Un método para detectar Alzheimer

Saberlo sería bueno, tal vez para tratar de retrasarlo.

Científicos del Centro Médico de la Universidad de Georgetown reportaron en marzo la identificación de 10 lípidos que podrían predecir el desarrollo de demencia con un 90% de precisión y ahora otro grupo halló 10 proteínas que también tendrían similar impacto predictivo.

Identificar biomarcadores en la sangre que ayuden a predecir qué paciente desarrollará Alzheimer ha sido un campo de febril actividad científica.

Los investigadores Simon Lovestone del King’s College London y University of Oxford y colegas analizaron la sangre de 452 pacientes sanos, 330 con problemas cognitivos leves y 476 con la enfermedad de Alzheimer y lograron predecir con una precisión del 87% quiénes desarrollarían la enfermedad en el año siguiente, según el estudio publicado en Alzheimer’s & Dementia.

“El Alzheimer comienza a afectar el cerebro varios años antes de que los pacientes sean diagnosticados con la enfermedad”, dijo Lovestone al diario The Guardian. “Un simple test de sangre podría ayudarnos a identificar los pacientes en una etapa mucho más temprana para hacer parte de pruebas y poder desarrollar tratamientos que pudieran retrasar la progresión de la enfermedad”.

Las pruebas desarrolladas, sin embargo, aún dan un número alto de falsos positivos.

“Nos tomará varios años y necesitamos muchos más pacientes antes de que podamos estar seguros de que estos exámenes estén disponibles para uso clínico”, dijo el coautor Ian Pike.

Meta de la vida sintética supera otro escollo

Hágase la vida y la vida se hizo. En tiempos en el que el hombre juega a

ser la máxima expresión del universo, científicos dieron un paso adelante hacia la anhelada, por muchos, creación de vida artificial de la nada.

Abracadabra. Mediante una novedosa reacción, químicos crearon membranas celulares autoensambladas, esas coberturas que contienen y soportan las reacciones requeridas para la vida y que serían el sobre para las células sintéticas que pretenden crear.

El éxito fue reportado en el journal of the American Chemical Society. “Una de nuestras metas a largo plazo, muy ambiciosa, es intentar crear una célula artificial, una unidad sintética viva, crear un organismo vivo a partir de moléculas no vivas que nunca han sido parte ni tocado un organismo”, expresó Neal Devaraj, profesor de Química en la Universidad de California en San Diego, quien adelantó el desarrollo con Itay Budin.

“Esto debió ocurrir en algún punto en el pasado. De otro modo, la vida no existiría”.

Con el ensamblaje de un componente esencial de la vida terrestre con precursores no biológicos, se espera dilucidar el origen de la vida.

“No entendemos este paso fundamental de nuestra existencia, que es cómo la materia no viva se convirtió en materia viva”, dijo.

Los científicos crearon moléculas similares con una reacción novedosa que junta dos cadenas de lípidos. “En nuestro sistema, usamos una especie de catalizador primitivo, un ión de metal muy simple”, según Devaraj. “La reacción es artificial. No existe un equivalente biológico a esta reacción química”.

Así, crearon membranas sintéticas de una emulsión acuosa de un aceite y un detergente. Sola es inestable. Si se le agregan iones de cobre, vesículas y túbulos, comienzan a emerger gotas de aceite. Luego de 24 horas, esas gotas se han esfumado, consumidas por las membranas autoensambladas.

Hace dos años, el grupo del reconocido genetista Craig Venter publicó el desarrollo de una célula sintética, en la que solo su genoma era artificial. El resto fue sustraído de una célula bacterial.

La vida artificial como tal, completa, requiere la unión de un genoma que porte la información como de una estructura tridimensional que lo albergue

El valor de esta membrana sintética es su simplicidad. A partir de precursores disponibles en el comercio, solo se necesita un paso preparatorio para crear una cadena de lípidos iniciadora.

Polución afecta La Última Cena de Da Vinci

Sobrevivió largos siglos, resistió dificultades políticas, no sucumbió ante los bombardeos durante la Segunda guerra Mundial, pero La Última Cena de Leonardo Da Vinci enfrenta ahora un gran riesgo: la polución de una de las ciudades más contaminadas de Europa.

A finales de 2009, los encargados de la iglesia de Santa María Delle Grazie donde se encuentra, instalaron un sofisticado sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado para proteger la pintura del aire de Milán.

