Hijos de madres ciegas son más avanzados

Nadie lo pondría en duda: el contacto de los ojos es importante en la relación humana. Y seguir con la mirada lo que otros miran, también. Eso lo aprende el bebé con su madre, entre otras personas.

Lo curioso es esto: un estudio aparecido en Proceedings of the Royal Society B comparó bebés de padres que veían y de una madre invidente. No se encontraron déficits e incluso el hijo de la madre ciega avanzó más en su primer año de vida.

En la investigación se siguieron 5 niños de madres ciegas y 51 de padres con visión normal, de la infancia a los 4 años. Las invidentes eran quienes cuidaban sus hijos y uno de los niños tenía también un padre con problemas de visión.

Los niños fueron seguidos en ventanas de los 6 a los 10 meses, 12 a 15 y 24 a 47. Se examinó la tendencia a enfocar en los ojos en videos de rostros y su capacidad para seguir la mirada de una actriz que se dirigía a varios objetos. También se les midió la conducta autística y se les practicaron varios tests sobre desarrollo cognitivo y comunicación.

Los hijos de padres ciegos no mostraron diferencia en el contacto con los ojos ni en seguir la mirada de la actriz ni presentaron características de autismo. Y eran menos dados a mirar las caras de sus madres que los niños con padres de visión normal, indicando que habían aprendido a interactuar con sus madres como lo hacían con otra gente.

Durante la primera ventana, los niños de madres invidentes mostraron conductas más avanzadas, marcando alto en memoria visual y atención. Luego ambos grupos marcaron igual.

Los autores sugieren que el fenómeno igualaría las ventajas cognitivas que se ha demostrado en niños bilingües y podría fortalecer las habilidades cognitivas al comienzo de la vida.

¿Se puede envejecer con buena salud?

Detener el envejecimiento puede ser una irreal realidad de un mundo en el que la cosmética hace y deshace, con mujeres y hombres que se inyectan de todo, se levantan todo, se cosen todo como queriendo decir que los años no les hicieron mella.

Bueno detener el envejecimiento o retrasarlo al menos es más factible ahora que investigadores retrasaron la aparición de la reducción en la salud ligada al envejecimiento en ratones, para lo cual aniquilaron selectivamente células envejecidas, lo que sugiere que la senescencia celular puede causar daño activamente al tejido circundante.

El hallazgo fue publicado esta semana en Nature y podría ser usado un día para crear terapias contra el envejecimiento.

“Se ha especulado por algún tiempo que las células senescentes son una gran causa de los problemas que aparecen con la edad”, explicó Judith Campisi, bióloga celular en el Buck Institute for Research on Aging en California, citada por The Scientist y quien no participó en la investigación.

En efecto, los científicos han reconocido durante mucho tiempo el papel de esas células senescentes –células viejas que no se dividen más- en la declinación de la salud que viene con la edad, como debilidad muscular, problemas del corazón, cataratas y otras dolencias. Pero no se sabía cómo provocaban el daño.

Así, Jan van Deursen, biólogo del cáncer en la Clínica Mayo y colegas desarrollaron una prueba, en la que crearon ratones que envejecían rápido y padecía las enfermedades relacionadas con ese envejecimiento. Le insertaron un gen que le permitía matar selectivamente células senescentes al alimentar los ratones con un compuesto. Alimentados los ratones con él desde su infancia, demoraban más en desarrollar las enfermedades de la edad, con lo cual se demuestra que eliminadas aquellas células se detenían los problemas degenerativos, aunque no todos: las tasas de enfermedad cardiaca se mantuvieron y los ratones no prolongaron su vida, pero en general anduvieron más sanos.

¿Funcionará en ratones sin modificaciones? ¿En humanos?

Menos maquillaje y menos estiramientos…

Estrés infantil incidiría en el envejecimiento

La mala vida en la niñez marca de por vida. No es un juego de palabras. Los niños que sufren en los primeros años de su vida, podrían recibir efectos nocivos más tarde.

El hallazgo vino de una manera sorprendente. La adversidad toca a los niños y los marca de una manera particular. Un estudio con 100 menores de 5 años encontró que quienes pasaban más tiempo en un orfanato tenían telómeros más cortos. Y los telómeros cortos han sido asociados en los adultos con el envejecimiento, enfermedades del corazón y declinación cognoscitiva.

Es decir: esos niños quedarían marcados de por vida.

Estudios previos han hallado que el tamaño de los telómeros en la adultez se correlaciona con el estrés de la infancia. La nueva investigación presentada en Molecular Psychiatry cuantifica el impacto inmediato de la vida difícil en el tamaño de los telómeros.

Los telómeros son tiras de ADN no codificante, situados al final de los cromosomas y se reducen con cada división celular.

Charles Nelson, del Children’s Hospital en Boston y colegas conformaron al azar dos grupos de bebés de 6 a 30 meses viviendo en instituciones en Bucarest: la mitad fue puesta bajo cuidadosa atención y el resto permaneció en instituciones, donde eran menos atendidos.

Midieron luego la extensión de los telómeros correlacionada con el tiempo pasado bajo el cuidado institucional antes de los 54 meses. “Los resultados fueron consistentes con nuestra hipótesis”.

No se sabe qué acorta los telómeros, pero se sabe que el cerebro sufre muchos cambios en la temprana infancia. Los autores especulan que el estrés al comienzo de la vida podría tener efectos para toda la existencia.