Crece deshielo de la Antártida

Glaciar en la Antártida. Cortesía Nasa

Hace calor. La tasa de derretimiento de los glaciares de la Antártida Occidental se ha triplicado en la última década según un estudio de 21 años.

Sí. Los glaciares del sector del mar de Amundsen se están ‘desangrando’ más rápido que las otras partes de ese continente y están contribuyendo a elevar el nivel del mar.

El estudio fue realizado por científicos de la Universidad de California en Irvine y la Nasa y según ellos es el primero en evaluar y reconciliar cuatro técnicas de medición para producir un estimativo más preciso de la tasa de pérdida de hielo en las últimas dos décadas.

La pérdida de masa aumenta a una tasa sorprendente, según Isabella Velicogna, coautora del artículo con los resultados que será publicado en Geophysical Research Letters.

Tyler Sutterley, cabeza del grupo, recordó que estudios anteriores habían sugerido que la región había comenzado a cambiar dramáticamente desde los años 90.

Los glaciares pierden masa todo el tiempo según los análisis. La pérdida es de unas 83 gigatoneladas año. El Everest, en comparación, pesa unas 161 gigatoneladas, lo que sugiere que cada dos años en los últimos 20 la Antártida Occidental perdió un Everest.

La tasa se aceleró en 6,1 gigatoneladas por año desde 1992.

Durante el periodo cuando se juntaron las 4 técnicas la tasa de derretimiento aumentó en promedio 16,3 gigatoneladas por año, casi 3 veces la tasa del periodo de 21 años.

El comportamiento de los glaciares confiere el mayor grado de incertidumbre en predecir el futuro nivel del mar. La observación continua es por tanto fundamental ante el calentamiento del planeta.

Respire… ufff, qué infección

Sí, abra la boca, exhale… Sí, tiene una infección. Aunque resulte sorprendente, el análisis de la respiración puede ser un método preciso, no invasivo y rápido para determinar la severidad de infecciones bacterianas y otras, según un estudio publicado en Plos One.

Mediante un análisis químico desarrollado para examinar la polución del aire, microbiólogos de la Universidad de California en Irvine lograron correlacionar los niveles de inflamación en ratones de laboratorio con la cantidad de monóxido de carbono producido naturalmente y otros gases en muestras de aire exhalado por ellos.

Esto podría llevar a usos en personas para aplicaciones en áreas de emergencia y unidades de cuidado intensivo, quizás hasta remplazando los exámenes de sangre.

“El análisis de la respiración se ha mostrado promisorio como herramienta de diagnóstico en varias enfermedades crónicas”, explicó el profesor Alan Barbour.

“Este estudio provee la primera evidencia de que puede ser usado para una evaluación rápida de infecciones para instaurar tratamientos rápidos y efectivos”.

Barbour y Donald Blake hallaron que un aumento en la infección genera mayores cantidades de monóxido de carbono en muestras de aire, haciendo que este sea un marcado confiable sobre la presencia e intensidad de la infección. El monóxido retornaba a su nivel normal luego de que se suministraban antibióticos al ratón.

El próximo paso será investigar en humanos y piensan patentar el método.

Las termitas nos recalientan

Termitas. Si le preguntaran qué relación tienen las termitas con el cambio climático, ¿qué diría? Pues, que nada. Lógico. Bueno, lo era hasta ahora.
Una investigación de la Universidad de California en Irvine acaba de demostrar que el fluororo de sulfurilo (SO2F2), utilizado en insecticidas para fumigar edificaciones con termitas, es un potente gas de invernadero que permanece en la atmósfera de 30 a 40 años, quizás hasta 100 y no los cinco que se creía.
Ese hecho, más evidencias de que su uso casi se duplicó en los últimos seis años, preocupa a los autores del estudio, Mads Sulbaek Andersen, Donald Blake y el premio Nóbel F. Sherwood Rowland, descubridor del nocivo efecto para la capa de ozono de los clorofluorocarbonos en latas de aerosol.
Para Sulbaek Andersen ese compuesto dura tanto en la atmósfera, que “no podemos cerrar los ojos”.
El estudio apareció esta semana en el journal Environmental Science and Technology.
Kilo a kilo, el fluoruro de sulfurilo es unas 4.000 veces más eficiente que el dióxido de carbono (CO2), aunque existe mucho menos que este.
El compuesto bloquea la luz que refleja la superficie de la Tierra y que sin su presencia escapará de vuelta al espacio.
Los ensayos se realizaron en una carpa (foto) repleta con termitas.