Qué pasa cuando los hombres compiten por una mujer

Un asunto de pura… testosterona. Sí, la competencia entre machos humanos por una hembra tiene mucho que ver con esa hormona y con los cambios producidos durante esa competencia.

Diversos estudios, durante muchos años, han propuesto que la testosterona influencia la competición entre hombres que buscan atraer una mujer. Y ahora un estudio de Wayne State University da una visión más clara de los vínculos entre testosterona y la conducta humana de apareamiento, y de cómo esa hormona está asociada con la dominancia y el éxito competitivo cuando los hombres se disputan la atención de una mujer atractiva.

El estudio incluyó parejas de hombres en una competencia grabada en video durante siete minutos por la atención de una joven atractiva no graduada.

Los niveles de testosterona previos a la competencia estaban positivamente asociados con la conducta de dominancia de ellos en la competencia, incluyendo cuán asertivos eran y cuánto controlaban la conversación y con cuánto la mujer indicaba que sintonizaba con cada uno de ellos.

Richard Slatcher, profesor de Psicología en esa universidad, indicó que los efectos de la testosterona en las conductas dominantes eran especialmente pronunciadas en los hombres que reportaron que tenían una mayor necesidad de dominancia social.

En su estudio publicado en Social Psychological and Personality Science, esos hombres mostraron una fuerte asociación entre su testosterona y las conductas dominantes y, lo que fue más sorprendente, una asociación negativa fuerte entre su propia testosterona y las conductas de dominancia de su oponente.

En otras palabras: los hombres con alta testosterona y que reportaron una alta necesidad de dominancia social parecían ser capaces en parte de suprimir la capacidad de su rival de atraer potenciales parejas. Sin embargo, cuando los hombres reportaron baja necesidad de dominio social, no hubo asociación entre la testosterona y la conducta de dominancia, ni de la propia ni de la del rival.

“Hallamos que los niveles de testosterona influenciaban la conducta de dominancia durante la competencia”.

Libros, películas y la televisión retratan a menudo a los hombres que son seguros y muy posesivos con las mujeres, como portadores de altos niveles de testosterona. “Nuestros resultados sugieren que hay cierta verdad en ese estereotipo: la testosterona circulando naturalmente de veras está asociada con el comportamiento de los hombres cuando intentan llamar la atención de las mujeres”.

Aunque diversos estudios en animales han demostrado que la testosterona está asociada con la dominancia cuando los machos compiten por hembras, ninguno hasta ahora, dijeron los investigadores, había demostrado esa asociación en humanos.

En los humanos, opinó Slatcher, “los motivos conscientes pueden afectar cómo una hormona como la testosterona moldea la conducta. Nuestros estudios indican que esa hormona está asociada con el comportamiento dominante y el éxito cuando hombres compiten por la atención de una mujer atractiva, en particular cuando tienen también un fuerte deseo consciente de dominancia”.

Por un pelo, no tenemos espinas en el pene

Menos mal. Gracias a una jugada de la evolución… no tenemos espinas en el pene.

Sí. Un estudio que publica hoy la revista Nature muestra que en algún punto de nuestra historia evolutiva, los humanos perdieron un pedazo de ADN que de otra forma habría promovido el crecimiento de espinas óseas en el pene.

Se trata de sólo una de millones de pérdidas genéticas que nos separan de nuestro más cercano pariente, el chimpancé.

El estudio también informa la desaparición de un suiche de supresión del crecimiento, que permitió que nuestro cerebro creciera más.

Con los chimpancés compartimos cerca del 95 por ciento del genoma. La gran pregunta es ¿cuál es la biología molecular de ser humanos?, se preguntó David Kingsley, coautor del estudio y biólogo de Stanford University, de acuerdo con LiveScience.

Para averiguarlo, con otros colegas comparó el genoma del chimpancé, secuenciado en 2005, y el de los humanos, secuenciado en 2001. Hallaron millones de diferencias, pero para poder hacer la comparación se centraron en un número manejable: sólo 510 segmentos de ADN que están presentes en muchos otros animales, chimpancés incluidos, pero no en los humanos, lo que podría explicar qué nos hace especiales.

