Una medicina que imita el ejercicio

Foto R. Baranow/Wikipedia

-¿Vamos a hacer ejercicio?

-¿Dónde?

-A la droguería

Investigadores encontraron cerca de 1.000 reacciones moleculares al ejercicio, lo que abre las puertas a medicamentos que imiten sus beneficios.

Eso revela un artículo de científicos de la Universidad de Sidney publicado en Cell Metabolism.

En él se revelan 1.000 cambios moleculares en nuestros músculos cuando hacemos ejercicio, siendo, según los autores, el estudio más exhaustivo de la huella de esa actividad.

Ejercitarse es “la más poderosa terapia para las enfermedades humanas, incluyendo la diabetes tipo 2, la enfermedad cardiovascular y los problemas neurológicos”, expresó David James, cabeza del grupo investigador.

“Pero para algunos no es una opción de tratamiento viable. Significa que es esencial hallar modos de desarrollar medicamentos que imiten los beneficios”.

Los científicos analizaron biopsias de músculo de personas sin entrenamiento tras 10 minutos de ejercicio de alta intensidad y estudiaron la fosforilización. El coautor Benjamin Parker descubrió que ese ejercicio corto activa más de 1.000 cambios.

La mayoría de las drogas se enfocan en moléculas individuales, pero una que fuera dirigida a imitar los beneficios del ejercicio requeriría atacar muchas a la vez.

Lo que es muy interesante es que la mayoría de los cambios descubiertos no había sido asociado con el ejercicio, con las investigaciones existentes enfocadas en un pequeño número de cambios.

Quedan los resultados para que los interesados desarrollen drogas que simulen los cambios que produce el ejercicio, aunque es un camino largo.

Especial fin de semana: nuevos trucos para medicinas viejas

Loro viejo no aprende a hablar dice el dicho popular, pero cuando las circunstancias obligan… debe aprender.

La crisis económica, los altos costos de los desarrollos y tanta enfermedad que hay por ahí ha derivado en una tendencia mundial: enseñarles nuevos usos a viejas drogas, una idea que viene de la mano de una rigurosa revisión para encontrar entre los medicamentos ya aprobados la solución a enfermedades raras o a las llamadas del tercer mundo, las enfermedades olvidadas.

Un trabajo coordinado por el Chemical Genomics Center de los Institutos de Salud de Estados Unidos comenzó a examinar la colección de drogas aprobadas para ver si sirven en la lucha contra las enfermedades olvidadas y las más de 6.000 enfermedades raras que existen y afectan y acaban la vida de miles de personas.

“Es el primer paso para explorar el potencial completo de esas drogas para nuevas aplicaciones”, dijo Francis Collins, director de los Institutos. ”La esperanza es que el proceso permita identificar algunos nuevos tratamientos para las enfermedades raras y las olvidadas”.

La iniciativa llega casi junto a la emprendida por empresas como Biovista, de los hermanos Persidis, quienes tratan de responder una pregunta elemental: si se conoce cómo trabaja una droga, ¿podemos analizar datos de estudios de laboratorio y ensayos clínicos para predecir qué otras enfermedades podría combatir un determinado medicamento? “Las drogas nos sorprenden todo el tiempo con nuevas actividades”, explicaron los Persidis.

Créase o no, hay escasez de nuevos productos terapéuticos mientras una creciente población mundial los demanda casi suplicante.

Es que el uso de un medicamento para otro propósito o para reposicionarlo no es idea nueva. El Viagra, por ejemplo, se examinó primero para tratar la hipertensión antes de llegar a ser la punta de lanza contra la disfunción eréctil. El arsénico, utilizado alguna vez para tratar la sífilis, se emplea hoy para combatir la leucemia. Y la talidomida, desarrollada para evitar las náuseas en mujeres preñadas y que fue retirada del mercado en los años 60 luego de comprobarse que causaba terribles defectos en los bebés, recibió en 1998 2006 una segunda oportunidad para combatir la lepra y en 2006 para luchar contra un cáncer.

El estudio de los Institutos de Salud se basa en una completa información acerca de los casi 27.000 ingredientes farmacéuticos activos, incluidas 2.750 moléculas pequeñas aprobadas.

La colección se puso a disposición de los interesados, que pueden buscarla por el nombre de las medicinas, la estructura química, su estatus de aprobación y las indicaciones. También se incluyen drogas en investigación. La meta final es coleccionar los más de 7.500 compuestos que han sido probados en humanos y que constituyen un potencial para luchar contra aquellas enfermedades.

