El egoísmo juvenil tiene raíces cerebrales

Más egoísta que un adolescente. Lo sufren padres, hermanos y compañeros. “Es joven, ¿qué más se podía esperar?, afirman sus padres.

Con el uso de tecnología de escaneo cerebral, científicos tratan de responderse porqué son así y… parece están logrando pistas interesantes.

Un estudio que incluyó un juego de confianza reveló que los muchachos de 12 a 14 años usan una parte del cerebro orientada al pensamiento egoísta cuando toman decisiones sobre si compartir con otros.

Los adolescentes de más edad y adultos jóvenes emplean esta parte “yo” del cerebro cuando actúan con egoísmo; en decisiones prosociales, sus cerebros cargan un área ligada a tomar las perspectivas de otros en consideraciones, encontró la investigación publicada en Psychological Science.

En el estudio participaron 62 voluntarios, que jugaban aquel juego con un aparato de imágenes por resonancia magnética funcional, que mide el flujo sanguíneo a diferentes áreas del cerebro como una manera de marcar la actividad cerebral.

En el juego, uno de los participantes puede compartir cierta cantidad de dinero por igual con otro jugador o darle toda la suma. Si divide por igual, el juego termina, pero si se lo da todo al otro, la cantidad de dinero aumenta y en ese punto el jugador 2 tiene la elección de compartir la soma con el jugador 1 o guardárselo casi todo.

Los investigadores, incluido Wouter van den Bos de Leiden University en Holanda, colocaron a los participantes del estudio en la posición del jugador 2, diciéndoles que el 1 había hecho ya su elección en una ronda previa del juego. Se les informó que serían recompensado financieramente por sus decisiones de confianza.

Algunas de las pruebas eran de bajo riesgo, en las que se les decía que el jugador 1 les había dado sólo una pequeña suma. Los de más riesgo eran aquellos en los que el 1 les daba una gran cantidad.

Los participantes fueron divididos en grupos por edades: 12-14, 15-17 y 18-22.

En promedio, los participantes eran recíprocos en la mitad de las pruebas, pero los resultados variaban de grupo en grupo de edad.

Los adolescentes pospúberes y los jóvenes adultos mostraron mayor reciprocidad durante los juegos de alto riesgo. Los más jóvenes no mostraron diferencias entre los juegos de bajo y alto riesgo. “Siempre estaban pensando más acerca de sus propios ingresos”, dijo Van den Bos a LiveScience.

Los resultados cerebrales fueron similares a los del comportamiento. Cuando se actúa con egoísmo, todos los grupos de edad mostraron una actividad cerebral similar en la corteza prefrontal media, una región involucrada en el pensamiento auto-orientado. Pero la actividad en la región egoísta no mostró nada durante la actitud de reciprocidad de los adolescentes medios y los jóvenes adultos, pero sí para los más jóvenes.

Es el cerebro. Ahora: ¿por qué se actúa así? Otro tema para investigadores, mientras los padres, amigos siguen soportando.

Las tortugas también juegan baloncesto

Las tortugas se divierten. De verdad. No se trata de una película animada ni de un libro. Las tortugas se divierten. ¿O es que sólo los perros y gatos tienen derecho o la capacidad de jugar?

Ellas juegan también. Gordon Burghardt, profesor de Psicología en la Universidad de Tennessee, Knoxville, dice que muchos animales, no sólo gatos y perros, necesitan un poco de diversión.

“Estudia el comportamiento de reptiles bebés y jóvenes por varios años y nunca observé algo que pudiera ser considerado un juego. Luego tuve una epifanía cuando vi a Pigface, una tortuga del Nilo, pegándole a un balón en el Nacional Zoo en Washington, D.C.

El hallazgo es discutido en la edición de octubre en The Scientist.

El científico es uno de los primeros, según un comunicado de la institución, en definir el juego en las personas y también en especies que no se creía fueran capaces de jugar, como peces, reptiles e invertebrados. Apartes de lo publicado en el artículo aparecen en su libro The Genesis of Animal Play-Testing the Limits.

“El juego es una conducta repetida que es incompletamente funcional en el contexto o a la edad en la cual es realizado y es iniciado voluntariamente cuando el animal o la persona está en un ambiente de rebajamiento o poco estrés”, es su definición de juego.

En los animales, dice, “podemos evaluar más cuidadosamente el rol del juego en el aprendizaje de habilidades, el mantenimiento del bienestar físico y mental, mejorar las relaciones sociales y así como lo que vemos en las personas”.

Y más interesante: “podemos desarrollar ideas y aplicarlas a personas para ver si las mismas dinámicas funcionan. Por ejemplo, el rol del juego en disminuir los efectos del déficit de atención e hiperactividad en los niños es estudiado mediante investigación en ratas”.

El juego no es exclusivo de humanos ni de los mamíferos. Aparte de Pigface, una tortuga de más de 50 años de edad, y para citar sólo otro ejemplo, Jennifer Mather, de la Universidad de Lethbridge en Canadá, observó dos pulpos que movían botellas vacías sobre el agua a punta de chorros que producían ellos.