Dos categorías de genes mostraron la propensión a pérdidas cercanas de ADN. La primera, genes relacionados con el desarrollo neuronal. Uno suprime normalmente el crecimiento celular. Los humanos aún lo tienen, pero un pequeño segmento vecino no está, el que en otros animales controla la expresión de genes en unas partes del cerebro.

La segunda categoría de genes con la ausencia de vecinos reguladores es un grupo de genes receptores de andrógenos, hormonas masculinas, responsables entre otras del desarrollo de espinas óseas en el pene de otros animales.

Esas espinas son eso, pequeños huesos o puntas en la cabeza del pene de muchos animales. Por ejemplo, un escarabajo cuya dura y afilada punta hiere el tracto reproductivo de la hembra durante la entrega de esperma.

Roedores, mamíferos los tienen, e incluso pitones, cuyo hemipenis en forma de Y es a menudo espinoso para agarrarse de las paredes de la abertura femenina, la cloaca..

En especies con espinas en el pene, las hembras tienden a aparearse con varios machos. Las espinas pueden haber evolucionado para limpiar el esperma de un rival o para herir la vagina de la hembra, de modo que se aparee menos con otros.

En la foto, apareamiento de escarabajos.

De la que nos salvamos.

El pájaro que rellena su nido solo con plástico blanco

Un poder extra o algún atractivo desconocido. Qué llamativo: un estudio publicado ayer en la revista Science reveló que el milano negro (Milvus migrans) decora su nido de una manera especial y llamativa, que le reporta beneficios.

En poblaciones de estas aves, los que decoran su nido con grandes cantidades de plástico blanco tienen más hijos, mantienen los mejores territorios y combaten con mayor eficiencia los intrusos, según científicos.

Fabricio Sergio y colegas, que hicieron el descubrimiento tras una serie de experimentos manipulados con nidos de los milanos, creen que las estructuras construidas por los animales pueden servir como dispositivos de señales mucho más de lo que los investigadores han pensado.

Tanto las hembras como los machos rastrean su medio unos 20 días antes de poner huevos por artículos que decoren su nido. Parece claro su interés por adornarlo con plástico blanco, pues de hecho parece que evitan otros materiales y colores.

El grupo monitoreó de cerca la decoración de 127 nidos de milanos negros en el Parque Nacional Doñana en España y encontraron que las aves más fuertes, de 7 a 12 años de edad, los decoraban con mucha cantidad de plástico blanco, mientras que los más jóvenes o los mayores no los decoraban en absoluto.

Los que tenían más plástico blanco en sus nidos, se detectó, eran los más capaces de defender su territorio de intrusos, pero de acuerdo con los investigadores, tal advertencia de capacidad sexual y calidad individual se lograba a menudo con agresivos retos. Durante los experimentos, los científicos agregaron plástico blanco a varios nidos, encontrando que las aves pronto lo removían, demostrando su honestidad y que hacer trampa podría ser contraproducente para el éxito reproductivo.

A diferencia de otros casos, las cualidades del individuo no provenía de un plumaje más vistoso sino que se manifestaban mediante señales externas, una decoración que constituía una advertencia clara a sus rivales.

En la foto de F. Sergio, un nido decorado con plástico.

Peces protagonizan telenovela de amor y traición

Cuando se trata de tener sexo, los bien parecidos no siempre son los que obtienen la chica. De hecho, en algunas especies de peces de Suramérica, los rudos y furtivos vencen a los coloridos y refinados casi todo el tiempo-

En una serie de estudios de la especie Poecilia parae, cercanamente relacionada con los gupis, científicos de Syracuse University descubrieron cómo la relación entre las estrategias de apareamiento de los machos y la conducta del depredador ha contribuido a preservar la diversidad de colores a través del tiempo. El tercer estudio acaba de ser publicado en BMC Evolutionary Biology.

