Las médicas salvan más vidas que ellos

Si está hospitalizado… pida que lo atienda una médica.

Los pacientes adultos mayores hospitalizados que son tratados por una mujer tienen menos probabilidades de morir dentro de los 30 días siguientes a la admisión o de ser reingresados en los 30 días tras haber sido dados de alta, en comparación que aquellos que son tratados por hombres.

Continuar leyendo

Me tragué al médico

Lo que ha sido un sueño de larga duración podría ser pronto realidad. Y qué tal que en el consultorio, su médico le dijera: tráguese el cirujano y hablamos la próxima semana.

Ingenieros de la Universidad de Stanford mostraron un dispositivo inalámbrico que cumple con el sueño. Presentado en la conferencia internacional de circuitos sólidos, Ada Poon mostró a sus colegas un dispositivo médico que se autoimpulsa a través de un fluido, en este caso la sangre, con lo que se acerca cada vez más la era de la medicina que se puede tragar.

Poon desarrolla una nueva clase de dispositivos médicos que pueden ser implantados o inyectados en el cuerpo humano y accionado de manera inalámbrica mediante ondas electromagnéticas sin necesidad de baterías.

“Las aplicaciones incluyen todo, desde el diagnóstico a las cirugías mínimamente invasivas”, dijo.

Algunos de estos dispositivos permanecerían fijos en el cuerpo, como los implantes cocleares, las sondas cardiacas, los sensores químicos y de presión, los marcapasos y las bombas con medicinas, pero otros del tipo de los de Poon pueden viajar por la corriente sanguínea para entregar medicinas, hacer análisis y quizás atacar coágulos o remover la placa de las arterias.

En esta clase de dispositivos médicos uno de los grandes problemas ha sido la miniaturización de las baterías, que no ha sido sencillo. Son las que ocupan el mayor espacio y presentan problemas como una ruptura, la corrosión o la desconexión de los alambres.

El aparato de Poon emplea un radiotransmisor externo al cuerpo que envía señales al dispositivo dentro de este, que con su antena, las recoja y se produzca una corriente que acciona la parte electr5ónica e impulsa el dispositivo si necesidad de baterías.

El dispositivo se puede mover hasta medio centímetro por segundo.

Todo un suceso.

Imagen cortesía C. Suárez-ScienceDaily

La increíble recuperación de los mellizos Beery

Una nueva forma de hacer medicina aparece en el camino

A los dos años, los mellizos Alexis y Noah Beery no mostraban un desarrollo adecuado y tenían tan poco tono muscular que a duras penas podían caminar o sentarse por sus propios medios. Noah salivaba y vomitaba continuamente, Alexis sufría de temblores corporales en los que sus ojos se envolvían por horas en su cabeza.

Un scan MRI reveló daños en el área periventricular del cerebro de Noah, que condujo al diagnóstico de parálisis cerebral. Los niños con esta condición tienden a mejorar con tratamiento; pero el par de mellizos iba para atrás, en especial Alexis. Cuando tenía 5 años, ella desarrollo problemas respiratorios con recaídas prolongadas. Le resultaba difícil caminar y siempre perdía el equilibrio.

Retta Beery, su madre, estaba cada vez más intrigada al ver que los síntomas de su hija fluctuaban durante el día: eran leves en la mañana y empeoraban a medida que el día transcurría. Cuenta que hacia las 11 de la mañana no era capaz de sentarse y de tragar. “Si la ponía a hacer una siesta, al despertar funcionaba bien de nuevo”.

Cansada de rodar de especialista en especialista, Retta comenzó a revisar con detenimiento la literatura médica. Una noche, en primavera de 2002, se topó con una vieja fotocopia de un artículo de 1991 en Los Angeles Times que describía una condición que tenía semejanzas con la de Alexis. Kimberly Nelson, la niña de la historia, había sido diagnosticada con parálisis cerebral y loa severidad de sus síntomas variaba a través del día.

John Fink, neurólogo de la Universidad de Michigan, determinó que Nelson había sido mal diagnosticada. Las fluctuaciones de sus síntomas se debían a un raro y poco entendido desorden genético llamado distonía dopa-responsiva, un problema del movimiento causado por una deficiencia en el neurotransmisor dopamina.

Cinco semanas después, Alexis y Noah estaban en el consultorio de Fink. El médico le recetó a Alexis una dosis diaria de levodopa, una versión sintética de la dopamina.

“Fue la primera vez en su entera vida que durmió toda la noche”, recuerda llorosa su madre. De hecho, los siguientes días estuvieron repletos de ‘primeras veces’ en los cinco años de vida: la primera vez que caminaba al auto sin ayuda, la primera vez que no era ayudada para comer…

Unos meses después, el pie derecho de Noah comenzó a voltearse y su cabeza, involuntariamente, se inclinaba hacia abajo. Beery y Fink reconocieron que era el comienzo de la distonía y comenzaron a darle levodopa. La medicina corrigió su postura y, luego de 6 años en los que no hubo un día que no hubiera vomitado, dejó de hacerlo.

Excepto por la medicina que tomaban, los mellizos comenzaron a llevar una vida normal, activa, practicando deportes y con buen rendimiento escolar.

Pocos años después, en 2005, Alexis desarrolló una severa tos nocturna. Hace dos años empeoró dramáticamente al punto de que tenía que inhalar un compuesto de adrenalina sintética cada día para poder respirar y dormir.

Desesperada por llegar al fondo de la misteriosa enfermedad de sus hijos, Retta le pidió a su esposo, Joe, analizar la posibilidad de secuenciar el genoma de los mellizos.

En otoño de 2010 las muestras de sangre fueron enviadas al centro de secuenciamiento del Baylor College of Medicine, donde fueron analizadas por un equipo multidisciplinario de investigadores y médicos y fueron comparadas con las muestras de sus padres y parientes cercanos.

Los científicos encontraron que los mellizos eran heterocigotos compuestos: cada uno heredó una mutación sin sentido que impedía la producción de una proteína funcional por parte de la madre y una mutación con pérdida de sentido del padre, con ambas mutaciones en diferentes regiones del gen que codifica por la enzima sepiapterina reductasa (SPR) que cataliza la producción de un cofactor necesario para la síntesis de los neurotransmisores dopamina y serotonina.

No solo los mellizos tenían deficiencia de dopamina, sino que estaban produciendo niveles peligrosamente bajos de serotonina. Cuando los doctores agregaron un precursor de la serotonina al tratamiento, los problemas de salivación y de movimiento de Noah desaparecieron y Alexis comenzó a respirar con normalidad.

Alexis tiene ahora 14 años y es capaz de competir en atletismo, obteniendo posiciones de podio, mientras Noah juega voleibol en su colegio.

“Pro primera vez basamos un tratamiento médico en un diagnóstico molecular que se estableció mediante secuenciación del genoma”, dice James Lupski, genetista en el Baylor, quien encabezó el análisis del número de copias del genoma de los mellizos”.

No se trata, advierte, “de un médico brillante, esto se trata de una neuva tecnología. De una madre tratando de identificar qué les pasaba a sus hijos”.

Tomado de The Scientist

Foto cortesía