Ese olorcito que atrapa moscas

En sus pies podría estar un arma más para combatir la malaria y, quizás otras enfermedades.

Una media usada y una botella de levadura fermentada sería un medio barato y eficaz para atrapar mosquitos, según un nuevo estudio.

Científicos probaron varios ingredientes para trampas en Kenya occidental y encontraron que podría llevar esos insectos fuera de los humanos.

Los mosquitos siguen el dióxido de carbono (CO2) que es exhalado por los animales de los que se alimentan, transmitiendo en el caso de los humanos enfermedades como la malaria y el dengue.

Es común que los investigadores empleen trampas con carnadas de CO2 producidas industrialmente para capturar los mosquitos para su estudio, pero científicos de Wageningen University en Holanda, la Universidad de Nairobi en Kenya y el Internacional Centre for Insect Physiology and Ecology, con base en ese país africano, querían ver si podían emplear una versión casera más barata.

Colocaron así algunas trampas con el producto industrial y otras con una mezcla de levadura fermentada y una solución azucarada. Las dos opciones fueron examinadas en varios ensayos de campo en las afueras de Lwanda, una villa rural, cuyos ocupantes dormían bajo toldillos.

Algunos calcetines usados por dos de los científicos, APRA asegurarse que tenían volátiles humanos, fueron agregados a algunas trampas y en otras, como medio de control, se adicionaron calcetines limpios.

Las trampas que mejor resultado produjeron fueron las que contenían los calcetines y la levadura fermentada, de acuerdo con el reporte de SciDev.Net.

La malaria mata de uno a dos millones de personas cada año en países tropicales.

Regreso del más allá

Cuando una persona entra en coma, poco más se puede hacer por él. Ese parecía el caso de Josh Villa, un joven que sufrió un accidente automovilístico en Estados Unidos. Tras meses sin progreso, fue enviado a casa casi como un vegetal.
Pero Theresa Pape, del Departamento de Asuntos para Veteranos, se interesó en él y lo involucró en un estudio de seis semanas para recibir estimulaciones electromagnéticas del cerebro. Esa técnica se ha ensayado con algún resultado en personas que padecen Parkinson, migraña o que han sufrido un derrame. Era la primera vez que se usaba en alguien en coma.
Al comienzo de las 15 sesiones hubo pocos cambios. Pero al final algo cambió. Comenzó a mirar hacia donde escuchaba que le conversaban. Luego siguió órdenes simples y hablaba alguna palabra. Luego de las 30 sesiones paró el tratamiento, no hubo más progresos, según el informe en New Scientist.
Seis semanas después recibió otras 10 sesiones, pero no mejoró. Pese a todo, hoy es más fácil cuidarlo. Cuando se le habla, mueve los labios como diciendo que escucha. También abre y cierra los ojos para expresarse.
La transición del estado de coma al de mínima conciencia no podría atribuirse al uso de esa técnica, según John Whyte, del Instituto de Rehabilitación Moss en Pensilvania. Otras personas han llegado a esa fase sin tal ayuda.
Para Steven Laureys, del Grupo de Investigación del Coma en Bélgica, se entiende tan poco de las personas en esa condición, que cualquier estudio, así sea sencillo, aporta luces.
La madre de Villa cree que ahora le resulta más fácil atenderlo. No lo ve como alguien sumido en una depresión, sino que incluso puede quejarse.
Útil o no, el tema ha suscitado interés. La estimulación magnética transcraneal apunta a activar o inhibir áreas del cerebro haciendo más fácil o difícil la activación de las células.
En la foto, persona en estado de coma.