La medicina que me salvó (caso real)

 

Tomado de Wikipedia commons

Tomado de Wikipedia commons

“Lo que Karen Daggett desconocía, casi la mata. El medicamento en el que confiaba para controlar su latido cardíaco irregular no funcionaba —y había dejado de hacerlo desde hace años— y ella tampoco entendía por qué parecía que los analgésicos jamás la hacían sentir mejor. Además, tenía antecedentes de intolerancia a ciertos medicamentos de venta libre. Todos estos medicamentos se acumulaban de forma silenciosa en su organismo, provocándole efectos secundarios nocivos, hasta que las pruebas de ADN realizadas en el Centro para Medicina Personalizada de Mayo Clinic revelaron que algunos medicamentos eran incompatibles con su composición genética.

Mi marido y yo habíamos salido a cenar por San Valentín con varias otras parejas, cuando empecé a sentirme tan mal que tuvimos que marcharnos de prisa a la sala de emergencia. El médico le dijo a mi marido que había hecho bien en llevarme porque todos los sistemas de mi cuerpo estaban fallando; le comentó también que si hubiese esperado apenas 12 horas más, yo habría muerto. Las pruebas de ADN realizadas en Mayo Clinic revelaron que tengo un defecto genético por el que mi cuerpo no procesa bien algunos fármacos y eso me produce efectos secundarios potencialmente mortales. Además, los medicamentos para controlar mi enfermedad cardíaca no me servían de nada”, dice la paciente.

Los médicos de Daggett recurrieron a análisis farmacogenómicos para ayudarla. La farmacogenómica es una práctica de la medicina personalizada que utiliza el perfil genético de una persona para ayudar a recetarle el tratamiento con mayor probabilidad de éxito. Lo que la paciente supo gracias a esto motivó a muchos de sus familiares a hacerse pruebas y ajustar sus medicamentos.

Este tipo de medicina personalizada ha salvado la vida de muchos de mis familiares… gracias a ella, hoy estoy viva y me siento estupendamente”, añade Daggett.

Su relato puede concienciar mejor respecto a un problema de más amplia extensión de lo que muchas personas creen: el estudio RIGHT, realizado en Mayo Clinic, descubrió que 99 por ciento de todos los pacientes estudiados tenían una variante genética que repercutía sobre la manera en la que su cuerpo procesaba ciertos medicamentos comunes”.

 

Nota: primera vez que el blog utiliza material textual de otra fuente, en este caso un informe de la Clínica Mayo, pero el tema lo amerita. Es un claro ejemplo de a dónde va la medicina, hacia la personalización con base en tratamientos de acuerdo con el genoma de cada quien.

 

Un gen problemático para las mujeres

¿Por qué? Vaya a saberse, pero hay un nuevo caso de gen discriminador: el Apoe.

De él se sabía hace tiempo que está relacionado con la enfermedad de Alzheimer. Y poseer la variante Apoe4 aumenta el riesgo de desarrollar el mal. Pero ese riesgo no está distribuido equitativamente, reportaron científicos en Annals of Neurology.

Las mujeres sanas con una copia del Apoe4 tienen más probabilidad que los hombres que la portan de padecer déficit cognitivo medio o de desarrollar Alzheimer.

Esto explicaría porqué en general ellas están en mayor riesgo de desarrollar la enfermedad que los hombres.

Esa discriminación del gen había sido sugerida hace dos décadas, pero no se había considerado con seriedad.

Michael Greicius y colegas recogieron datos de casi 8.000 hombres y mujeres, unos sin problemas de cognición, otros sí. Aunque todos aquellos con Apoe4 eran más proclives a desarrollar el Alzheimer que aquellos sin la variante, el riesgo era mucho menor en los hombres.

Los hombres con esa variante tenían 27% mayor riesgo de desarrollar problemas cognitivos que los que no la portaban. En las mujeres era del 80%.

No se sabe porqué las diferencias, pero Michelle Mielke, siquiatra epidemiólogo de Mayo Clinic, citado por NPR, cree que la hormona sexual tendría que ver, pues hay estudios que sugieren una interacción entre Apoe4 y el estrógeno.

Estuvo 96 minutos sin pulso y… salió coleando

Parece imposible, pero sucedió. Lo llamarán milagro, lo llamarán atención médica, pero sigue siendo inexplicable.

En la versión electrónica de Mayo Clinic proceedings se reportó el caso de un hombre de 54 años que sufrió un ataque cardiaco y estuvo ¡96 minutos sin pulso! Luego revivió y se recuperó por completo.

El caso es que el paciente se desplomó en una zona rural en Minnesota, Estados Unidos pues sufrió un ataque cardiaco. Recibió reanimación cardiopulmonar y choques con desfibrilador, pero no respondía.

Se recuperó tras más de hora y media sin pulso, de acuerdo con lo explicado por Roger White, anestesiólogo y especialista en atención cardiaca, autor del artículo.