Para chequear la efectividad de las medidas anticontaminantes, oficiales italianos contactaron a Constantinos Sioutas de la USC Viterbi School of Engineering.

Para la investigación examinaron muestras del aire mediante tecnologías para lugares donde se necesita alta sensibilidad, que no interrumpen las actividades diarias, explicó Sioutas.

Un grupo multinacional empleó monitores para determinar si la polución interior hacía sido reducida en la iglesia, así los visitantes que gozan con la pintura sean a la vez una fuente potencial de afectación.

Los resultados serán presentados en diciembre, para ver si se deben tomar medidas adicionales. En esencia se encontró que los controles han funcionado en parte. Las concentraciones del material particulado se redujeron entre 88 y 94 por ciento frente a los niveles del exterior.

La preocupación es el aire dentro de la iglesia: los lípidos de la piel de los visitantes del templo aparecieron en grandes cantidades, pese a la estricta regulación para entrar el lugar. Esos lípidos se combinan con el polvo en el aire y si lo hacen con la pintura misma la contaminan.

“Incluso la pintura misma emite”, dijo Nancy Daher, otra investigadora que participa en el estudio: pequeñísimas partículas de la cera usada en esfuerzos anteriores de reparación de la pintura también entran al aire, contaminando la obra de igual forma.

En unos días se sabrá qué se debe hacer para preservar esta obra maestra del arte con más de 500 años de vigencia.

Las bacterias nos hacen de todo

Cada vez resulta más asombrosa la capacidad de supervivencia de las bacterias. Y, también, cómo obran sobre diversos organismos para mantenerse.

Hemos visto en otras notas, cómo cuando están en el cerebro (T. gondii) modifican el temperamento de las personas. Veíamos que bacterias intestinales también tienen efectos sobre el cerebro, lo que se demostró hace pocas semanas en ratones (Instituto Karolinska de Sucecia).

Ahora, en el journal mBio, Sandrine Claus, del Imperal College London, y colegas, demuestran que las bacterias en el intestino, además de ayudar en la digestión de los alimentos, podrían estar ejerciendo cierto nivel de control sobre el funcionamiento metabólico de otros órganos. El hallazgo presenta un nuevo acercamiento el entendimiento de la relación simbiótica entre humanos y su fauna intestinal y, muy interesante, revela cómo cambios en la microbiota intestinal puede afectar la salud de los individuos.

“La microbiota (intestinal) alienta la capacidad metabólica del hospedero para procesar nutrientes y drogas y modula las actividades de múltiples conexiones en varios sistemas de órganos”, dijo la investigadora.

Los científicos demostraron en ratones la asociación de una familia de bacterias y el metabolismo de lípidos del hígado.

Otro hallazgo del estudio, según Claus, es que la colonización intestinal estimula mucho la expresión y la actividad del citocromo P450 3ª11, una enzima esencial en los mecanismos de desintoxicación de drogas.

Somos unas bacterias.

Si quiere engordar, coma rápido

La vieja frase de las mamás: coma despacio para que le aproveche mejor, parece cobrar vigencia. a la luz de estudios de científicos griegos.
Comer demasiado rápido puede conducir a comer en exceso, porque los alimentos que se ingieren de manera apresurada limitan la liberación de hormonas en el intestino que desencadenan la sensación de llenura
En el citado estudio, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism voluntarios comieron 300 mililitros de helado a diferentes ritmos. Antes y después del helado se midieron los niveles de glucosa, insulina y lípidos en sangre así como de las hormonas intestinales.
Quienes tardaron 30 minutos en comérselo tuvieron las concentraciones más altas de las hormonas intestinales péptido YY y péptido similar al glucógeno, y tendían a sentirse más llenos que los que comieron el helado en menos tiempo.
Investigaciones previas han mostrado que la liberación de estas hormonas después de una comida le dice al cerebro que la persona está llena, pero éste es el primer estudio en examinar la manea en que comer a diferentes ritmos afecta la liberación de las hormonas.
“La mayoría de nosotros ha escuchado que comer rápido puede conducir a una ingesta excesiva de alimentos y a la obesidad, y de hecho algunos estudios observacionales apoyan esta idea”, señaló el autor principal, Alexander Kokkinos, del Hospital General Laiko en Atenas.
Su estudio ofrece una posible explicación para la relación entre la velocidad de comer y comer en exceso al mostrar que el ritmo al que se come podría impactar en la liberación de hormonas intestinales que le dicen al cerebro que deje de comer.