El calor afecta el sexo

Los investigadores con los dragones. Cortesía M. McAulay

Hace calor y… ¡magia! Lo que era macho se convertirá en hembra. Y no hay operación de cambio de sexo de por medio.

Bueno, no es magia: es la naturaleza en acción. Científicos de la Universidad de Canberra confirmaron por primera ve el cambio de sexo en lagartos inducido por el clima, estudio publicado en Nature.

Los investigadores, que han estudiado por mucho tiempo los lagartos dragones barbudos Pogona vitticeps de Australia, pudieron demostrar el proceso de determinación del sexo en esos reptiles, que puede cambiar de uno determinado por los cromosomas a otro determinado por la temperatura.

En laboratorio ya se había demostrado, explicó Clare Holleley, autora principal del artículo. Las temperaturas altas convierte los dragones genéticamente machos en hembras.

Ahora se demuestra que en la naturaleza está ocurriendo lo mismo, un hallazgo

“Demostramos que estos individuos con sexo revertido son fértiles y eso es un proceso natural”.

El estudio incluyó análisis moleculares que revelaron que algunos lagartos más calientes tenían cromosomas de macho pero eran realmente hembras.

También se encontró que las madres con sexo reversado, hembras que son machos genéticamente, ponían más huevos que las normales.

Los investigadores seguirán los estudios para ver las respuestas evolutivas ante el cambio climático u el impacto que podría tener en la biodiversidad global.

En qué se parecen una tortuga y un dinosaurio

Macrochelys temminckii, cortesía ACC

Si se mira bien, algún parecido se les saca. Pero no es sencillo entender que las tortugas tienen como parientes lejanos… los dinosaurios y las aves.

Eso acaban de establecer científicos de la Academia de Ciencias de California, que reconstruyeron en detalle el árbol de la vida de las tortugas, simpáticos animales, muchas de cuyas especies están amenazadas de extinción.

El trabajo se hizo con una nueva generación de tecnologías de secuenciación que permitieron analizar grandes cantidades de información genética, una técnica denominada Ultra Conserved Elements.

Los resultados del estudio fueron publicados en Molecular Phylogenetics and Evolution y revelan los parientes cercanos de las tortugas en el mundo animal. La técnica refuta la creencia extendida de que están muy relacionadas con lagartos y serpientes. En vez de eso, los autores las colocan en un nuevo grupo, Archelosauria, y estos son sus parientes más cercanos: aves, cocodrilos y dinosaurios.

Los investigadores creen que este nuevo grupo será el mayor grupo de vertebrados en recibir un nuevo nombre científico.

Se desprende del análisis que los resultados podrían terminar con años de especulación y poner los arquelosaurios en su lugar correcto en el árbol de los reptiles.

Para sorpresa las tortugas de caparazón blando fueron puestas en su propio árbol evolutivo, lejos de cualquier otra tortuga. Su larga historia independiente ayuda a explicar su forma llamativa así como su antiquísima presencia en el registro fósil, en el que está mucho antes que las llamadas tortugas de pantano con las que se les situaba.

James Parham, coautor, explicó que la nueva técnica permite comparar la evolución no solo a través de las especies sino también en cada continente. El estudio de los fósiles, en particular los rasgos óseos, no siempre presenta un cuadro evolutivo verdadero.

El árbol de la vida de las tortugas basado en la anatomía fósil no cuadra con el tiempo de aparición en el registro fósil como tampoco en la geografía. El nuevo trabajo reconcilia la información del ADN y los fósiles.

En cuestión de parejas, la diversidad es bienvenida

En la variedad está el placer. Y eso, precisamente, es lo que aplican los animales en materia de apareamiento. Noe s cuestión de infidelidad, que tal vez no exista en su mundo, es asunto de supervivencia.

Lo practican las aves, las abejas también. Súmeles las langostas, las ranas y los lagartos. Y la lista crece. Un grupo de científicos de Simon Fraser University. Concordia University y Dalhousie University encontraron que la flexibilidad en rituales de apareamiento es la clave en el éxito reproductivo cuando los machos sobrepasan en número las hembras.

El equipo analizó cientos de investigaciones sobre las tendencias en apareamiento de mamíferos, insectos, peces, crustáceos, anfibios y reptiles. “Hallamos que hay una gran flexibilidad en el comportamiento y las costumbres a través de las especies”, dijo James W. Grant, profesor del Departamento de Biología en Concordia.

En las épocas de apareamiento, cuando los machos compiten por las hembras, el cortejo puede ir desde la pelea al desespero cuando los machos sobrepasan en número al otro género.

“Tendemos a pensar que más machos significan más pelea, pero luego de cierto punto, pelear con todos los machos alrededor es extenuante y riesgoso por las chances de lesión. Lo que es más: la ocasión puede ser aprovechada por un macho que se robe la hembra”, explicó Laura Weir, de la Simon Fraser.

En la batalla por la reproducción, se encontró que el elemento sorpresa es un arma elegida por machos rodeados de otros dominantes. “Machos pueden olvidarse del cortejo y tratar de obtener éxito reproductivo de distintas maneras”, indicó Jeffrey Hutchings, de Dalhousie.

Los machos también optan por ser guardianes de las hembras en vez de los rituales tradicionales de cortejo durante la escasez de machos, una mala noticia para las hembras que esperan ser servidas por múltiples parejas.

“Las vigilan hasta que están listas para aparearse para asegurar cierto grado de éxito reproductivo al prevenir la competencia del esperma de machos subsecuentes”, dijo Grant, advirtiendo que ellos establecen la cantidad de esperma de acuerdo con cuántos competidores enfrentan.

Cuando las parejas escasean, es común que los machos merodeen independiente del interés que muestren las hembras. “Sin embargo, si las hembras abundan y los encuentros son frecuentes, ellos pueden alejarse de las que no sean receptivas para buscar una que esté lsita para aparearse”, explicó Grant.