El personal que acudió le administró 12 choques con el desfibrilador y mantuvo el flujo sanguíneo mediante compresiones continuas del pecho.

Pero hubo una ayuda clave: la capnografía, que se emplea para controlar a los pacientes en el quirófano, pero que rara vez utiliza el personal de emergencias para tratar un paro cardíaco. Esta mide cuánta sangre fluye a través de los pulmones y, por tanto, a otros órganos. Gracias a que esa medida estuvo siempre en un nivel suficientemente alto, el personal de rescate no cesó en su afán por reanimarlo.

“El pulso reapareció gradualmente”, dijo White.

Una vez recuperado el pulso, el paciente fue enviado vía aérea al hospital, donde se descubrió que tenía una arteria ocluida. Se extrajo el coágulo y se le colocó una endoprótesis.

A la semana y media, el paciente recibió el alta, sin mostrar problemas neurológicos por el extenso período que permaneció sin pulso.

Poco tiempo después se sometió a una operación a fin de tratar su enfermedad cardiaca subyacente.

White dijo en un informe de prensa de la Clínica Mayo que el caso plantea la necesidad de estudiar más sobre las técnicas de apoyo vital avanzado y el empleo de tecnología de tiempo real, como la capnografía, que es capaz de validar la eficacia de los esfuerzos por reanimar a alguien”.

Lo natural no significa seguridad

Cada vez aumenta más la cantidad de gente que se vuelca hacia los remedios basados en plantas y hierbas para controlar afecciones crónicas o favorecer su salud.
Sin embargo, muchos suplementos populares hoy, como la hierba de San Juan o hipericina, el gingko biloba y el jugo de ajo o hasta de toronja, pueden conllevar graves riesgos para quienes toman medicamentos para enfermedades cardíacas, según una revisión en la edición de la revista del Colegio Americano de Cardiología.
Para los autores el consumo de estos productos es preocupante, sobre todo entre los ancianos, quienes normalmente presentan co-morbilidades, toman varios medicamentos y ya están expuestos a más riesgo de sangrado.
Como estos productos parecen ‘naturales, mucha gente desarrolla un falso sentido de seguridad frente a ellos”, comenta Arshad Jahangir, cardiólogo de Mayo Clinic en Arizona y autor experto del estudio.
Solo en Estados Unidos, más de 15 millones de personas informan que consumen remedios herbarios o altas dosis de vitaminas.
Olvidan que… lo natural no siempre es seguro.
Todo componente consumido ejerce algún efecto sobre el organismo. Por eso los toman, pero también puede haber interacción con los medicamentos empleados para tratar enfermedades cardíacas, ya sea disminuyendo su eficacia o aumentando su potencia, cosa que puede derivar en un sangrado o en mayor riesgo de arritmias cardíacas graves.
“Se puede ver el efecto de la interacción entre productos herbarios y fármacos en análisis de la coagulación sanguínea, enzimas hepáticas y, con ciertos medicamentos, en el electrocardiograma”, explica Jahangir.
Una de las principales preocupaciones es que los pacientes no avisan oportunamente que consumen productos herbarios y los proveedores de atención médica tal vez no siempre lo preguntan. Además, debido al trato como alimentos de los productos herbarios, no están sujetos al mismo escrutinio y regulaciones que los medicamentos normales.
“Cuando los pacientes no están satisfechos con la atención médica actual, muchos se vuelcan hacia los productos herbarios bajo la creencia de que pueden ayudarlos a controlar afecciones crónicas o mejorar su salud y evitar futuras enfermedades. En realidad, los pacientes están dispuestos a gastar de su propio bolsillo casi lo mismo o más en remedios herbarios que en la atención médica normal.
Dos encuestas a nivel nacional realizadas en 1990 y 1997 descubrieron que la cantidad de consultas a proveedores de atención complementaria y alternativa aumentó de 427 millones a 629 millones, mientras que la cantidad de consultas a médicos de atención primaria permaneció básicamente igual.
Algunos ejemplos de productos herbarios y sus efectos adversos sobre el control de enfermedades cardíacas son los siguientes:
La hierba de San Juan o hipericina, que se usa para tratar la depresión, ansiedad y trastornos del sueño, entre otros problemas, disminuye la eficacia de los medicamentos y contribuye así a la recurrencia de arritmias, hipertensión o aumento en los niveles de colesterol y riesgo de futuros problemas cardíacos.
La ginkgo biloba, que supuestamente mejora la circulación o agudiza la mente, aumenta el riesgo de sangrado en quienes toman warfarina o aspirina.
El ajo, que supuestamente favorece el sistema inmunológico y generalmente se usa por sus propiedades para bajar el colesterol y presión sanguínea, también puede aumentar el riesgo de sangrado entre quienes toman warfarina.
Si bien estos productos herbarios se han utilizado durante siglos, mucho antes de que existieran medicamentos cardiovasculares, y si bien pueden ofrecer ventajas, también es necesario estudiarlos científicamente para definir mejor su utilidad e identificar sus posibles daños al tomarlos conjuntamente con medicamentos de beneficio comprobado para pacientes con enfermedades cardiovasculares.

