Un parásito induce al canibalismo

Acto de canibalismo inducido. Cortesía U. of Leeds

Hay hormigas llevadas a su muerte por un hongo, avispas que determinan el destino de gusanos. Científicos reportaron ahora un caso bien extraño. Sí, de un parásito del tamaño de una célula sanguínea humana que provoca canibalismo.

Sí, el parásito Pleistophora mulleri altera el comportamiento de un camarón de agua dulce Gammarus duebeni celticus para que se coman a los más jóvenes.

El hallazgo fue presentado en Royal Society Open Science.

El canibalismo no es extraño al mundo animal. De hecho hay cerca de 3.000 especies que lo practican en diversas condiciones, pero no se había demostrado que un parásito pudiera conducir a esa práctica.

Algunas veces los camarones adultos consumen los más jóvenes, lo que contribuye a la diseminación del parásito, que es específico de esta especie a la que afecta sus músculos, dañándolos y ocasionando unas ansias insaciables de comida.

Científicos de las Universidades de Leeds en Inglaterra, Stellenbosch en Sudáfrica y Queen’s University en Belfast recogieron camarones machos y jóvenes en arroyos del norte de Irlanda. En laboratorio demostraron que los adultos infectados con el parásito comían el doble de jóvenes que los que no estaban infectados. Estos evitan los jóvenes infectados con el parásito, pero los adultos infectados comían unos y otros.

“El aumento de la demanda de comida por los parásitos puede hacer que el hospedero sea más caníbal”, dijo el coautor Mandy Bunke a Discovery News.

“También hallamos que los camarones infectados pueden cazar menos presas de otras especies, así que el canibalismo de camarones pequeños es la única manera que tienen de sobrevivir, indicó Alison Dunn, también participante.

Qué sale de un amor entre primos

Amores entre primos no siempre terminan como no se desearía: una completa revisión de casos publicada en The Lancet vincula el matrimonio consanguíneo con dos veces un aumento en el riesgo de defectos de nacimiento como problemas respiratorios o síndrome de Down.

Un riesgo similar se encontró en mujeres que conciben cuando tienen más de 34 años de edad.

Un estimativo indica que cerca del 80 por ciento de los matrimonios en toda la historia se han dado entre primos primeros o segundos. Y hay casos ilustres: Charles Darwin, Albert Einstein, Edgar Allan Poe y otros.

Y con frecuencia se dice que los primos son el primer amor.

De todas maneras el aumento del riesgo es menor: de un 2 al 6 por ciento, indicando que solo una minoría de bebés nacidos de parientes sanguíneos o madres mayores desarrollan alguna anomalía, expresó Eamonn Sheridan, genetista clínico en la Universidad de Leeds en el Reino Unido.

La población objeto fue la de Bradford, en donde los paquistaníes tienen un alto grado de matrimonios entre primos.

En contraste con estudios previos, no se halló un aumento de defectos de nacimiento de madres que fumaban, ingerían alcohol, eran obesas o por estatus socioeconómico, aunque los investigadores explicaron que la cohorte no fue muy grande para detectar efectos significativos relacionados con esos factores.

Internet deprime o la depresión va a Internet

Si es adicto a Internet, cuidado que podría amenazarlo un mal: la depresión.
Eso se desprende del más grande estudio de su tipo para Occidente que realizaron psicólogos de la Universidad de Leeds.
Los investigadores encontraron evidencias sólidas de que algunos internautas han desarrollado un hábito compulsivo por la web, por lo que remplazan la interacción social real por chats online y sitios de redes sociales. Los resultados sugieren que este tipo de adicción puede tener un impacto serio en la salud mental.
Catriona Morrison, cabeza del estudio, considera que “la Internet jeuga ahora un papel importante en la vida moderna, pero sus beneficios vienen acompañados de un lado oscuro”.
“Mientras muchos la usamos para pagar facturas, comprar y enviar correos, hay un pequeño grupo de la población al que les es difícil controlar cuánto tiempo pasa online, al punto de que interfiere con sus actividades diarias”.
Estos adictos, se reveló, pasan proporcionalmente más tiempo mirando sitios sexuales, de juegos online y comunidades online y tienen una mayor tasa de depresión severa a moderada que los navegantes no adictos.
Lo que no saben los investigadores es si la depresión viene primero y después el uso de Internet o si es la red la que la provoca.
“Lo que es claro es que para ciertas personas, el uso excesivo de Internet puede ser una señal de alarma sobre tendencias depresivas”.