la obesidad y desórdenes metabólicos relacionados. También ayudarían contra los efectos de devastadoras enfermedades musculares como la distrofia.
El estudio fue publicado esta semana en el journal Cell.
Una de las preocupaciones a futuro, sería el abuso por parte de personas que deseen aumentar su rendimiento, como deportistas, por lo que debería diseñarse una prueba para su detección en ellos.