A donantes de hígado no les va mal

De las cosas difíciles es encontrar donantes de órganos para salvar vida, pues por lo general no hay cama para tanta gente. Pero hay una luz para cierta clase de pacientes.

El trasplante de hígado de una persona viva es una cirugía segura para el donante, según estudio en el Henry Ford Hospital que evaluó 10 años de la práctica.

El estudio confirmó que durante el periodo en ese centro no hubo un solo donante muerto ni condiciones críticas que requirieran estar en la Unidad de Cuidados Intensivos.

El trasplante de hígado de donante vivo adulto-adulto, introducido hace una década, incluye la donación del lóbulo derecho del hígado de un donante familiar o amigo cercano. Esta modalidad es una gran contribución al suministro de órganos y reduce la lista de espera de enfermos y la mortalidad.

“Hay una necesidad creciente para un número limitado de órganos disponibles y más gente está muriendo mientras espera, así que necesitamos mirar formas de continuar aumentando con seguridad el número de órganos”, dijo Hemal Patel, gastroenterólogo del Hospital.

La tasa de supervivencia en el Ford fue del 100%, con la mayoría de complicaciones de grado bajo, siendo buenas noticias para el futuro de esta clase de trasplantes”.

Los resultados del estudio fueron presentados la semana pasada en San Francisco, California.

El estudio involucró 54 trasplantes de donantes vivos realizados en el Henry Ford entre enero de 2000 y marzo de 2011 y halló que esa no es una fuente de mortalidad no de complicaciones médicas.

Hubo un 25% de re-hospitalizaciones tras la cirugía, por problemas menores. De estas, 26% requirió operaciones, endoscopias o intervenciones radiológicas.

El promedio de duración de las cirugías de trasplante fue de 6,19 horas y una permanencia en el hospital de 6,72 días.

Todos los donantes volvieron a sus actividades normales después.

La tortura no sirve para sacar la verdad

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Aunque es método reprobable y condenado utilizado aquí y allá, la tortura no parece una buena herramienta. Una revisión de la literatura científica en neurociencias, reveló que las técnicas coercitivas de interrogación usadas por ejemplo durante la administración Bush para extraer información de personas sospechosas de ser terroristas pueden haber sido poco exitosas y haber creado efectos negativos en la memoria y el funcionamiento cerebral de esas personas, se publicó en Trends in Cognitive Science.
Unos memorandos entregados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en abril pasado detallando esas técnicas de interrogación sugieren que los periodos prolongados schock, estrés, ansiedad, desorientación y carencia de control son más efectivas que los interrogatorios estándar para hacer que las personas revelen información cierta que recuerden. Eso se basa, dijo el profesor Shane O’Mara, del Instituto de Neurociencias del Trinity College en Dublín (Irlanda) en la asunción de que los sujetos estarán motivados a revelar información para que cese el estrés extremo.
Pero estudios psicológicos sugieren que durante el estrés y la ansiedad extremos los cautivos estarán condicionados a asociar el habla con períodos de seguridad. Para el captor, cuando el cautivo habla, el objetivo de obtener información se habrá logrado, por lo que disminuirá la presión. Por lo tanto, es difícil o imposible determinar durante el interrogatorio si la persona está revelando información verdadera o sólo está escapando de la tortura. Las investigaciones también han demostrado que el estrés extremo tiene un efecto de borrado del lóbulo frontal y está asociado con la producción de recuerdos falsos.
Y estudios neuroquímicos han revelado que el hipocampo y la corteza prefrontal regiones del cerebro integrantes del proceso de memoria, son receptores ricos de hormonas que son activadas por el estrés y la privación del sueño, lo que también tiene efectos de borrado en la memoria.
Para O’Mara, en conclusión, dado el actual conocimiento cognitivo neurobiológico, es improbable que la interrogación coercitiva con altos extremos de estrés faciliten la liberación de información verdadera desde la memoria de largo plazo.

El cerebro que nunca se fue

Cortesía de PNAs.

Cerebro. Fue por casualidad. Y parece un hito. ¡Saben por qué? Pues porque nunca ha sido tarea sencilla sino casi imposible recuperar tejido blando con varios millones de antigüedad.

Mientras examinaban el cráneo de un iniopterigio con una holotomografía sincrotrónica, científicos franceses se encontraron una sorpresa: que tenía cerebro.

Este pez fue un antiguo pariente de los tiburones y peces rata que vivió hace cerca de 300 millones en aguas poco profundas y pantanosas del fondo marino. No medían más de 50 centímetros y de él se conservan pocos cráneos en tres dimensiones: la mayoría están aplastados.

En una de las muestras se encontró una estructura peculiar: era más densa que la matriz que rodeaba y llenaba la cavidad craneal y la cual está hecha de calcita cristalina.

Para ver bien la estructura en detalle, utilizaron una segunda técnica, la holotomografía. Sorprendentemente los resultados revelaron un objeto simétrico, elongado colocado donde hubiera estado el cerebro.

Cortesía de PNAS

La reconstrucción en 3D reveló diferentes partes del cerebro, como el cerebelo, los lóbulos ópticos y los tractos, entre otros. No se pudo apreciar el área frontal, quizás muy pequeña para haberse mineralizado.

¿Cómo se mineralizó? Para Alan Pradel, principal autor del estudio, se debió a la presencia de bacterias que cubrieron el cerebro poco después del fallecimiento e indujeron la fosfatación.

Sorprendente e interesante: ¡un cerebro de hace 300 millones de años!