Como los gupis, Poecilia parea se reproduce sexualmente. A diferencia de aquellos, en los que ninguno de los machos tiene el mismo patrón de coloración, los Poecilia vienen cinco colores determinados genéticamente (rojo, amarillo, azul, rayado y una especie de gris que imita el color de las hembras inmaduras).

En su medio, la abundancia de cada color es más o menos constante a pesar de que las hembras prefieren aparearse con rojos y amarillos.

“Uno pensaría entonces que esos dos colores serían los dominantes con el curso del tiempo”, dijo Jorge Louis Hurtado Gonzales, autor principal del estudio.

Pero… esos dos son los colores que menos abundan.

El más reciente estudio mostró que mientras las hembras prefieren los rojos y amarillos, ellas eligen el que gane en los combates aleta-con-aleta del mundo de los peces de machos que pretenden la hembra. Los más grandes parae ganan casi siempre, obteniendo una ventaja pese a su coloración menos apetecida.

Los grises, que son los más pequeños machos, evitan el combate y son ignorados, menos por los machos amarillos. Los más grandes de estos siempre vencen a los grises. “En ausencia de combate, las hembras casi siempre elegirán un rojo”, dijo Hurtado. “Pero si el rojo pierde una pelea, la hembra se quedará con el vencedor. En la mayoría de los casos es el parae más grande, que es el macho más dominante”.

Los grises también juegan, pese a todo. Compensan su carencia de poder físico y de atracción a través de una estrategia que depende en la invisibilidad. En un estudio de 2009 en Animal Behavior, Hurtado halló que el color de los grises les provee un camuflaje que les permite enganchar la hembra mientras los rojos están buscando conquistarla.

Las hembras son promiscuas y se aparean con varios machos. Los grises, además, han desarrollado largos testículos, que producen más espermatozoides, otorgándoles una ventaja postcopulatoria en la carrera para fertilizar los huevos.

La interesante historia de amoríos y traiciones no termina allí. En otro estudio publicado en Evolutionary Biology, Hurtado-Gonzales encontró que un depredador común de los Poecilia parae prefiere una cena con rojos y amarillos, quizás porque sus colores son más fáciles de distinguir. Esta desventaja contribuye al bajo número de rojos y amarillos en la población general.

“Parece que dentro de la escala evolutiva, los machos menos atractivos persisten sobre sus contrapartes más atractivos evolucionando estrategias exclusivas de apareamiento pero igualmente efectivas”, dijo el autor.

Entonces, la existencia de varias coloraciones en estos peces se deriva de la interacción entre el control de los depredadotes de los machos atractivos y la habilidad de los machos menos atractivos para explotar otras áreas de la selección sexual, incluyendo el dominio, la trampa y la competencia de los espermatozoides.

Toda una telenovela al natural.

Las ricas los prefieren mayores

Las ricas los prefieren… viejos. Podría ser el título de una película pero parece ser parte de la verdad para muchas mujeres.

Psicólogos en Escocia hallaron que cuando una mujer se vuelve independiente financieramente hablando, desean una pareja mayor y atractiva.

Algunos estudios han encontrado que las mujeres le conceden gran importancia a si un hombre puede mantenerlas, mientras que ellos se fijan en la belleza. La nueva investigación revela que cuando una mujer devenga más y se hace más independiente, sus preferencias cambian.

Los hallazgos sugieren que una mayor independencia financiera les da a las mujeres una mayor confianza en la elección de pareja. Las preferencias instintivas por una estabilidad material y la seguridad se hacen menos importantes, la apariencia física se torna más importante y la edad de la pareja aumenta también.

“Habíamos asumido que cuando las mujeres ganaban más dinero, sus preferencias de una pareja serían como las de los hombres, con una tendencia a preferir los más jóvenes y más atractivos antes que aquellos que podrían proveer cuidado y bienes para los hijos”, dijo Fhionna Moore, quien dirigió el estudio.

