Plutón tiene un hermano: Eris

Donde el frío es eterno y el tiempo pasa sin que nadie lo note, astrónomos lograron medir con mayor precisión el tamaño de un planeta enano, Eris, situado hoy a 95 veces la distancia Sol-Tierra: 14.250.000.000 kilómetros.

El resultado: Eris es similar en tamaño a Plutón.

Fue en noviembre de 2010 cuando este cuerpo, habitante del Cinturón de Kuiper, pasó delante de una estrella tenue que le sirvió de fondo, un evento llamado ocultación, una manera poco común pero segura para medir el tamaño de un cuerpo lejano del Sistema Solar.

Desde 26 sitios alrededor del planeta se intentó observar la ocultación siguiendo el camino previsto de la sombra del planeta enano, pero sólo dos lo lograron, ambos en Chile y uno fue el Observatorio La Silla de la ESO. El otro fue San Pedro de Atacama.

Los telescopios registraron una caída repentina en el brillo cuando Eris bloqueó la luz de la lejana estrella.

La combinación de los datos reveló que Eris casi tiene forma esférica.

Este cuerpo fue encontrado en 2005. Su descubrimiento fue una de las razones que motivó una nueva clase de objetos llamados planetas enanos y la reclasificación de Plutón al pasar de planeta a planeta enano en 2006. Eris se halla hoy tres veces más lejos del Sol que Plutón.

Las primeras observaciones sugerían que Eris era quizás un 25% más grande que Plutón, con un diámetro estimado de 3.000 kilómetros.

La medición realizada en noviembre de 2010 determinó que en verdad su diámetro es de 2.326 kilómetros, con una precisión de 12 kilómetros, lo que sugiere que su tamaño se conoce con mayor precisión que el de Plutón, cuyo diámetro ha sido estimado entre 2.300 y 2.400 kilómetros.

En realidad el diámetro de este es más difícil de medir por la presencia de una atmósfera que hace que su borde sea imposible de detectar directamente por medio de ocultaciones. El movimiento del satélite Disnomia de Eris, según un comunicado de prensa de la ESO, se usó para estimar la masa del planeta enano: es 27% más pesado que Plutón. Y al efectuar la combinación con el diámetro se pudo obtener su densidad: es de 2,52 gramos por cm3.

Emmanuel Jehin, quien participó en el estudio, explicó que “esta densidad significa que Eris es probablemente un gran cuerpo rocoso cubierto por una capa relativamente delgada de hielo”.

Su superficie resultó muy reflectante, al punto de reflejar el 96% de la luz que le llega, o sea más brillante que la nieve fresca, siendo entonces uno de los cuerpos más reflectantes del Sistema Solar, junto con la luna Encelado de Saturno.

Quizás esa superficie está compuesta por hielo rico en nitrógeno mezclado con metano congelado, revistiendo la superficie con una capa de hielo delgada y reflectante de menos de un milímetro de espesor.

Ese hielo puede convertirse en gas a medida que Eris alcanza su punto más cercano al Sol, a una distancia de 5.700 millones de kilómetros.

En el dibujo cortesía de ESO se aprecia cómo debe lucir Eris con su luna Disnomia.

Una pequeña vecina

Cortesía ESO

Si no conocía, la Barnard, acá está. Es una vecina. Y como buen vecino, hay que saber quién es quién.
La galaxia de Barnard, conocida también como NGC 6822, contiene zonas de rica formación de estrellas y extrañas nebulosas, como la burbuja muy visible en la parte superior izquierda de esta notable imagen.
Los astrónomos la clasifican como una enana irregular por su forma rara y tamaño relativamente diminuto en relación a los estándares galácticos.
La imagen fue tomada desde el Observatorio La Silla en chile, del European Southern Observatory. En ella la Barnard brilla bajo un mar de estrellas en primer plano, en dirección a la constelación de Sagittarius (el Arquero). A sólo 1,6 millones de años-luz, es un miembro del Grupo Local, ese archipiélago de galaxias que incluye nuestro hogar, la Vía Láctea.
Su apodo proviene de su descubridor, el astrónomo norteamericano Edward Emerson Barnard, quien en 1884 espió este islote cósmico visualmente escurridizo empleando un refractor de 125 milímetros de apertura.
Con un tamaño similar a un décimo de la Vía Láctea, la Galaxia de Barnard se ajusta a su clasificación de enana: contiene unas 10 millones de estrellas, muy lejos de las 400 mil millones que se estima posee la Vía Láctea. En el Grupo Local, como en otras partes del Universo, las galaxias enanas sobrepasan en número a sus primas más grandes y hermosas.
Las galaxias enanas irregulares como ésta adoptan sus formas de mancha a través de encuentros cercanos con otras galaxias o de la “digestión” de éstas. Tal como todo lo que hay en el Universo, las galaxias están en movimiento, y a menudo pasan muy cerca unas de otras o incluso a través de éstas. La densidad de estrellas en las galaxias es bastante baja, lo que significa que pocas estrellas colisionan físicamente durante estas disputas cósmicas. Sin embargo, la fatal atracción de la gravedad puede cambiar esta situación de modo espectacular, mezclando las formas de las galaxias que pasan y colisionan. Grupos completos de estrellas son tironeados o lanzados de su hogar galáctico para formar galaxias enanas de figuras irregulares como NGC 6822, dice la información suministrada por ESO.