Chorro de gas cae en agujero negro

Astrónomos captaron un chorro de gas que cae hacia un lugar de donde no podrá salir, al menos con el conocimiento que tenemos hasta ahora: un agujero negro.

El chorro se dirige hacia el agujero en el centro de nuestra galaxia, Sagitario A, que pesa algo así como 4 millones de veces nuestro Sol y que se encuentra a 27.000 años luz de nosotros. Un agujero negro alrededor del cual toda la galaxia gira, incluso nuestro Sol, que tarda 230 millones de años en dar el giro completo.

Stefan Gillessen y Reinhard Genzel, del Max Planck Institute, mediante el Gran Telescopio de la ESO en Chile, observaron en infrarrojo el centro de la galaxia y descubrieron el chorro de gas, descartando que se trate de una estrella dado que esta aparecería más brillante a esa longitud de onda.

El hallazgo aparece publicado en Nature.

Dibujo del gas hacia el agujero negro cortesía ESO.

Cuervos se comunican por gestos

Señalar y coger objetos para llamar la atención es una conducta solo observada en humanos y nuestros parientes cercanos: los grandes simios.

Pero Simona Pika, del Max Planck Institute for Ornithology y Thomas Bugnyar, de la Universidad de Viena, entregaron la primera evidencia de que los cuervos (Corvus corax) también usan los gestos deícticos para verificar el interés de una potencial pareja o para fortalecer un lazo ya existente.

Hacia los nueves meses los bebés humanos comienzan a usar gestos deícticos como señalar o tomar objetos, previo a las primeras palabras. Los científicos piensan que tales gestos se fundamentan en capacidades de inteligencia relativamente complejas y representan el punto de inicio para el uso de símbolos y por tanto del lenguaje humano. Los gestos deícticos son marcas en el desarrollo del habla humana.

La observación de tales gestos entre los grandes simios, para sorpresa, es más bien escasa. Los chimpancés (Pan troglodytes) en el Parque Nacional Kibala en Uganda, por ejemplo, emplean el rascado directo para indicar distintos puntos de su cuerpo para ser aseados.

Esta comunicación deíctica había sido reservada solo para los primates. Según aquellos dos investigadores, esa conducta no está restringida a humanos y grandes simios. Por dos años investigaron la conducta no vocal de miembros marcados de una comunidad cuervos salvajes en el Cumberland Wildpark en Grünau, Austria.

Pudieron observar que los cuervos usan sus picos como las manos para mostrar y ofrecer objetos como musgos, piedras y palos. Esos gestos estaban dirigidos sobre todo a parejas del sexo opuesto y resultaron en la orientación frecuente de los recipientes hacia los objetos y los que los señalaban. Subsecuentemente, los cuervos interactuaban uno con otro, por ejemplo manipulando juntos el objeto.

Los cuervos son aves de la familia de los córvidos, como las urracas, sobrepasan en inteligencia a la mayoría de las otras especies aviares.

Sus marcas en varios test de inteligencia son tan altos como los de los grandes simios. Los cuervos en particular se caracterizan por una comunicación intra-pareja compleja, largos periodos para formar lazos de unión y un alto grado de cooperación entre compañeros.

El nuevo estudio revela que los gestos diferenciados han evolucionado en especies con un alto grado de capacidades colaborativas.

Dando vueltas toda la vida

Quiérase que no: cuando una persona se extravía, lo usual es que comience a caminar en círculos, según demsotración empírica del Grupo de Acción y Percepción Multisensorial del Instituto Max Planck.
En su estudio publicado en Current Biology, examinaron la trayectoria de varias personas que caminaron durante horas en el desierto del Sahara en Túnez y en los bosques de Bienwald (Alemania).
Mediante un sistema de posicionamiento geográfico, grabaron sus trayectorias y mostraron que los participantes sólo fueron capaces de mantener una línea recta cuando el Sol o la Luna eran visibles. Tan pronto el Sol desaparecía tras las nubes, comenzaban a andar en círculos.
Una explicación que se le daba a esta situación, explicó Jan Souman, era que todas las personas tienen una pierna más corta que la otra, lo que incide en su una tendencia a caminar hacia un lado. Pero al removerse el efecto de la visión con un vendaje, los participantes caminaban en círculos, incluso en unos tan pequeños de 20 metros. Y no eran en una sola dirección, sino a veces a la derecha, otras a la izquierda.
Para Marc Ernst, de ese Instituto, los resultados revelan que aún cuando la gente está convencida de caminar en línea recta, su percepción no es siempre confiable. Para hacerlo, requieren alguna pista confiable, como una torre, la distancia a una montaña o el Sol.