“Sin embargo”, agregó,”la edad preferida no cambió como esperábamos, pues las mujeres más independientes financieramente preferían hombres mayores. Esto indicaría que una mayor independencia financiera les proporciona mayor confianza en la elección de pareja y las atrae a hombres más poderosos y mayores”.

La conducta de hombres y mujeres se torna más similar cuando ellas devengan más, pero sólo en términos de la importancia de la atracción física. “Pero las similitudes paran allí: mayores ingresos hacen que las mujeres prefieran hombres mayores, mientras que ellos prefieren mujeres más jóvenes”.

El estereotipo popular de mujeres poderosas adoptando patrones de comportamiento de machos es cuestionado por los resultados del estudio publicado en el journal Evolutionary Psychology.

Descubrimientos curiosos de la ciencia

El cigarrillo lleva a la sordera

Los fumadores lo pueden dejar… ¡sordo! Los no fumadores que con frecuencia respiran en el espacio de los fumadores están en mayor riesgo de una pérdida auditiva, según estudio publicado en Tobacco Control. Investigaciones anteriores habían sugerido que los fumadores estaban en riesgo de perder capacidad auditiva, pero no se había analizado el caso de los fumadores pasivos. Qué curioso.

Comida y reproducción

El éxito reproductivo de las personas, al menos en determinadas sociedades, podría estar determinado por la abundancia de comida el año de su nacimiento. Un estudio de científicos europeos publicado en el journal of Ecology analizó la disponibilidad de alimentos del año en que nacieron 927 mujeres y hombres en una pequeña comunidad en Finlandia en el siglo 18, algunos ricos, algunos pobres. Al cruzar con la fertilidad, encontró que los nacidos en años cuando se produjeron dos cosechas de los principales cultivos, el éxito reproductivo de los hombres fue del 97 por ciento y del 95 las mujeres, mientras que en los nacidos cuando sólo hubo una cosecha, el éxito fue del 50 en los machos y 55 en las hembras. Qué curioso.

Ellas y ellos ven distinto

Que hombres y mujeres ven distinto, no parece quedar duda. Eso podría confirmarse con un reciente hallazgo. Científicos hallaron una diferencia en la forma como machos y hembras de una especie de vertebrados ven las cosas, lo que los sexos utilizarían seguramente para elegir pareja. Shai Sabbah, de Queens’s University, y colegas, hallaron que peces ciclidos machos y la hembras no sólo ven las cosas distintas, sino que detectan la luz de distintas maneras. El estudio fue publicado en BMC Biology. Al manipular las condiciones en las cuales la luz era percibida por la hembra, una condición básica para elegir al macho, pudieron hacer el hallazgo. Detectaron además que estos peces, a diferencia de los demás vertebrados, poseen cinco conos fotorreceptores distintos. Los humanos sólo tienen tres. Qué curioso.

Todo es agua para ellos

Para los murciélagos, una superficie plana… ¡es agua! Incluso, si su visión, su olfato y su tacto les dicen que es un metal, un plástico o madera. Por eso, esos mamíferos dependen más en sus oídos que en otro sistema sensorial. Esto, porque las superficies lisas reflejan las ondas de ecolocación que emiten: actúan como espejos. Como en la naturaleza no abundan las superficies llanas, esas propiedades espejo son básicas para reconocer el agua. En una nota en Nature se mostró que estudios en 15 especies diferentes de murciélagos revelaron que todas trataban de beber en superficies planas y determinaron que ese reconocimiento acústico es innato. Qué curioso.

Las chimpancés juegan con muñecas de palo

Hay autores que creen que los animales también juegan. Lo que no se sabía era que… ¡a las muñecas!

Esto parece desprenderse de una investigación que promete toda clase de controversias. Científicos reportaron la primera evidencia de que los chimpancés jóvenes tienden a jugar, dependiendo del sexo, tal como los humanos.