El desarrollo de una nueva medicina es costoso y en el caso de las enfermedades raras y las olvidadas, no llama mucho la atención por el poco retorno de la inversión: reducido número de pacientes o muy pobres para pagar por las medicinas. Así, hoy se dispone de terapias para menos de 300 enfermedades raras.

Los medicamentos aprobados son razonablemente seguros y efectivos para el tratamiento de una determinada condición. Cuando se usan en grandes poblaciones, nuevos beneficios o efectos adversos son descubiertos. Por eso el empleo de drogas aprobadas puede ser extendido más allá del objetivo inicial para el cual fue autorizada.

Hace poco, un grupo que examinaba muestras de sangre de un paciente para ver qué genes y proteínas estaban activos en un síndrome llamado fiebre infantil periódica asociada con estomatitis aftosa (aftas), faringitis y adenitis cervical, que provoca cuadros mensuales de fiebre con dolor de garganta, lesiones bucales y glándulas inflamadas, detectó genes hiperactivos en la respuesta inmune del paciente, incluyendo interleucina-1, una molécula importante en la fiebre y la inflamación. Con esos datos, lanzaron la hipótesis de que la anakinra, una droga que previene que la interleucina se una con su receptor, podría ayudar. Y así fue.

Una aproximación más es el estudio de drogas que provoquen alguna actividad biológica en modelos de enfermedades basados en células. Aquellas que registren tal actividad podrían ser estudiadas luego por su potencial terapéutico.

Hasta hoy se han examinado drogas aprobadas para unos 200 de esos modelos.

Solo con identificar una enfermedad distinta que puede ser tratada con una medicina existente, las compañías pueden saltarse los ensayos clínicos iniciales y reducir los 10 a 15 años y los más de 1.000 millones de dólares que toma llevar una droga hasta el mercado, aparte de que se podrían recuperar pérdidas por intentos fallidos con algunos candidatos a medicinas.

En el pasado, el reposicionamiento de una medicina ha sido un proceso impredecible, en ocasiones un feliz accidente cuando un médico notó algún efecto extraño o un investigador documentó un uso fuera de etiqueta.

“El valor de un nuevo propósito para una droga ha sido poco apreciado”, según Pankaj Agarwall, director de Biología Computacional y Bioinformática en GlaxoSmithKline. “Si usted puede hallar un nuevo uso para algo que ha estado en el mercado por 5, 10, 20 años, es algo muy poderoso”.

En uno de esos intentos trabaja NuMedii, una compañía californiana nacida en 2008. Atul Butte, propietario y pediatra endocrinólogo, mapea patrones de actividad de genes de una base de datos con más de 300 enfermedades. Si dos enfermedades comparten un perfil molecular –un set similar de genes activados- quizás también podrían compartir drogas.

Medicinas que funcionan para pacientes con ataques al corazón, por ejemplo, podrían quizás ser examinadas en personas con distrofia muscular.

Hasta ahora tiene resultados prometedores en modelos animales para dos drogas que podrían ser reposicionadas para combatir la enfermedad de Chron y el cáncer pulmonar.

Melior Discovery emplea drogas en una serie de 40 modelos animales que representan una amplia gama de enfermedades, del Alzheimer al asma y la vejiga hiperactiva.

Acercamientos diferentes con un mismo objetivo: descubrir nuevos usos para viejas drogas. O, para ser más exactos: enseñándole a hablar al loro viejo.

Algo debe funcionar.

Fuentes: The Scientist-ScienceDaily

Especial fin de semana: El Alzheimer crece y mata

Había sido en 1984. Pasaron 27 años para que se revisara la guía de la enfermedad de Alzheimer, que recoge obvio los avances en todos estos lustros y unas guías para las etapas tempranas de la enfermedad para un mejor entendimiento del desorden. Un problema en aumento, que tiene afectadas hoy a cerca de 25 millones de personas según algunas cifras y que serán más de 80 millones en menos de 30 años, esparciéndose por países que hoy son jóvenes.

La actualización se acaba de publicar en Alzheimer & Dementia.

“La investigación sobre el Alzheimer ha avanzado durante el pasado cuarto de siglo. Traer las guías de diagnóstico con los avances acelerados es necesario para beneficio de los pacientes y acelera el ritmo de investigación”, dijo Ricard Hodes, del Instituto Nacional del envejecimiento de Estados Unidos, que actualizó las guías.

La pérdida de memoria que interrumpe la vida diaria no es una parte típica de envejecer. Puede ser un síntoma de Alzheimer, una enfermedad cerebral fatal que provoca una lenta declinación de la memoria, y las capacidades de pensamiento y razonamiento.

El Alzheimer es la forma más común de demencia, término que describe la pérdida de memoria y otras habilidades intelectuales. Representa del 60 al 80 por ciento de todas las formas de demencia.

