Una hormona de la doble moral

Si existiera una hormona de la doble moral sería la oxitocina. Sí. Conocida por su asociación con rasgos positivos como la confianza, la cooperación y la empatía también puede hacer que las personas sean más deshonestas cuando se trata de servir los intereses de su grupo.

“Es la mejor evidencia hasta ahora de que no es la molécula moral”, dijo Carsten de Dreu, de la Universidad de Amsterdam, quien codirigió el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. “No hace a la gente más moral o inmoral, cambia el foco de las personas de sí mismas a su grupo”.

Décadas de estudios con animales han mostrado que la oxitocina está relacionada con la conducta social, la fijación del lazo entre los monógamos topos y entre otros animales. Y experimentos con humanos la han vinculado con la sensibilidad emocional, siendo llamada la hormona del amor.

Estudios recientes han mostrado que tiene un lado oscuro. Según el contexto, puede disminuir la confianza, reducir la cooperación o activar sentimientos negativos como envidia. En 2011 de Dreu halló que podía hacer que las personas sintieran discriminación hacia otros miembros de su grupo étnico o cultural.

En el último estudio, con Shaul Shalvi de Ben-Gurion University of the Negev en Israel, añade rasgos a este retrato de la hormona gracias a una investigación con 60 voluntarios que jugaron un simple juego tras inhalar bien un placebo o la oxitocina.

Los resultados sugieren que la hormona puede incentivar la conducta deshonesta, pero solo cuando servía al grupo y, además, refuerzan la idea de que la oxitocina es un químico social general que puede generar influencias extremas en la conducta humana en distintos contextos.

Pecar tiene su color

Los pecados tienen colores. Así de simple. O de complicado. Tres estudios examinaron las asociaciones automáticas entre palabras con significados morales e inmorales y los colores negro y blanco. La velocidad de nombrar un color fue mucho más rápida en un experimento cuando las palabras en negro implicaban inmoralidad antes que moralidad, de acuerdo con el reporte de Gary D. Sherman y colegas de la Universidad de Virginia publicado en Psychological Science. Además, privilegiando la inmoralidad al tener los participantes copias a mano de una afirmación antiética, aceleraba la identificación de las palabras en fuente negra.
Aunque la metáfora de la pureza moral está bien documentada, esta es la primera demostración de que negro y blanco, como representaciones de un contagio negativo (negro contamina blanco) son partes centrales de esta metáfora. El pecado no sólo es sucio, sino negro. Y la virtud moral no sólo es limpia, sino también blanca.
Los hallazgos tendrían implicaciones en el entendimiento de los prejuicios raciales.