Machos y hembras juegan con palos, pero ellas lo hacen con mayor frecuencia y a menudo los tratan como madres que cuidan sus bebés, dice el estudio publicado en Current Biology.

El hallazgo, de verificarse, sugiere que la tendencia consistente a través de todas las culturas de las niñas jugar con muñecas más que los niños no es el resultado de una socialización estereotipada, sino que sería parte de unas predilecciones biológicas.

En estudios previos se simios en cautiverio se sugería una influencia biológica en la selección de los juguetes. Cuando a los jóvenes se les ofrecen juguetes humanos de determinado sexo, las hembras se inclinaban por las muñecas, mientras los machos tendían a jugar con juguetes de niños, como carros.

“Esta es la primera evidencia de una especia animal en la naturaleza en el cual el objeto de juego difiere entre hembras y machos”, dijo Richard Wrangham, de Harvard University.

Las conclusiones surgieron de 14 años de observación en la comunidad de chimpancés Kanyawara en el Parque Nacional Kibale en Uganda.

Wrangham y la coautora Sonya Kathlenberg de Bates College en Maine encontraron que los chimpancés utilizan palos de cuatro formas: para investigar agujeros que pueden contener agua o miel, como armas en encuentros agresivos, en el juego en solitario o en sociedad y en una conducta que los investigadores llaman porta-palos.

Wrangham dijo que vieron que de tiempo en tiempo, durante años, cargaban palos y sospechaban que las hembras lo hacían más. El estudio lo confirmó.

“Pensábamos que si los palos eran usados como muñecos, las hembras los llevarían más que los machos y dejarían de usarlos cuando tuvieran sus bebés”, dijo el científico. “Ahora sabemos que esos dos puntos eran correctos”.

Las hembras jóvenes llevaban a veces sus palos a sus sitios de descanso y algunas veces jugaban con ellos en una forma que evocaba el juego maternal.

No se sabe si esta forma de juego es común en los chimpancés. De hecho, nadie ha reportado previamente el uso de palos como una forma de juego, a pesar del considerable interés entre los investigadores de chimpancés en la descripción del uso de objetos.

Habrá que esperar más verificaciones.

Increíble: crean ratones con dos papás y sin mamá

¿Un paso a hijos de parejas del mismo sexo?

Tener dos papas y ninguna mamá puede ser el caso de niños en una pareja homosexual. Pero, ¿podrá ser posible en una pareja heterosexual?

Bueno, en el caso de los ratones, familias no tradicionales son posibles.

En un hallazgo que sería el camino hacia bebés de parejas del mismo sexo, científicos reportaron en Biology of Reproduction haber logrado ratones que nacieron de dos padres y no poseen material genético de la mamá.

Richard Behringer, de la Universidad de Texas y sus colegas iniciaron con fibroblastos (células del tejido conectivo) tomados del feto de un ratón macho y los reprogramaron en células madre pluripotentes inducidas.

Cuando crecieron en un cultivo, por errores en la división celular, un 1 por ciento de las células de esta línea perdieron el cromosoma Y. Estas extrañas células conteniendo el original cromosoma X del ratón fueron inyectadas en blastocitos –la etapa temprana de los embriones- de ratonas normales. Los embriones fueron luego trasplantados a hembras distintas, quienes parieron ratones hembra con cromosomas de los blastocitos.

En otras palabras: el ADN de estas células exclusivamente X fueron inyectadas en embriones inmaduros, que fueron trasplantados a una madre diferente.

La descendencia resultante tenía sólo cromosomas X: dos de la madre y uno del papá número 1. Entre las hembras de la camada, algunos de sus óvulos portaban sólo el cromosoma del papá 1.

Cuando se aparearon, esos óvulos se encontraron con los espermatozoides del papá 2, por lo que la descendencia tuvo dos papás y…ningún aporte genético de la mamá.

El hallazgo sería el camino para preservar especies amenazadas, mejorar características del ganado y para reproducción asistida en humanos.

