Hallan jinete de hace 50 millones de años

Nada común fue el primer jinete de la prehistoria de acuerdo con un estudio publicado en el journal Biology letters.

No se trata de humanos sobre caballos. Tampoco sobre mastodontes ni mamuts. No. El hallazgo es más sorprendente.

Científicos produjeron increíbles imágenes tridimensionales de un ácaro prehistórico montado sobre la espalda de una araña que vivió hace ¡50 millones de años!.

De solo 176 micrometros de largo, apenas distinguible por el ojo humano, investigadores de la Universidad de Manchester en el Reino Unido y colegas en Berlín creen que el ácaro, atrapado en una resina de árbol, es el artrópodo más pequeño jamás escaneado mediante tomografía computarizada de rayos X.

El hallazgo también sitúa en esa lejana época el rasgo evolutivo relacionado con la capacidad de andar sobre otra especie o foresía.

“El espécimen, muy extraño en el registro fósil, es quizás el más antiguo miembro de la familia Histiotomatidae, aún vida”, dijo David Penney, uno de los autores.

No es inusual, sin embargo, que en resinas se encuentren insectos prehistóricos. “Son repositorios destacados de asociaciones ecológicas del récord fósil. En muchos casos, los organismos murieron de inmediato y fueron preservados con suma fidelidad, mostrando su conducta antes de la sorpresiva muerte. A veces nos referimos a ellos como “conducta congelada” o paleoetiología”, dijo el investigador.

La mayoría de los encontrados en ámbar, sin embargo, no están trenzados en ningún comportamiento especial, lo que hace más llamativo el hallazgo reportado.

“Foresía es cuando un organismo usa otro animal de especie diferente para transportarse a un nuevo ambiente”, explicó Richard Preziosi, biólogo.

Jason Dunlop, de Humboldt University en Berlín, explicó que “los ácaros son muy pequeños e incluso con los vivos es muy difícil trabajar. como fósiles son muy escasos y el grupo al que este pertenece solo ha sido hallado en los registros fósiles unas pocas veces”.

Foto cortesía

Una cosa piensa el caballo, otra el jinete

La escena parece lo más común: un humano montando un caballo. Para muchos, están hechos el uno para el otro. ¿Está este al servicio de aquel?

El caballo fue domesticado hace miles de años y ha sido importante en el desarrollo de la civilización. Se emplea como medio de transporte hasta para diversión en cabalgatas y actividades deportivas como los ecuestres.

Ahora, lo que nadie ha hecho es preguntarle al caballo si se siente cómodo.

El caballo, de todas maneras, retiene algo de su origen salvaje. Con frecuencia, se ve sometido a situaciones que le producen mucho estrés, como las competencias ecuestres, las carreras, los exámenes veterinarios y el transporte en vehículo.

También le produce estrés algo en lo que no creeríamos: la monta humana.

Sobre el tema pocos estudios se han hecho. Alice Schmidt, del grupo de Christine Aurich en la University of Veterinar Medicine en Viena (Austria) examinó el estrés que padece un caballo joven cuando es entrenado para ser montado.

Para eso examinó los latidos del corazón y la hormona del estrés, la cortisola, en su saliva.

El estudio lo hizo con caballos de tres años, cuando comienza el entrenamiento para la práctica deportiva.

El inicio del entrenamiento, encontró, es un periodo estresante. El trabajo inicial en la pista es moderado, pero aumenta mucho cuando es montado por primera vez. Los latidos del corazón aumentan, así como la cortisola en la saliva. Podría interpretarse como si el caballo viera en esa primera montada el potencial ataque de un depredador, del cual no puede escapar. Para ajustar, el jinete queda fuera del campo de visión, lo que puede exacerbar el problema.

Para sorpresa, se encontró que cuando caballo y jinete caminan hacia atrás o trotan hacia delante, el nivel de estrés disminuye. Parecería que se adapta rápido a la idea de ser montado y que el ejercicio, como sucede en los humanos, libera el estrés. La preocupación de ser montado disminuye gradualmente mientras el caballo es entrenado.

El maltrato o un régimen inadecuado de entrenamiento, podría estropear para siempre la relación entre el caballo y un jinete, limitando la posibilidad del equino de destacarse en las actividades que le impone el hombre.

Una cosa piensa el caballo, otra el que lo ensilla.