Señales

Una persona puede experimentar uno o más signos de la enfermedad en distintos grados. La organización alz.com explica que las 10 señales a las que hay que estar alertas son:

1. Pérdida de la memoria que afecta la vida diaria: olvidar información reciente, como fechas o eventos.

2. Cambios en la capacidad de planear o solucionar problemas: problemas en hacer una receta o dificultades para concentrarse.

3. Dificultad en completar tareas en el hogar, el trabajo o durante el ocio.

4. Confusión del tiempo y el espacio. Olvidar cómo llegaron a un sitio o perder el rastro del tiempo.

5. Problemas entendiendo imágenes visuales y relaciones espaciales.

6. Problemas nuevos con el orden de las palabras al hablar y escribir.

7. Colocar cosas donde no es y perder la capacidad de deshacer los pasos en busca de algo.

8. Capacidad disminuida de hacer juicio y de tomar decisiones.

9. Alejamiento de las actividades sociales.

10. Cambios en el humor y la personalidad.

Uno de los problemas es que el Alzheimer tiende a empeorar con el tiempo. De hecho, la mortalidad va en aumento. En Estados Unidos las muertes por cáncer de seno, cáncer de próstata, enfermedad del corazón, derrames y VIH vienen en descenso, pero las de Alzheimer aumentaron 66 % entre 2000 y 2008.

En ese país, 1 de cada 8 ciudadanos mayores de 65 años tiene la enfermedad.

La tasa de supervivencia se sitúa entre los 4 y los 8 años tras el diagnóstico.

Como en otras enfermedades, la detección temprana es importante. Con ella se pueden explorar tratamientos que permitan vivir con independencia más tiempo, aparte de que la persona puede participar en las decisiones sobre su cuidado y el futuro, cuando la enfermedad avance.

Aunque hoy no hay una cura para el Alzheimer, existen drogas que pueden aliviar los síntomas cognitivos y del comportamiento.

Para la pérdida de memoria se tienen dos clases de medicamentos, Namenda y Exelon (Razadyne, Cognex). Cuando el Alzheimer progresa, las células del cerebro mueren y la conexión entre las células se pierde, con lo que los síntomas empeoran. Estas drogas pueden aliviar algo la situación por un tiempo.

En las etapas tempranas las personas puede mostrar irritabilidad, ansiedad depresión. En las más avanzadas ira, agitación, agresión, estallidos verbales o físicos, alucinaciones y problemas del sueño.

Hoy se cuenta con cinco medicinas aprobadas para tratar los síntomas, pero ninguna enfocada a curar las raíces del problema. Varias de las drogas en desarrollo tienen ese objetivo, impactando uno o varios de los cambios que se presentan en el cerebro.

Algunos investigadores creen que la solución involucra un coctel de medicamentos dirigidos a atacar distintos objetivos, entre los que figuran las placas amiloides que se forman en el cerebro una de las marcas de la enfermedad; otro es la proteína Tau, que forma los manojos en el cerebro, otro marcador importante de la enfermedad.; y uno más es la inflamación que se genera en el cerebro.

Para Bill Thies, de la Asociación del Alzheimer, existen dos problemas que frenan los avances: la carencia de pacientes para los ensayos clínicos y la falta de fondos suficientes.

Las guías entregadas por el Instituto americano incluyen las etapas Preclínica, Deficiencia cognitiva media y demencia Alzheimer, la etapa final de la enfermedad.

En la etapa preclínica comienzan los cambios cerebrales y las placas amiloides pueden ser detectadas en algunos casos mediante tomografía por positrones y análisis del fluido cerebroespinal, aunque no se sabe con certeza si esas personas desarrollarán la enfermedad.

En la deficiencia cognitiva media se analizan biomarcadores como altos niveles de la proteína tau o reducidos niveles de beta-amiloide. En este caso, se sabe también que le persona puede desarrollar o no la enfermedad.

Hoy no hay muchas esperanzas reales. Un aspecto importante es que un paciente con Alzheimer demanda dedicación y recursos. Una de las enfermedades que no se ha logrado combatir con eficacia. 27 años después, al menos se actualizaron las guías.

Mitos

Para terminar, la Asociación del Alzheimer desvirtúa ciertos mitos sobre la enfermedad:

Primero: La pérdida de memoria no es parte natural del envejecimiento.

Segundo: La enfermedad no deja paciente vivo.

Tercero: La enfermedad puede darse desde la tercera década de vida, anque se da más en los adultos mayores

Cuarto: los recipientes de aluminio, como latas u ollas para cocinar, no son causa de Alzheimer, como se pensó hace varias décadas.