También podría ser el primer paso hacia bebés de padres-madres homosexuales que porten sus genes y no los de un tercero.

Los ratones que nacieron eran tanto machos como hembras.

Un problema sin resolver es que las células reprogramadas tienen hasta ahora el inconveniente de su tendencia a convertirse en células cancerosas.

Si gana, su mujer le tiene una recompensa

¿Quién no goza con el éxito de su pareja o sufre con el fracaso?

Ver el desempeño de su pareja, pone on a las hembras, de acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Cuando la pareja que les gusta, resulta victoriosa, ella están más dispuestas a una buena recompensa: un poco de placer y… reproducción.

Esto se desprende de la investigación en ciertos peces cíclidos africanos, realizada por Julie Desjardins y colegas.

Cuando la pareja pierde, se sienten más ansiosas y pueden perder el interés en ella.

“Es como si una mujer estuviera saliendo con un boxeador, al que luego viera perder. No va a decir conscientemente: oh, este chico ya no me gusta, pero sus sentimientos podrían cambiar de todas maneras”.

El caso es que dos machos similares fueron colocados en un estanque con tres compartimentos y una hembra en uno de ellos. Se les permitía estar juntos 20 minutos, tiempo durante el cual la hembra interactuaba y elegía uno, lo que se notaba por su comportamiento. Al segundo día su preferencia no cambiaba.

Al tercer día la hembra estuvo en su encierro, pero los dos machos fueron juntados. Como son muy territoriales, con rapidez comenzaron una pelea. La hembra los veía. A los 20 minutos fueron separados.

Cuando analizaron el cerebro de la hembra, si el perdedor era su preferido, encontraron más activadas áreas asociadas con la ansiedad. Si su preferido era el ganador, las zonas más activadas del cerebro eran aquellas relacionadas con el placer y la reproducción. El estudio se repitió con distintos ejemplares.

Una buena recompensa para su héroe. O un castigo para el que la defraudó.

El extraño caso de la boa constrictor

A veces, los machos parecen estorbar. O, al menos, no hacen falta. Para eso, las boas constrictor se la han arreglado muy bien.

Sí: por primera vez se demuestra que estos reptiles pueden reproducirse asexualmente. Y, más sorprendente, los hijos producidos de esta manera poseen atributos que se pensaba eran imposibles.

Las camadas de bebés hembras producidos por la supermamá boa, mostraron que carecían de la influencia de un padre para haber nacido. Todas retenían una rara mutación recesiva materna del color.

El estudio de este caso de partenogénesis fue liderado por Warren Booth, investigador de postdoctorado en Entomología y publicado en Biology letters.

Los resultados pueden forzar a los científicos a reexaminar la reproducción de los reptiles, en especial entre las más primitivas especies de culebras como las boa constrictor.

Llama la atención también que en dos años, la misma madre produjo no una sino dos camadas de puras hembras, con cromosoma W-W que poseían la rata mutación de color de su madre.

Los cromosomas sexuales de las culebras son un poco diferentes de los de los mamíferos. Las células de las culebras macho poseen dos cromosomas Z, mientras las de las hembras tienen un Z y un cromosoma W. En el estudio, todas las hembras nacidas de la reproducción asexual tenían cromosomas WW, algo que se creía imposible: sólo se puede lograr tras una manipulación complicada en laboratorio y sólo en peces y anfibios.

Una camada contenía 12 bebés y la segunda 10. Y no era que no tuviera opciones: en la zona había machos que cortejaban las hembras antes de que nacieran los bebés.

La mamá había tenido previamente bebés al viejo estilo, apareándose con un macho antes de sus dos experiencias de reproducción asexual.

Booth no cree que estos extraños nacimientos fueran provocados por cambios ambientales. Mientras los ambientes estresantes han sido vinculados con la reproducción asexual en algunos peces y otros animales, no encontró cambios ambientales en el medio donde vivía la boa.

La foto, cortesía Booth-NCSU.