Microbios intestinales nos manejan el cerebro

Si anda preocupado o alicaído, quizás no sean sólo los problemas. Ahora tiene una explicación más: puede echarles la culpa a los microbios en su intestino.

Científicos que estudiaban el comportamiento y la actividad de genes en ratones encontraron que esos microbios parecen moldear el desarrollo cerebral.

Si este hallazgo se comprueba en humanos, sería motivo para nuevas formas de tratar la depresión, la ansiedad y otros desórdenes mentales.

Hace 20 años, afirmar que los microbios en el intestino afectaban el cerebro sólo habría provocado risas, pero en la década pasada, recuerda Sven Pettersson, inmunólogo del Instituto Karolinska en Estocolmo (Suecia) los científicos han podido determinar que las bacterias que viven en nuestro cuerpo (la microbioma) desempeñan un papel en su funcionamiento, incidiendo desde las alergias hasta en la obesidad.

Fue Pettersson quien comenzó a sospechar de un vínculo mente-microbio hace cinco años, cuando con Shugui Wang, del Genome Institute of Singapore encontraron mediante estudios de expresión de genes que los microbios intestinales regulaban la actividad de un gen importante para la producción de serotonina, ese químico cerebral clave en distintos procesos.

Comenzaron entonces un trabajo con el neurobiólogo Rochellys Diaz Heijtz, también del Karolinska, para determinar las diferencias en el comportamiento entre ratones libres de gérmenes (que habían sido criados para que no tuvieran microbios) y ratones con su fauna intestinal intacta.

Los investigadores estudiaron a la vez varias regiones grandes del cerebro para medir su actividad en ambos tipos de animales.

El equipo halló diferencias en los niveles de actividad y ansiedad. Los ratones sin microbios pasaban más tiempo vagando por una zona abierta que los otros. Eran también más audaces. Al ser colocados en una caja con compartimentos oscuros e iluminados, la mayoría tendía a refugiarse en los sitios oscuros, pero no los libres de gérmenes. Esto sugiere que son menos ansiosos que los ratones normales, según el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los científicos descubrieron también que exponer los ratones sin gérmenes a los microbios intestinales durante la preñez, la camada era menos activa y más ansiosa, mostrando con mayor contundencia el papel de la microbioma en la modelación de la conducta.

Heijtz, Pettersson y colegas analizaron luego la actividad química y de los genes en el cerebro de los ratones, encontrando que aquellos sin gérmenes inactivaban con mayor rapidez que los otros los químicos asociados con la ansiedad, tales como la noradrenalina y la dopamina.

En total, los niveles de actividad de docenas de genes en el cerebro eran diferentes entre los dos tipos de ratones. Dos genes asociados con la ansiedad, por ejemplo, eran menos activos en los que no tenían bacterias.

La presencia de microbios, además, reducía asimismo las cantidades de dos proteínas importantes para la maduración de las células nerviosas, sugiriendo cómo la microbioma conduciría a las diferencias en el comportamiento. Durante la preñez, dijeron, los microbios intestinales pueden liberar químicos que afectan el desarrollo cerebral del feto.

¿Cómo traducir estos hallazgos en terapias para las enfermedades mentales? No se sabe.