La vitamina buena para casi todo

Una buena noticia y otra no tan buena. La primera: de pies a cabeza, la vitamina D favorece la salud. La no tan buena: no se sabe cuál es la dosis ideal.
Eso es al menos lo que presenta la última edición de Mayo Clinic Health Letter. No obstante.
Algunos informes sobre esta vitamina plantean que ofrece muchas ventajas, en especial a personas de la tercera edad. Se dice que mejora el equilibrio, disminuye el riesgo de fracturas óseas y favorece el proceso de pensamiento, en lo referente a planificación, organización y pensamiento abstracto.
Los niveles bajos de vitamina D se vinculan con diabetes, enfermedad cardiovascular, esclerosis múltiple y otros trastornos autoinmunes, como tuberculosis y enfermedad periodontal. Además, niveles bajos también podrían afectar ciertos tipos de cáncer, entre ellos, de colon, mama y próstata.
La vitamina D es la única que el organismo mismo produce. El único requisito es la luz solar: los rayos ultravioleta B para ser exactos.
Se considera adecuada una exposición al sol de 10 a 15 minutos, entre dos a tres veces por semana, en horas no pico, aunque hay que advertir que la exposición al sol no funciona para todo el mundo: Con la edad, el organismo pierde eficacia para producir vitamina D.
Otros obstáculos son el tener piel oscura y vivir en climas nórdicos. Usar protector solar (que todavía se recomienda para evitar el cáncer de piel) también disminuye la absorción de los rayos ultravioleta B.
Las fuentes alimenticias son una buena manera de obtener vitaminas, pero no existen muchas opciones para la vitamina D. Entre las fuentes ricas están los pescados grasos, los aceites de hígado de pescado, el hígado y las yemas de huevo. La leche fortificada con vitamina D es también otra alternativa.
Debido a la limitación en alternativas alimenticias, muchos pueden optar por un suplementos de vitamina D. La dosis diaria recomendada hoy de vitamina D para adultos de 50 años o más es de 400 a 600 unidades internacionales (UI), pero los científicos creen que se justifica ingerir más cantidad debido a los múltiples beneficios para la salud. La Fundación Nacional de Osteoporosis de Estados Unidos recomienda que ingieran a diario entre 800 y 1.000 UI. El límite máximo que se considera seguro para la ingesta diaria es de 2.000 UI, aunque existe debate respecto a esta cantidad.
Dosis muy altas de vitamina D, con el tiempo, pueden provocar malestares, como náusea, vómito, mal apetito, estreñimiento, debilidad y pérdida de peso.

Los optimistas viven más

Sea amigo de la vida. Cada vez más y más investigaciones señalan que tener una visión positiva podría mejorar la salud, disminuir el riesgo de depresión y aumentar la longevidad de la persona. Eso lo corrobora la edición de julio de Mayo Clinic Health Letter, que destaca algunos estudios y sus resultados.
En un estudio, más de siete mil personas completaron una prueba de personalidad a principios de la década de los años 60 y luego, los investigadores siguieron la pista de los participantes por más de 40 años. Descubrieron que de cada cien participantes, las 25 personas a quienes se calificó como más pesimistas, nerviosos y deprimidos tenían una posibilidad de alrededor de 30 por ciento de morir jóvenes, en comparación con los más optimistas, menos nerviosos y menos deprimidos.
Un estudio anterior de Mayo Clinic arrojó resultados similares. En esa ocasión, se siguió la pista de 800 personas durante más de 30 años. El riesgo de morir tempranamente de quienes tenían un pensamiento pesimista era 19 por ciento mayor que el de sus contrapartes optimistas.
Los optimistas informaron tener menos problemas de salud, en el trabajo y en las actividades cotidianas, además por lo general eran más felices, calmados y tranquilos. Esas personas sentían menos dolor, tenían más energía e informaron tener más facilidad para socializar.
La Iniciativa para la Salud Femenina en Estados Unidos (estudio con casi cien mil mujeres de 50 ó más años de edad) permitió descubrir hace poco que las mujeres con una visión optimista viven más y sus vidas son más sanas que las de las pesimistas. En los ocho años de seguimiento desde 1994, las optimistas fueron 30 por ciento menos proclives a fallecer debido a enfermedad cardiaca y 14 por ciento menos proclives a fallecer debido a cualquier otro motivo que las pesimistas.
La actitud general ante la vida obedece a una combinación de naturaleza y crianza, de genes y vivencias. Cambiar el patrón de pensamiento de una persona es difícil, pero no imposible.
Sea agradecido y disfrute de las pequeñas cosas de la vida.